
La NOAA da un 81% a que El Niño sea "muy fuerte" antes de que acabe el año. América Latina se está preparando, pero no le salen las cuentas
Hace siete meses, El Niño era una amenaza lejana, difusa: no existía. Existía como pronóstico, como posibilidad, como recordatorio de un fenómeno que lleva 10.000 años yendo y viniendo. Pero, claro, eso era diciembre de 2025.
Ahora El Niño no solo está aquí. Según la NOAA, un 81% a que sea de los más grandes desde 1950. Si el mundo tiene un problema, América Latina lo tiene elevado a la enésima potencia.
Pero se está preparando, ¿no? Por ejemplo, y este es un gran ejemplo, la Autoridad del Canal de Panamá empezó a 'ahorrar agua' en el Embalse Gatún hace semanas. No es una ocurrencia. Históricamente, El Niño reduce drásticamente las lluvias en la zona de Panamá y eso suele provocar un severo déficit de agua dulce en los pantanos que alimentan el sistema de esclusas de la vía interoceánica. Sin ese agua, el canal se vuelve inoperativo.
O sea, ese agua es crucial
Y por eso digo que el Canal es un buen ejemplo. Porque no es que América Latina no se esté preparando: es que no le salen las cuentas.
Pero... empecemos por el principio. El 9 de julio la NOAA subió la apuesta y avanzó que sus modelos daban un 81 % de posibilidades de que El Niño sea "muy fuerte" ya entre octubre y diciembre. Eso lo situaría entre los mayores desde 1950. Además, cree que hay un 97 % de que aguante hasta la primavera de 2027. Pero seguramente ninguna de estas sea la señal más preocupante.
Sobre todo, si miramos a la costa de Perú y Ecuador. La anomalía frente a esta costa va 2,2 grados por encima de la del Pacífico occidental. Esto recuerda a 1982-83 y 1997-98 (las peores ENSOs recientes) y no a la de 2015-16. Y, como no puede ser de otra manera, las autoridades lo saben.
Nadie se está quedando con las manos cruzadas. Perú lleva en alerta desde marzo, la Cruz Roja llevaba preparándose desde abril, Ecuador presentó su plan el 1 de julio. Sin embargo, no es suficiente.
El director general del IICA, Muhammad Ibrahim, publicaba estos días una tribuna pidiendo una "estrategia regional proactiva" ante un episodio que cada vez está más claro que será histórico. Y lo hace porque el nivel de preparación parece a todas luces insuficiente.
Y, ojo, no es un reproche. Es más bien un síntoma. Incluso cuando nos preparamos vamos tarde: las consecuencias (sumadas a una crisis de los fertilizantes que no acaba) van a ser muy serias. Sobre todo, porque ni los eventos más fuertes producen el impacto típico en todas partes: solo indican probabilidades y no tenemos un sistema capaz de prepararnos para todos los escenarios.
Pero deberíamos tenerlo.
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