
Las plataformas de lanzamiento se saturan y las instalaciones son demasiado viejas
El programa Artemis es, sin duda, uno de los planes más ambiciosos de la NASA. La agencia ha invertido mucho dinero y mucho esfuerzo en que sus misiones lleguen a buen puerto. Sin embargo, hasta cierto punto, se está empezando a comportar como un ferrari último modelo por una vereda sin asfaltar. Tiene capacidad para llegar muy lejos, siempre que el escenario sea el adecuado. Si no, puede ser un desastre. Según las últimas declaraciones de la Oficina del Inspector General (OIG) de la NASA, sus dos principales lugares de lanzamiento están saturados y con unas instalaciones obsoletas. Se debe solucionar para exprimir el potencial de Artemis; pero, de momento, no hay dinero.
Dos instalaciones llegando al límite. Las dos instalaciones a las que hace referencia la OIG son el Centro Espacial Kennedy (KSC) de Florida y la Instalación de Vuelo Wallops de Virginia. Ambas son usadas tanto por la NASA como por compañías privadas, como SpaceX y Blue Origin entre otras. El ritmo de lanzamientos está creciendo cada vez más deprisa. En 2020, desde el KSC se lanzaron 31 cohetes, pero la cifra ascendió a 109 lanzamientos en 2025. En Wallop, para los mismos años, se pasó de 3 a 17 lanzamientos. Esta última puede parecer una diferencia menor, pero teniendo en cuenta que el volumen de lanzamientos de Wallop es más bajo, supone un aumento del 467%. El de KSC es de un 252%, también bastante elevado.
Se calcula que ambas instalaciones podrían estar operando al límite para los años 2028 y 2029. Artemis IV, el primer alunizaje tripulado del programa, está programado para 2028 y marcará el inicio de una serie de viajes a la Luna que, según lo previsto, deberían ser cada vez más frecuentes. Las plataformas no darían abasto.
Instalaciones obsoletas. El problema de estas instalaciones no es solo que sean pequeñas para tanto lanzamiento. También se ha alertado que son demasiado antiguas. La mayor parte de elementos se construyeron en la década de 1960 para sostener el programa Apolo. Como resultado, hay carreteras que se pavimentaron sin tener en cuenta el peso de los cohetes modernos, tuberías de combustible que no pueden abastecer a varios usuarios a la vez y una red eléctrica envejecida. Es cierto que los problemas son más graves en KSC, ya que en Wallop se han hecho algunas reformas, pero aun así será necesario hacer muchas mejoras en ambas para que las instalaciones estén a la altura de Artemis.
Falta dinero. Según los cálculos de la OIG, para poder renovar ambas instalaciones harían falta 1.000 millones de dólares. Sin embargo, por ahora la NASA solo ha recibido 250 millones de los fondos asignados en la ley de conciliación H.R.1 de 2025 del año pasado. Claramente, no es suficiente. La NASA tiene programado renovar todas sus instalaciones cada 66 años. Sin embargo, con el presupuesto disponible, necesitarían 260 años para renovar todas sus instalaciones.
Las demandas de Artemis. Solo las demandas de Artemis ya son muy altas para las instalaciones de las que dispone actualmente la NASA. Está planeado que, antes del alunizaje, la cápsula Orión, con los astronautas a bordo, se acople en la órbita lunar al sistema de aterrizaje humano de SpaceX o Blue Origin. En unas misiones será uno y en otras el otro. Ambos deben estar allí para cuando llegue Orion, llevarán a los astronautas a la Luna y los devolverán de nuevo a la órbita lunar. Todo esto requerirá varios repostajes (para SpaceX se han confirmado 15), por lo que se tendrán que lanzar muchas naves casi simultáneamente. Hoy por hoy, no es viable.
De hecho, el informe de la OIG pone en duda incluso que se pueda llevar a cabo el protocolo de Artemis III, mucho más modesto. En su caso, será necesario enviar a la órbita terrestre los módulos de aterrizaje humano de Blue Origin y SpaceX para que demuestren su viabilidad y capacidad de acoplamiento. Deben lanzarse casi a la vez, pero esto no es posible con los oleoductos que no pueden abastecer a dos naves simultáneamente o la red eléctrica obsoleta.
Es urgente mejorar las instalaciones y para eso hace falta dinero. La OIG ha hecho este informe para alertar sobre una situación que pasa bastante desapercibida. Tenemos la vista puesta en las tecnologías del presente y el futuro, pero no nos fijamos en que las del pasado, que necesitan una renovación, son las que podrían dar al traste con los planes de la NASA para volver a la Luna.
Imagen | NASA | Michael Rivera
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