
Porque una fábrica de coches extranjera también puede servir como plataforma para obtener información estratégica
Cuando la casa china SAIC Motor anunció que instalaría en Ferrol su primera planta europea, Galicia lo celebró como una de las mayores inversiones industriales de las últimas décadas. Sin embargo, la ubicación elegida ha abierto un debate que va mucho más allá del empleo o los autos eléctricos. La razón: a pocos kilómetros se encuentra una de las instalaciones más estratégicas de la Armada española, y esa proximidad ha hecho saltar las alarmas en Defensa y los servicios de inteligencia.
Una fábrica de coches en el corazón de la Armada. Sobre el papel, la futura planta ensamblará hasta 120.000 vehículos al año y promete crear alrededor de 1.000 empleos directos, además de una red de empresas auxiliares repartidas por la comarca.
El proyecto, valorado en unos 200 millones de euros, pretende esquivar los aranceles que la Unión Europea ha impuesto a los coches fabricados en China produciéndolos directamente dentro del mercado comunitario. Contaban esta mañana en El País y El Mundo que el problema es que el puerto exterior de Ferrol, donde se levantará la fábrica, está prácticamente al lado del principal arsenal naval español del norte.
El lugar donde España construye sus fragatas más avanzadas. Porque Ferrol no solo alberga la base de las cinco fragatas F-100 de la Armada y de sus buques de aprovisionamiento. También acoge los astilleros de Navantia, donde se construyen las nuevas fragatas F-110 y se modernizan los buques más avanzados de la flota española, equipados con el sistema de combate Aegis.
De hecho, por sus instalaciones pasan además tecnologías militares sensibles y programas destinados tanto a la Armada como a clientes internacionales.
El miedo no son los coches, sino el espionaje. Contaban los diarios españoles que las preocupaciones de Defensa y del CNI no giran en torno a la actividad industrial de SAIC, sino a la posibilidad de que una empresa estatal china sirva como plataforma para obtener información estratégica.
Desde el simple seguimiento de los movimientos de los buques hasta posibles ciberataques o intentos de captar empleados de empresas auxiliares, el temor se centra en que la cercanía facilite actividades de inteligencia difíciles de detectar. Incluso la mera percepción de ese riesgo podría afectar a la imagen de Navantia y a la confianza de socios como Estados Unidos o la OTAN.
Una historia que Europa ya ha vivido. Lo cierto es que el caso de Ferrol no aparece en el vacío. Durante años, compañías estatales chinas aprovecharon la necesidad de inversión de numerosos puertos europeos para hacerse con participaciones estratégicas en infraestructuras como El Pireo, Valencia, Bilbao, Hamburgo o Amberes.
Así, lo que inicialmente se interpretó como una oportunidad económica ha empezado a analizarse cada vez más desde la óptica de la seguridad nacional y de la creciente rivalidad entre Occidente y Pekín.
Galicia ve una oportunidad donde Defensa ve un problema. La Xunta defiende que la llegada de SAIC puede convertirse en el revulsivo que necesita una comarca muy castigada por la desindustrialización y el desempleo.
De hecho, el Gobierno gallego ha acelerado los trámites y considera el proyecto estratégico, mientras el Ejecutivo central deberá autorizar definitivamente la inversión por tratarse de capital extranjero. Qué duda cabe, el escenario es complicado, uno donde, entre ambos objetivos (reactivar la economía y proteger infraestructuras militares críticas), se libra un delicado equilibrio.
El verdadero dilema empieza cuando ambos intereses chocan. En definitiva, la discusión ya no consiste únicamente en decidir dónde se fabrica un coche eléctrico. Ahora la cuestión es hasta qué punto una inversión extranjera puede convivir con algunas de las capacidades militares más sensibles de un país sin que ello pueda generar dudas entre sus aliados.
Si se querie también, Ferrol se ha convertido en un ejemplo de cómo la competencia entre China y Occidente está empezando a trasladarse desde los despachos diplomáticos hasta los mismísimos polígonos industriales.
Imagen | Aerra Carnicom, PepedoCouto, Navantia
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