
La diferencia entre la vibración natural de cada objeto y las que emite un terremoto es una de las claves
A lo largo de sus más de 4.500 años de historia, la Gran Pirámide de Guiza, la tumba del faraón Keops, ha sido testigo del apogeo y la caída de imperios, de la erosión del desierto y también de los terremotos que hay en una zona con una actividad sísmica muy intensa. Esto es crucial, porque mientras que el Faro de Alejandría o el Coloso de Rodas sucumbieron a los temblores de la Tierra, la mole de 138 metros de altura ha permanecido inamovible.
Los secretos de su longevidad han sido tema de conversación durante décadas de egiptólogos, ingenieros y arquitectos que trataban de entender el por qué seguían en pie. Y es lógico, porque todo objeto físico tiene una "frecuencia natural" de vibración, y esto es crucial porque cuando las ondas sísmicas de un terremoto coinciden con la frecuencia de un objeto, se produce un efecto de amplificación muy importante.
Es un efecto que lo podemos ver, por ejemplo, en un columpio, ya que lo empujamos en el momento exacto para que suba cada vez más alto. Y aquí es donde reside el "superpoder" de la Gran Pirámide.
¿En qué consiste? Según un estudio publicado en Scientific Reports, la pirámide y el suelo sobre el que se asienta bailan a ritmos completamente distintos. Esto se traduce en que la pirámide tiene una frecuencia de vibración natural que ronda los 2.3 Hz. Por su parte, el terreno circundante de la meseta de Guiza vibra a una frecuencia drásticamente inferior, cercana a los 0.6 Hz.
Esta brecha matemática es un auténtico salvavidas estructural, ya que, al no existir coincidencia entre la frecuencia de la mole de piedra y la del suelo durante un evento sísmico, la resonancia es prácticamente imposible. Las ondas del terremoto atraviesan la zona, pero la pirámide no amplifica la vibración, disipando el peligro de un colapso catastrófico. Es, en términos modernos, un comportamiento de aislamiento sísmico pasivo perfecto.
Geometría extrema. Este desacoplamiento de frecuencias es una parte de la ecuación, ya que se pone el foco también en el impecable diseño arquitectónico y geométrico de la construcción, que proporciona una respuesta estructural uniforme ante cualquier estrés mecánico.
Todo esto es gracias al ingenio de los ingenieros egipcios que crearon un monolito artificial que desafía las leyes de la destrucción a través de varias características, como por ejemplo bajando mucho el centro de gravedad. Y es que, a diferencia de las estructuras modernas que son esbeltas, en las pirámides la inmensa mayoría de las piedras se concentran en su tercio inferior. Esto hace que el edificio sea virtualmente imposible de volcar, sin importar la violencia del temblor transversal.
Más razones. La forma de pirámide cuadrada no es solo una elección estética o religiosa, sino que es la figura geométrica más estable que existe para soportar compresión. La simetría asegura que, cuando las ondas sísmicas sacuden el edificio, la carga y la tensión se distribuyan de manera equitativa por todas las caras, evitando puntos de fractura críticos.
Las cámaras internas. Uno de los detalles que ha apuntado la investigación es el papel insospechado de las famosas cámaras internas de la pirámide, como la Cámara del Rey. Históricamente, se han analizado bajo una óptica funeraria, pero ahora se sugiere que, junto a los impresionantes bloques de granito de descarga, también actúan como un sistema para disipar la energía.
De esta manera, las ondas sísmicas que logran penetrar en la estructura se encuentran con cambios abruptos en la densidad de la materia, lo que provoca que las ondas se refracten y se dispersen.
¿Lo hicieron aposta? Esta es la pregunta que nos podemos hacer tras leer todo esto, y la respuesta más plausible es que los egipcios no manejaban todos estos conceptos técnicos, pero sí que eran maestros absolutos de la ingeniería empírica. A través de la observación, el ensayo, el error y un profundo conocimiento de los materiales, llegaron a la solución óptima para que se mantuvieran de por vida.
Construyeron para la eternidad basándose en la estabilidad masiva y, al hacerlo, diseñaron accidentalmente un edificio que cumple con los mismos parámetros de seguridad que hoy exigimos a nuestras infraestructuras más críticas para evitar que se caigan ante un terremoto.
Imágenes | Jeremy Bishop
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