
Una disminución de hasta el 40% en la producción de los principales cereales podría acabar aumentando los precios
La producción de alimentos mundial es fundamental para nuestra supervivencia, y hemos llegado a un punto en que prácticamente hemos normalizado su correcto funcionamiento y no pensamos en que esto se puede torcer en cualquier momento. Y aquí es donde ha entrado un nuevo estudio que apunta a como si las corrientes atlánticas colapsan, nuestra producción alimentaria también se puede ver afectada seriamente.
¿De dónde sale? Este nuevo "miedo" que podemos llegar a tener no surge de la nada, sino desde un estudio impulsado por ALLFED que modeliza qué pasaría si la circulación meridional del vuelco del Atlántico (AMOC) sufre un colapso abrupto y desencadena una anomalía climática de 100 años.
Los resultados aquí apuntaban a que, si esta situación se llega a dar, se provocaría una reducción estructural del 5,3% en la producción global de trigo, arroz y maíz, con caídas mucho más graves en los principales centros de exportación del hemisferio norte. Además, calculan que esta bajada en la producción provocaría también un aumento de precios de los cereales en torno a un 17 o 40%.
Lo que sabemos. El problema de estas cifras es que todavía tienen que pasar el proceso de revisión por pares para consolidar sus resultados, pero en la literatura encontramos otros estudios consolidados que reducen la escala a ciertas ubicaciones. Por ejemplo, tenemos una revisión publicada en 2020 que se centra en Gran Bretaña y apunta a que un colapso hipotético de la AMOC reduciría drásticamente la superficie apta para cultivos en la isla.
Es por ello que esta investigación es un excelente respaldo para demostrar la enorme plausibilidad de los impactos agrícolas a nivel regional tras superar un punto de no retorno climático.
La corriente atlántica. Es común ver a día de hoy varios titulares que dicen que la corriente atlántica "está en su punto más débil en más de 1.000 años". Una expresión que se rige por un artículo publicado en 2021 que se basa en los sedimentos oceánicos o los anillos de los árboles, no siendo algo muy específico.
Si queremos basarnos en observaciones directas del océano, tenemos que acudir al proyecto RAPID, que monitoriza la AMOC mediante diferentes sensores desde el año 2004. Y aquí la reciente actualización apunta a una tendencia de debilitamiento de unos 0,9 sverdrups por década. Pero la Met Office y los oceanógrafos avisan del escollo principal, que es que la AMOC tiene una variabilidad natural inmensa. Veinte años es una serie temporal todavía demasiado corta para poder separar con total seguridad lo que es una tendencia climática antropogénica de largo plazo frente a un simple ciclo natural.
El veredicto. Con toda esta incertidumbre sobre la mesa, la posición más equilibrada la dicta el Sexto Informe de Evaluación del IPCC, y es que el consenso internacional concluye que es muy probable que la AMOC se debilite progresivamente durante el siglo XXI bajo cualquier escenario de emisiones.
No obstante, el IPCC mantiene una confianza media en que este debilitamiento no implicará un colapso abrupto antes de 2100, a la vez que reconoce una baja confianza para determinar la magnitud exacta de los cambios. Pero sí es cierto que investigar los peores escenarios es vital para trazar planes de resiliencia alimentaria y evitar que un shock climático nos pille desprevenidos.
Imágenes | Robert So
En Xataka | Pensábamos que estábamos protegiendo los océanos. La ciencia dice que apenas lo estamos haciendo
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