Cuando hay que concentrarse en una tarea concreta, las bibliotecas se convierten en uno de los mejores aliados
Cuando se teletrabaja o se estudia, se puede vivir una situación muy peculiar: sentarse en el escritorio de casa, abrir el portátil y de repente sentir la necesidad imperiosa de ordenar la mesa, ir a la nevera o revisar Instagram. Al final, hacer todo lo posible menos hacer las tareas que tenemos que hacer y siendo ceros productivos. Pero esto es algo que puede cambiar completamente si vamos a una biblioteca o a la oficina, donde se podrá lograr encadenar tres horas de concentración absoluta.
Tiene su explicación. No es magia, ni tampoco casualidad, puesto que el hecho de ser mucho más productivos en las bibliotecas o en espacios de coworking responde a una fascinante combinación de psicología humana, diseño de interiores y presión social.
La psicología. El factor psicológico más potente que opera en una biblioteca es lo que los expertos denominan facilitación social. Esta teoría postula que la mera presencia de otras personas realizando una tarea similar a la nuestra mejora nuestro rendimiento en tareas rutinarias o mecanizadas, ya que nos vemos obligados a tener que replicarlos.
Dentro de este fenómeno destaca el "efecto co-acción" que básicamente se basa en que, al ver a nuestro alrededor a decenas de personas inmersas en sus libros o pantallas, nuestro cerebro recibe una señal muy clara: es momento de trabajar. Este contagio conductual hace que nos resulte mucho más sencillo mantener la concentración y no distraernos.
Es una comparación social. Algo que yo mismo he experimentado en este sentido es que el pensamiento que se tiene en estas situaciones es que "si todos están concentrados, yo también debería estarlo". Una simple comparación social que eleva nuestro sentido de la responsabilidad y fulmina la tentación de procrastinar para pasar un rato viendo TikTok.
Décadas de estudio. Las bases neuronales de la facilitación social protagonizaron diferentes estudios, destacando un metaanálisis de 2007 en diferentes individuos que confirmaron que el contexto social de "estar trabajando" modula directamente nuestro rendimiento. Eso sí, la ciencia también apunta a que este efecto es maravilloso para asimilar apuntes o avanzar en tareas conocidas, pero puede llegar a ser perjudicial si nos enfrentamos a problemas matemáticos o lógicos de extrema complejidad donde la presión del entorno nos puede llegar a bloquear.
El diseño del espacio. Más allá de la psicología, las bibliotecas modernas no solo almacenan libros, sino que han sido diseñadas para poder tener un buen confort cognitivo para aquellas personas que hacen una visita para poder trabajar o estudiar. Esto es algo que se evidenció en un estudio de 2024 publicado en Social Sciences Communications que analizó el entorno de las bibliotecas universitarias y cómo influye directamente en el compromiso de los estudiantes.
Las conclusiones que sacaron aquí fueron que las variables ambientales como la iluminación natural, un nivel de ruido controlado, la ventilación y la ergonomía del mobiliario favorecen estados emocionales positivos que prolongan nuestra capacidad de concentración. Además, el diseño por zonas, como las áreas de silencio absoluto frente a espacios de trabajo en grupo o los modernos learning commons, permite al usuario "personalizar" su nivel de aislamiento, mejorando significativamente los hábitos de estudio, tal y como respalda la propia ciencia.
La presión silenciosa. Si se nos pasa por la cabeza abrir un paquete de patatas fritas crujientes en la sala de lectura o de estudio en una biblioteca, parece una tarea fácil, pero la presión de las miradas del resto de personas que hay presentes nos hace desistir en tres segundos. Y es que las bibliotecas operan bajo un estricto código de normas que actúan como cortafuegos ante los estímulos que nos pueden distraer.
Al ser un espacio público y académico, el comportamiento orientado al estudio está socialmente recompensado. Por el contrario, actividades que haríamos en casa sin pensar, como tener la televisión de fondo, tener el móvil con sonido, ver un vídeo en YouTube o estar picoteando, se perciben aquí como inaceptables. Es por ello que estos ecosistemas nos obligan a autolimitarnos.
La unión en sociedad. Finalmente, hay que destacar que existe un componente de identidad, ya que al sentirnos parte de una comunidad temporal de personas que se esfuerzan en un mismo espacio físico, se refuerza nuestra propia identidad académica o profesional.
Curiosamente, este fenómeno se ha ido extrapolando a los espacios de coworking, y la ciencia ha demostrado que trabajar "solos pero juntos" no solo aumenta la estructuración del tiempo y la productividad percibida, sino que mejora la salud mental y física. Incluso la interacción social moderada, como un cruce de miradas o un breve saludo en la máquina del café, nos da el apoyo social necesario sin convertirse en la fuente constante de interrupciones que suele ser una oficina tradicional o nuestra propia casa.
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