En un nuevo accidente, uno de los propulsores de un cohete cae y derriba un edificio tras su lanzamiento en China

A finales de noviembre, China lanzó un cohete Long March 3B desde su Centro de Lanzamiento de Satélites de Xichang, cuyo objetivo era poner un par de satélites en órbita. El lanzamiento y el envío de los satélites fue un éxito. Sin embargo, no todo salió bien, ya que uno de los propulsores cayó en una zona rural del centro sur del país, lo que provocó el derrumbe de un edificio y otros daños.

No es la primera vez que esto ocurre, y es que los tres principales puertos espaciales de China se encuentran rodeados de zonas pobladas, lejos de las costas. La razón de esto es poder reducir costes, ya que así todos los lanzamientos se dirigen hacia el este y requieren menos combustible para llegar al espacio. Pero esto significa que sobrevuelen algunas poblaciones con todos los riesgos que esto conlleva.

Costes vs seguridad

De acuerdo a algunas publicaciones en redes sociales, el propulsor del cohete Long March 3B cayó y golpeó un edificio, lo que llevó a que éste se derrumbara a los pocos minutos. No se tienen reportes de personas heridas, pero tras la caída, en los restos del propulsor se podía observar la evaporación de combustible, que es altamente dañino para la salud de las personas.

Los propulsores de este tipo de cohetes usan hidracina, que es un combustible tóxico que puede afectar de gravedad a las personas que lo inhalen o lo toquen, como severas quemaduras, infecciones en la piel, e incluso insuficiencia orgánica grave y hasta algunos tipos de cáncer. Por lo que es sumamente peligroso que las personas inhalen los vapores que emanan tras el accidente.

Desde hace algunos años, China emite alertas de evacuación a las comunidades aledañas días antes de cada lanzamiento, con lo que se han eliminado las víctimas mortales y heridos. Pero el riesgo de afectaciones posteriores sigue presente, ya que muchas veces los propulsores suelen caer en ríos y arroyos que sirven para tareas de riego y como agua potable para las comunidades rurales.

En 2014, China prometió que disminuirían los lanzamientos en tierra y se llevarían la operación a un nuevo puerto espacial en la isla de Hainan, en el Mar Meridional de China, pero hasta el momento sigue sin contar con la infraestructura necesaria por falta de inversión, y por tal motivo sigue sin ser utilizado.

Otra de las propuestas es el cambio en las rutas de vuelo, e incluso una modificación al diseño de los boosters, para que tengan algo parecido a los Falcon de SpaceX, y se puedan dirigir hacia zonas abiertas donde no exista ningún riesgo para la población. Pero en todos los casos se requiere inversión adicional.

En 1996, China tuvo su peor accidente en la historia cuando se llevó a cabo el primer lanzamiento de Long March 3B, el cual terminó con el cohete desviándose de su rumbo y impactándose contra una aldea, matando a una cifra desconocida de personas. En enero de 2018, uno de los propulsores cayó y explotó dentro de una pequeña ciudad en el suroeste de China, aunque en este caso tampoco hubo víctimas o heridos, sólo daños materiales.

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