
Los restos encontrados en un yacimiento de Lleida no encajan con ninguna de las especies conocidas de estos gigantes prehistóricos
Si hoy en día nos topamos con un entelodóntido, el apodo de "cerdo del infierno" le viene perfecto, puesto que nos parecería de lo más acertado. Y es que tener un cráneo enorme, una mandíbula repleta de dientes formidables y un tamaño imponente lo hacía el mejor animal para dominar el paisaje del Oligoceno de hace 30 millones de años. Aquí la península ibérica no fue una excepción a su dominio, pero un nuevo y exhaustivo análisis de los fósiles hallados en nuestro territorio acaba de reescribir lo que creíamos saber sobre ellos.
El estudio publicado en Geologica Acta ha puesto bajo la lupa los restos que se han encontrado de los entelodóntidos encontrados en el yacimiento de Rocallaura, en la cuenca del Ebro. El resultado aquí era claro, puesto que la identidad de estos monstruos prehistóricos ibéricos es mucho más enigmática de lo que dictaba la literatura clásica.
El misterio de los fósiles. Durante décadas, la paleontología española había dado por sentado que los restos encontrados en Rocallaura pertenecían a la especie Entelodon magnus. Esta atribución se remonta a textos históricos, como los recogidos en 1982, donde ya se mencionaba el material que el paleontólogo Villalta había clasificado inicialmente como Elotherium magnum y posteriormente Entelodon magnum, cuya grafía actual es magnus.
Sin embargo, esta primera evaluación detallada de restos de entelodóntidos en la península ibérica lo cambia todo, ya que, tras analizar minuciosamente el material, se ha visto que los restos pertenecen indudablemente al género Entelodon, pero ha descartado que encajen con E. magnus o con E. deguilhemi, otra especie con abundante registro fósil en Francia. Es por ello que a día de hoy, el material ibérico no puede asignarse con seguridad a ninguna especie concreta, dejando abierta la puerta a nuevas incógnitas evolutivas.
Para triturar. Para entender el aura temible que desprenden los entelodóntidos, basta con observar su cráneo, donde se podía observar unas expansiones del hueso yugal y unos pronunciados tubérculos de la mandíbula inferior.
Y lejos de ser un mero adorno estético para intimidar, estas enormes protuberancias óseas cumplían una función biomecánica vital al servir como puntos de anclaje para una musculatura mandibular titánica. Esto les proporcionaba una estabilidad inmensa al abrir la boca en ángulos extremos y una fuerza de mordida capaz de triturar objetos de extrema dureza.
Un mito. Tener estos elementos corporales hace que lógicamente cualquiera pueda temer su mera presencia, ya que todos nos vamos a imaginar que era un gran depredador de la época. Pero la ciencia, tras analizar sus dientes, nos cuenta que su capacidad de desgaste era casi idéntica a la del jabalí actual y ligeramente distinta a la del oso pardo.
Es decir, los "cerdos del infierno" europeos eran, en realidad, omnívoros oportunistas al alimentarse de raíces, tubérculos, carroña y pequeños animales, pero no eran cazadores especializados de grandes presas.
Entre familias. Curiosamente, sus parientes norteamericanos sí podrían haber sido más agresivos, ya que las investigaciones nos apuntan a que sus dientes si que presentaban signos de desgaste similares a los de un león o una hiena moderna.
El concepto de "cerdo" no es filogenéticamente preciso, puesto que, aunque morfológicamente nos recuerden a estos, los análisis evolutivos modernos los alejan de nuestra concepción de que se trataba de un jabalí gigante. Y es que los estudios de referencia apuntan a que los entelodontes tienen un parentesco mucho más estrecho con los hipopótamos y las ballenas.
La buena noticia es que el trabajo en Rocallaura es solo el principio, y es por ello que el registro fósil ibérico de estos animales sigue siendo sumamente escaso, pero el equipo ya está analizando nuevos restos procedentes de yacimientos cercanos, como el de El Talladell. Y esto es positivo porque es muy probable que los "cerdos del infierno" que habitaron nuestra península hace 30 millones de años todavía tengan muchas sorpresas guardadas bajo tierra.
Imágenes | Wikipedia
Vía | El Confidencial
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