
Es un ave Fénix cósmico
Igual que el ave Fénix renació de sus cenizas, unos científicos de la Universidad de Warwick han descubierto un planeta que orbita una enana blanca y, posiblemente, nació de las cenizas de una gigante roja. Es un hallazgo interesante; ya que, si bien se había teorizado que esto sería posible, no se había detectado ningún caso real. Es importante entender cómo ocurre, pues algún día nuestro Sol se convertirá en enana blanca y podría pasar algo parecido.
Un planeta que no cuadra. Estos científicos detectaron un cambio en el brillo de una enana blanca llamada HS 0209+0832 que ocurría demasiado despacio para corresponderse con la propia rotación de la estrella. Posiblemente, había un planeta orbitando a su alrededor. Cuando analizaron la composición química de la atmósfera de ese posible planeta, descubrieron elementos que no cuadraban con su ubicación.
Los planetas se forman a partir de discos de gas y polvo llamados discos protoplanetarios, que se encuentran alrededor de las estrellas a las que orbitan. Ese material proviene de la formación de la propia estrella. También pueden formarse en discos de segunda generación a partir de material expulsado por la estrella en sus últimas fases. En definitiva, debe haber parecido entre los materiales que componen la estrella y los que forman el planeta. Pero en este caso no cuadraba.
Una cadena de muertes y renaceres. Las estrellas se pasan la mayor parte de su vida en una fase conocida como secuencia principal. En ella, se mantienen “encendidas” fusionando átomos de hidrógeno para obtener átomos de helio, en un proceso en el que se libera muchísima energía. Cuando el hidrógeno del núcleo se agota, la estrella se contrae y se calienta, provocando la fusión de hidrógeno en capas más externas de la estrella. Esto da lugar a una expansión de la estrella, que se convierte en gigante roja. Si la estrella inicial era mucho más grande que el Sol, el siguiente paso suele ser una explosión de supernova. Sin embargo, si era como nuestro Sol, la gigante roja expulsa sus capas externas y se convierte en enana blanca.
Supervivencia imposible. Los elementos que se han encontrado en este planeta Fénix no cuadran con la enana blanca. Sobre todo destacan niveles altísimos de niobio. Sí que podrían corresponderse con el material liberado por una gigante roja, por lo que podríamos pensar que se formó alrededor de la estrella en esa fase previa y, tras el paso a enana blanca, sobrevivió. Sin embargo, esto no cuadra, ya que el planeta está muy cerca de la estrella, aproximadamente a un 4% de la distancia entre la Tierra y el Sol. Cuando la estrella se hinchó como gigante roja, habría arrasado con todo lo que se encontrase a dicha distancia. Por eso esa hipótesis sería imposible.
El planeta Fénix. Cuadra mucho más el hecho de que, al liberar sus capas externas la gigante roja, sus restos quedaron en el disco planetario de segunda generación, incorporándose a un nuevo planeta que se formaría en torno a la enana blanca. Es la primera vez que se detecta algo así. Sin embargo, los autores del estudio que se acaba de publicar creen que no será la última.
Nadie ha visto el planeta. Es importante destacar que las observaciones que han hecho estos científicos son indirectas. Las variaciones en el brillo y los datos químicos analizados se corresponden con un planeta, pero en realidad no se ha visto directamente ninguno. Será necesario seguir investigando para comprobar que, efectivamente, está ahí y que, como sugieren estos científicos, es una especie de ave Fénix renacida de sus cenizas. El primero de su tipo descubierto hasta el momento.
Imagen |Dr. Snehalata Sahu / Universidad de Warwick
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