
1.800.000 personas disfrutaron en la Semana Grande de Bilbao de 2022. Este año quieren repetir
Este 2026 ha entrado en juego BATUZ, sistema integral de control fiscal implementado por la Hacienda Foral de Bizkaia para luchar contra el fraude fiscal
Sacar el móvil y pagar con él es algo casi tan común como ir a comprar el pan. O con el smartwatch, incluso, olvidándote de cualquier tarjeta física o pasarela intermedia. Sin embargo, algunos lugares todavía se resisten. Bilbao decidió, para su fiesta grande, girar el reloj sin prisa hacia atrás. En plena era del contactless, la Aste Nagusia impuso un único método de cobro en sus txosnas: billetes y monedas. Ni Bizum, ni tarjeta, ni QR de banco. Metálico al canto.
La medida llega de Bilboko Konpartsak, la federación que agrupa a 27 comparsas y monta cada agosto las txosnas (o casetas) del recinto ferial del Arenal. Y Bizum, tarjeta o PayPal se quedan fuera, métodos que llegaron mucho después de 1978, el año en que nació el actual modelo participativo de la fiesta.
Por qué evitar el digital. El portavoz Iker Martín resumió los motivos: las comisiones bancarias restan dinero a un movimiento popular y voluntario que no persigue beneficio; la cobertura móvil falla en horas punta y arriesga dejar una caja sin cerrar a las dos de la madrugada. Además, digitalizar cada ticket encaja mal con una organización que ya sustituyó los vasos de plástico por reutilizables en nombre del ecologismo.
2026 ha sido el año clave, porque ha sido cuando ha entrado en juego Batuz, el sistema de control de facturación que exige TicketBAI a cualquier entidad que factura más de 50.000 euros en nueve días (además del LROE, el libro contable de ingresos y gastos). La Norma Foral 4/2019 convierte a estas casetas bilbainas en las únicas de toda Bizkaia obligadas a control fiscal, pese a tratarse de agrupaciones sin ánimo de lucro. ¿La paradoja? Factura electrónica sí, pago electrónico no (el TPV emite el ticket en papel; el dinero, mientras, sigue circulando en mano. Y ante reclamaciones, Bilboko Konpartsak recomienda ticket digital.
La fiesta más importante. Marijaia y Gargantúa (los emblemáticos personales que velan por esta Semana Grande) llevan saliendo a la calle durante 46 ediciones. 37 txosnas autorizadas en El Arenal. La fiesta empieza mañana, 22 de agosto, y termina el 30 de agosto. Y quieren recuperar la participación de antaño, con un programa que va desde manifiestos, mediometrajes, eventos deportivos, sesiones de DJ con Óscar Martínez y muchos conciertos, como los de Bebe, M-Clan o Leire, o incluso programas de música clásica, como el de la virtuosa al violín Tatiana Samouil.
2025 convocó a 1,5 millones de personas repartidas entre más de 500 actividades gratuitas (por debajo del millón seiscientas mil de 2024 y lejos del récord de 1,8 millones marcado en 2022). Los fuegos artificiales sumaron 900.000 espectadores; el Txikigune infantil, 90.000; los más de cien conciertos gratuitos, 200.000. La policía practicó 165 detenciones, siete más que el año anterior. Aunque si hay algo que estropea las fiestas es una mala lluvia. Al menos la AEMET promete finde soleado.
Dinero contante y sonante. Mientras neobancos como Revolut arrasan, los alemanes se resisten. El Bundesbank cifró en 51% la proporción de pagos en efectivo en 2023, todavía mayoritaria pese a la caída desde el 58% de 2021 y el 83% de 2008. Cada alemán lleva de media 107 euros en la cartera, según el propio banco central. ¿La explicación? La privacidad. El Oktoberfest de Múnich funcionó dos siglos solo con metálico: aunque ya aceptan tarjeta, siguen prefiriendo billetes. El guardarropa del mítico Berghain, templo del tecno berlinés, solo cobra en efectivo.
Otras regiones de Europa también se resisten, como el sur de Italia (Nápoles o Salerno), o el de Polonia (Cracovia, toda la subcarpacia). Las sagre italianas, fiestas de pueblo que organizan asociaciones vecinales sin ánimo de lucro, rondan las 20.000 ediciones al año y muchas siguen sin datáfono. En los matsuri japoneses, los puestos de comida callejera (los yatai) ni te molestes en enseñarles algo que no sean monedas de cien yenes. La trazabilidad digital ni ha llegado ni se la espera.
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