Amazon lo tenía todo listo para atacar el monopolio de Starlink. Hasta que Blue Origin explotó en pedazos

Blue Origin
  • La reciente explosión del cohete de Blue Origin en Florida a reabierto el debate sobre las diferencias con la evolución de SpaceX

  • En SpaceX las explosiones se consideran casi inversión en I+D. Lo que ha ocurrido con la New Gless revela un problema más profundo

Javier Pastor

Editor Senior - Tech

El 20 de abril de 2023 se produjo el vuelo inaugural del Starship de SpaceX. Menos de cuatro minutos después, el vehículo espacial explotaba, pero lo alucinante no fue eso. Lo alucinante fue que todo el personal de la compañía celebró aquella explosión aplaudiendo a rabiar, como si hubiera sido un éxito extraordinario. Y lo cierto es que lo fue, porque este lanzamiento era parte de esa filosofía incremental de la compañía: da igual que los cohetes exploten, porque (de momento) es lo que tienen que hacer.

Cuando el cohete de Blue Origin explotó la semana pasada, había muy poco que celebrar. Y esa es una gran diferencia entre ambas compañías. 

Esto no era una explosión "por diseño". Existe una diferencia crítica entre las explosiones de los prototipos de Starship y la del New Glenn: la intención. Mientras que SpaceX utiliza sus pruebas para llevar sus cohetes al límite y aprender de esas destrucciones a menudo controladas, el New Glenn que explotó hace unos días era teóricamente un vehículo de producción destinado a completar misiones operacionales. Una cosa es perder un cohete sin carga útil que está diseñado para aprender de los errores, y otra muy distinta perder uno con carga útil de la que dependen clientes reales.

Blue Origin se queda sin rampa. El impacto económico de este accidente va más allá del propio coste del vehículo perdido. El problema fundamental es que Blue Origin cuenta actualmente con una única rampa de lanzamiento operativa para el New Glenn, la LC-36, y los daños en la torre y los sistemas de soporte podrían paralizar la actividad de esta empresa durante meses. En una reciente actualización la empresa indica que ya está trabajando en esa rampa "Y tenemos un buen plan de reconstrucción en marcha". 

Malas noticias para Kuiper. Esta explosión también ha dejado en el aire el despliegue de los primeros 49 satélites de la red Juiper de Amazon, que dependían de este lanzamiento. La empresa necesita poner en órbita miles de satélites para poder competir con Starlink, y cada mes de retraso en el New Glenn es un mes de ventaja para Elon Musk. 

La NASA y el calendario lunar. Pero es que además el New Glenn también es una pieza clave para la logística de las misiones Artemis de la NASA. La explosión puede obligar a la agencia espacial a replantearse sus prioridades e incluso a retrasar misiones a la Luna previstas para los próximos años. La NASA se está quedando sin planes B, y cada vez depende más de un solo proveedor (SpaceX) cuando precisamente eso es lo que podría haber mitigado Blue Origin.

La fiabilidad se paga con tiempo. Tenemos un buen ejemplo de la estrategia de prueba y error de SpaceX con los Falcon 9. Hoy en día es uno de los cohetes más fiables del mundo con una tasa de éxito superior al 99%: a día de hoy ha realizado 644 misiones, de las que 641 han sido un éxito. Fallos como aquel de septiembre de 2016 sirvieron para aprender y madurar, y una década después los Falcon 9 se han convertido casi en "aburridos" por su fiabilidad. Blue Origin parece haber querido saltarse etapas llegando al mercado con un producto que quería ser perfecto, pero la realidad ha demostrado que es muy difícil alcanzar esa fiabilidad sin tropezar. Y este tropiezo ha sido gordo.

El coste de la oportunidad. Se estima que las pérdidas económicas del vehículo destruido rondan los 150 millones de dólares, pero el verdadero coste está en las penalizaciones por retrasos y la pérdida de confianza de los futuros clientes. La deuda técnica y reputacional a la que se enfrenta Blue Origin es notable, y queda por ver cómo reaccionará una empresa que necesitaba más que nunca un éxito.

Monopolio por accidente. La consecuencia más clara de este revés es también llamativa: quien ha salido ganando es SpaceX, que es aún más dominante de lo que era en el mercado de los lanzamientos espaciales. La explosión del New Gless es una noticia terrible porque elimina la competencia, y sin un rival que pueda garantizar lanzamientos, el acceso al espacio seguirá siendo un cuello de botella controlado por una sola empresa y, por supuesto, por su fundador, Elon Musk. El magnate, eso sí, publicó un mensaje en X al enterarse de la explosión diciendo "Siento ver esto, espero que os recuperéis rápidamente".

Imagen | Blue Origin

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