
Las desaladoras de Mallorca están produciendo una gran salmuera que acaba en el Mediterráneo
El estrés hídrico que se vive en las Islas Baleares es un problema bastante importante, pero las soluciones que se ponen sobre la mesa están empezando a cambiar. Hasta ahora, la respuesta casi automática frente a esta escasez de agua ha sido la construcción de desaladoras, pero ahora están empezando a plantear ideas que se centran en la plantación de un millón de árboles en Mallorca por el mismo precio que costaría esta maquinaria.
La "cara B" de la desaladora. Para entender el porqué de esta propuesta forestal, primero hay que mirar al mar. En la última década, la dependencia tecnológica de Mallorca para obtener agua dulce se ha disparado y según el Informe Mar Balear, la producción de agua desalinizada en la isla se ha quintuplicado, pasando de 2,3 hectómetros cúbicos en 2013 a 12,9 hm³ en 2022. Y la maquinaria no se detiene, puesto que la administración quiere activar más desaladoras.
El problema es que esta "fábrica de agua" tiene un problema bastante importante que va más allá del consumo eléctrico, y es que está impactando de manera directa sobre la Posidonia oceánica, uno de los mayores tesoros ecológicos del Mediterráneo.
Es un problema. Un estudio de la Universitat de les Illes Balears apunta a que los vertidos hipersalinos de las desaladoras aumentan drásticamente el estrés oxidativo y el daño celular en la posidonia. Para que nos hagamos una idea, en los puntos de mayor concentración de salinidad, el tamaño de las hojas de la planta se reduce en más de un 75%. El problema es que, si la mezcla hidrodinámica de la salmuera no es perfecta, el daño a las praderas es irreversible.
Los árboles. Frente a la solución hipertecnológica, la propuesta de reforestar masivamente la isla apuesta por la infraestructura más antigua del planeta, que es el ciclo natural del agua. Y no es una mala idea, porque cuanta más cobertura vegetal, mayor filtración, y por tanto más recarga de nuestros agotados acuíferos naturales.
Y no es una idea disparatada, porque la evidencia científica la respalda con una revisión publicada este mismo año que apunta a que la reforestación con especies nativas aumenta la infiltración en más de un 25%.
Los números son claros, al apuntar que en suelos forestales saludables, las tasas de infiltración superan los 100 mm al año, mientras que en zonas degradadas apenas rozan los 60 mm anuales.
En resumen, restaurar la masa forestal puede aumentar la recarga del acuífero hasta un 35%. Un millón de árboles bien ubicados, diseñados mediante sistemas de microcuencas para retener la lluvia, actuarían como una inmensa "esponja" natural permanente, sin consumir megavatios de electricidad ni expulsar un solo litro de salmuera al mar.
Una decisión. Plantear el debate como un "árboles contra desaladoras" quizá sea simplificar el reto hidrológico de Baleares. Las desaladoras, a corto plazo, son el salvavidas de emergencia necesario ante una sequía extrema y el brutal aumento de la presión demográfica y turística en verano.
Sin embargo, lo que nos dice la ciencia es que no podemos seguir fiando nuestro futuro hídrico únicamente a la tecnología de desalinización. Plantar un millón de árboles por el coste de una desaladora no es una simple campaña de lavado de imagen verde, sino que es una obra de infraestructura hidrológica de primer nivel. Es invertir en una "máquina" capaz de infiltrar millones de litros de agua dulce directamente en nuestras reservas subterráneas, proteger el suelo, frenar la escorrentía y, de paso, darle un respiro a la asfixiada posidonia balear.
Imágenes | David Vives
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