
No es solo navarra, el boj catalán se está esfumando: la polilla ya ha arrasado 180.000 hectáreas, un tercio de todo el que queda en Cataluña.
En los últimos días, hay un tipo concreto de vídeos navarros que no paran de recorrer internet: tormentas de polillas blancas invadiendo casas enteras, cubriendo terrazas y "tomando" habitaciones. Hablamos de unas mariposas blancas de unos cuatro centímetros que buscan vorazmente cualquier punto de luz. El resultado son sillas, mesas y columnas, suelos, techos y paredes completamente "tapizados" por ellas. He dicho "vídeos", sí; pero la palabra que estaba buscando era "pesadillas".
Y lo curioso es que esta es la única parte del proceso (del ciclo de la polilla del boj) que no es realmente un problema.
¿Qué está pasando? En realidad no está pasando nada nuevo. Como se preveía desde hace semanas, la polilla del boj (Cydalima perspectalis) ha eclosionado de forma masiva en la Comarca de Pamplona, coincidiendo con el primer golpe de calor del verano.
No solo es que, como recuerda la prensa local, estas polillas ya han causado problemas antes. Es que en la temporada 2018-19 causaron un declive de los 'bojedales' de la Navarra atlántica que puso en alerta a toda la comunidad botánica del norte del país. O sea, que lo nuevo son los vídeos: el problema viene de más lejos de lo que parece.
O sea, que es un problema, ¿no? Lo curioso es que la polilla (de unos 4 cm de envergadura, blanca y con hábitos nocturnos) no suele serlo. En su fase adulta no come bojes, no es urticante, no resulta peligrosa para personas o mascotas. Es muy escandalosa y algo molesta, pero poco más.
El problema real son las orugas y, en la medida en que estamos hablando de polillas, el daño ya está hecho.
Una condena que ya dura 20 años. Las orugas son monófagas. Es decir, solo comen boj; pero es que, además, lo comen a lo grande: roen las hojas hasta dejar los nervios pelados. Y se nota: según el Ministerio, tras dos años de 'defoliación' el 72% de los bojes no rebrota.
Hace 20 años que la plaga llegó a Europa y unos 12 que llegó a España. Sin embargo, a día de hoy (y solo en Cataluña) ya hay 180.000 hectáreas afectadas. Un tercio de todo el que hay en Cataluña.
¿Y ahora qué? Ahora poco. Como digo, las polillas son molestas, pero no son peligrosas. Las autoridades confían en que se alcance un equilibrio ecológico natural que permita mantener el boj con vida. El problema es que el clima juega en nuestra contra: si el calor sigue subiendo no podemos descartar varias generaciones al año. Y eso sí que comprometería todo.
Imagen | Denis Chanter
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