El mito del norte como refugio climático se está terminando: en Euskadi ni las huertas se salvan del calor extremo

Agricultura Sca

José A. Lizana

Colaborador

Si uno piensa en el campo del norte de España, la imagen mental suele estar dominada por el verde, la humedad y temperaturas suaves. Sin embargo, este verano nos está dejando una estampa radicalmente distinta, puesto que las olas de calor excepcionales están pasando una factura devastadora a las huertas y explotaciones agrícolas, hasta el punto de llevar a la ruina a los productores. 

El epicentro del desastre. Los datos que llegan desde Euskadi y el norte peninsular son desoladores. Según apuntan medios como El Diario Vasco, basados en estimaciones del Gobierno vasco y sindicatos agrarios, el calor ha tumbado literalmente las cosechas. 

Hablamos de pérdidas de hasta el 90% en algunas cosechas de maíz, una reducción a la mitad en la campaña de la manzana de sidra, y una aniquilación del 80 al 85% en la producción de kiwis. En las huertas de Gipuzkoa, la situación es dramática, ya que se han visto lechugas quemadas por el sol, vainas que no logran brotar y explotaciones asumiendo pérdidas de miles de euros. 

No es exclusivo. El impacto no se queda en la agricultura, puesto que la ganadería también ha sufrido este estrés térmico al ver cómo las vacas lecheras están produciendo entre 5 y 7 litros menos de leche al día debido a las altas temperaturas. 

No es un "mal verano". Los datos de la AEMET sobre el contexto climático de este 2026 son demoledores. Hemos vivido la segunda primavera más cálida desde 1961, con una anomalía de +1,6 °C por encima de la media histórica y unas precipitaciones que apenas alcanzaron el 75% de lo normal.

Lejos de aflojar, este mes de junio apretó la soga, puesto que fue el segundo mes más cálido y el tercero más seco en 65 años, registrando una temperatura media de 23,3 °C y lloviendo solo un 39% de lo esperado. Ya entonces, los informes advertían de la "presión creciente sobre los cultivos y las reservas hídricas" y ahora estamos viendo cómo los pronósticos estacionales acertaron de pleno, encadenando un trimestre de calor asfixiante que no ha dado tregua a la tierra.

A gran nivel. El desastre del norte es solo el reflejo de lo que ocurre a nivel macro, puesto que los boletines de la Comisión Permanente para Adversidades Climáticas del MAPA ya sitúan a los frutales, hortalizas, uva y cereales como los grandes perjudicados de 2026 por el cóctel de sequía y extremos térmicos.

Las cifras apuntan a pérdidas a nivel nacional superiores al 30% en cereales, rozando el 40% en Castilla y León y el 30% en Andalucía y Castilla-La Mancha. Si nos vamos hasta la Comunidad Valenciana, también los picos de temperatura de 40 ºC están provocando la caída masiva de frutos, sobremaduración y proliferación de plagas en cítricos, frutales de hueso y viñas. 

¿Qué le pasa a la planta? Cuando los agricultores se quejan de que el tomate "no cuaja" o la flor "se cae", no es una forma de hablar, sino que es pura fisiología vegetal, y la ciencia lo tiene perfectamente documentado. Aquí un estudio de 2020 demostró que el tomate es extremadamente sensible a las altas temperaturas.

Si vamos más allá, también se sabe que el calor moderado pero prolongado destruye la viabilidad del polen, y si el polen muere, la flor no se poliniza y ocurre el "aborto floral". Esto quiere decir que el calor llega a reducir el número de flores un 28% y desploma la tasa de frutos. 

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