
La cantidad de agua o la cantidad de sales son dos de los puntos que determinan la calidad de un acuifero
Cuando pensamos en las Islas Baleares, la primera imagen que nos viene a la cabeza son sus calas de agua cristalina. Sin embargo, bajo la superficie terrestre, el archipiélago se enfrenta a una crisis hídrica, puesto que los datos apuntan a que más de la mitad de las masas de agua subterránea de Baleares están en mal estado. ¿Los culpables? Un cóctel letal de sobreexplotación, intrusión marina y contaminación agrícola.
Los datos. Para entender la magnitud del problema, hay que mirar las cifras del Plan Hidrológico vigente publicadas en el Portal de l'Aigua del Govern balear. Aquí la normativa es estricta, puesto que para que un acuífero reciba el "aprobado", debe gozar de un buen estado tanto cuantitativo como químico. Y si uno de los dos falla, el acuífero suspende.
El problema es que ahora mismo las notas no son buenas, y de las 87 masas de agua subterránea catalogadas en las islas, 44 de ellas están en un "mal estado global". Esto supone el 50,6%.
Sed insaciable. El primer gran frente de esta crisis es la escasez, provocada por sacar más agua de la que la lluvia es capaz de reponer. Aquí, según el Govern, 29 masas de agua suspenden en el apartado cuantitativo.
Además, informes independientes, como el elaborado por el Observatori de l'Aigua en el periodo actual, reflejan un gran escenario de estrés hídrico derivado del consumo urbano y turístico que está llevando a los acuíferos a su límite más absoluto, superando con creces las extracciones permitidas por el Plan Hidrológico. Y, por dar un dato, en Mallorca se extrae un 8,5% más de lo asignado.
El resultado es que, en plenas temporadas estivales, las reservas hídricas medias caen a cifras que rondan el 39% en Mallorca, el 42% en Ibiza y apenas un 34% en Menorca. Aquí zonas como Es Pont d’Inca, Sa Vileta o Santanyí son el claro ejemplo de masas fuertemente sobreexplotadas, convertidas en el motor hídrico de áreas con altísima presión humana debido al elevado turismo.
El agua potable. El segundo frente, y el más extendido, es la calidad del agua, puesto que 39 de las 87 masas subterráneas están en mal estado químico. Esto significa que el agua extraída supera los umbrales máximos de potabilidad, que la normativa fija en 50 miligramos por litro para los nitratos y 250 mg/L para los cloruros.
Tiene una explicación. Que haya un exceso de nitratos responde a diferentes factores, como el uso de fertilizantes nitrogenados, fitosanitarios y el riesgo intensivo, que han generado una contaminación difusa y crónica. La situación aquí es tan extrema que en algunas zonas de Mallorca se han llegado a documentar concentraciones de nitratos de hasta 700 mg/L, catorce veces por encima del límite legal para el consumo humano.
Por otro lado, los cloruros nos cuentan otra historia que está en la intrusión marina. Los acuíferos costeros de Baleares funcionan como un delicado equilibrio de presiones entre el agua dulce que baja de la tierra y el agua salada del mar. Al bombear agua dulce de forma masiva, la presión terrestre cae y el mar penetra tierra adentro, salinizando los pozos. Aquí la ciencia apunta que las bahías de Alcúdia y Pollença, así como el sur de Mallorca, sufren procesos de salinización severos.
Imágenes | Bernhard Schuermann
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