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En Alemania se abren cada vez más 'friedhofscafés'. Literalmente, cafeterías en los cementerios

El primero apareció hace un par de décadas y, desde entonces, varios han 'florecido' por toda la ciudad

Alejandro Alcolea

Editor - Tech

Los cementerios son un lugar de descanso tanto para el difunto como para los que van a visitar a sus seres queridos. A veces ese descanso se ve interrumpido por problemas urbanísticos, con ciudades que crecen tanto que los absorben. También porque no dan más de sí y han “prohibido morirse”. Y en Berlín, hay cementerios que se están reconvirtiendo en… cafeterías.

Y, curiosamente, es una nueva forma de dar vida a esos espacios.

Concepto. Para entender esto, hay que comprender la naturaleza de los cementerios berlineses. Mientras en ciudades como Madrid, Barcelona, París o Nueva York son espacios enormes fuera del paisaje urbano, en Berlín durante mucho tiempo han sido algo más comedidos. Hay grandes cementerios, pero mientras en España, por ejemplo, lo que domina es el nicho, la tumba y el panteón, en Alemania es más común la tumba individual en tierra.

Están en áreas extensas y ajardinadas, incluso dentro de las ciudades. Incluso hay estados, como Bremen, que permiten entierros privados. Muchos de estos lugares están más integrados con el paisaje urbano, sirviendo de lugar de descanso para los muertos y de paseo y reflexión para los vivos.

Café de muerte. Y es ahí donde entra en juego la tendencia, al menos en Alemania y más concretamente en Berlín, de abrir cafeterías tanto en los alrededores como dentro de los propios cementerios. La intención es la de reconvertir estos espacios en lugares de encuentro social y cultural para todos aquellos que buscan la tranquilidad.

Si te estás echando las manos a la cabeza pensando que la gentrificación gastronómica y la fiebre por las cafeterías ha llegado hasta los cementerios, hay que saber que las normas municipales dictan que estos locales no se publiciten fuera del cementerio y, sobre todo, que tengan horarios similares a los del camposanto. No hay que olvidar la naturaleza del sitio en el que están.

Strauss. De los que se están abriendo, ejemplos célebres son el Café Strauss, ubicado en el cementerio del barrio de Kreuzberg, y el concepto es el que estás imaginando: lugar tranquilo con clientela variopinta y ventanales que ofrecen vistas directamente a las tumbas.

Otros están aprovechando la transformación de crematorios en espacios culturales para situar sus cafeterías, como el Café Mars del Silent Green del distrito de Wedding o el Ca'Doro Friedhofscafé en el histórico cementerio de Dorotheenstädtischer Driedhof. Aparte de servir pasteles y cafés, estos locales a menudo son centros en los que se crean talleres, se realizan lecturas o se dan eventos temáticos sobre el ciclo de la vida y la reflexión en torno a la muerte y la resiliencia.

Friedhofscafés. En un artículo de The Guardian podemos ver que, aunque la tendencia se está dando ahora y se han multiplicado las cafeterías abiertas en cementerios durante última década, es algo que viene de lejos. De 2006, concretamente, cuando Bernd Boßmann abrió su café Finovo en el distrito de Schöneberg.

La motivación de Bernd, veterano activista por la investigación del VIH, era que visitar las tumbas de muchos de sus amigos fallecidos debido a esta enfermedad, vino cuando se dio cuenta de que “era un buen lugar para los muertos, pero horrible para los vivos”. Comenta que “no había sitios agradables para sentarse, no se podían comprar flotes ni ir al baño”. Entonces, como cuenta, encontró un pequeño edificio abandonado cerca de las puertas e inauguró su cafetería. Un 'friedhofscafé, o "cafetería de cementerio".

¿Tendencia? En el mismo artículo, una pareja que dirigen la cafetería Lisbeth ubicada en un antiguo salón parroquial rodeado de tumbas, afirma que han tenido que ser cautelosos con los eventos que acogen, sobre todo desde que alguien saliera con un Aperol spritz entre las lápidas. Sin embargo, la experiencia en el local es buena, tranquila y alejada del ruido, con gente celebrando la vida de forma respetuosa. De hecho, para algunos estos establecimientos van "más de la vida que de la muerte".

Ese concepto puede que esté empezando a calar en otras ciudades. En Hamburgo, en el mayor cementerio de Europa, está el Café Fritz, en Bristol el Atrium Café, en Viena el Schols Concordia y en Berna están construyendo un restaurante en un antiguo crematorio. Al final, se trata de crear nuevos espacios híbridos entre la cultura, la sociabilidad y la memoria, pero aunque el número vaya en aumento, todavía son una excepción. 

Y es lógico sabiendo cómo nos comportamos en muchas ocasiones y que estos espacios no dejan de ser lugares con una carga sentimental altísima para muchas personas. 

Imágenes | Elisabeth Berlin, Nathan Dumlao

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