Cómo escuchar música de forma analítica para probar la calidad de altavoces, auriculares y otros equipos de sonido

Para la mayor parte de nosotros escuchar música de forma íntima es una actividad esencialmente pasiva. Nos dejamos llevar. Nos relaja. Nos ayuda a evadirnos de nuestra actividad diaria. Sin embargo, cuando decidimos abordarla para poner a prueba la calidad de unos auriculares, unos altavoces o cualquier otro equipo de sonido nos predisponemos a adoptar una actitud activa.

Permanecer alerta para intentar identificar las características del dispositivo que estamos probando es una estrategia acertada, pero también es importante dejarnos guiar por una metodología que nos ayude a extraer conclusiones lo más objetivas posible de una actividad que es eminentemente subjetiva. Emocional.

Este es el punto de partida que os proponemos

El propósito de este artículo es proponeros un procedimiento que puede resultaros de ayuda cuando necesitéis comprar unas cajas acústicas, unos auriculares u otro elemento de reproducción de sonido y tengáis la oportunidad de probarlo antes de haceros con él.

No siempre es posible poner a prueba un componente antes de comprarlo, pero cuando se presenta la oportunidad de hacerlo merece la pena aprovecharla para cerciorarnos de que ese elemento realmente nos ofrece lo que estamos buscando.

El método que os proponemos es el que utilizamos nosotros cuando analizamos dispositivos de audio. Pero no lo hemos inventado nosotros en absoluto. De hecho, es el que utilizan buena parte de los profesionales del sonido y los audiófilos para identificar la calidad de un equipo de sonido, y también, aunque este objetivo es más complejo, qué rol ejerce un determinado componente dentro de él.

Antes de meternos en harina es importante que afiancemos bien nuestro punto de partida. Nuestro primer consejo es que cuando decidáis llevar a cabo vuestras propias pruebas seleccionéis temas musicales que tengan una toma de sonido de la mejor calidad posible.

Una grabación mediocre representará un obstáculo que impedirá al equipo que estamos probando entregarnos lo mejor de sí mismo, pero una grabación sobresaliente le permitirá expresarse y nos ayudará a evaluar su potencial. En la última sección del artículo os propondremos varios cortes musicales que tienen una toma de sonido muy notable.

Ahí va nuestro siguiente consejo. Si vuestro propósito es comparar el rendimiento de varios componentes lo ideal es que llevéis a cabo las pruebas a ciegas, sin saber cuál está sonando en cada momento, e igualando el nivel de presión sonora de todos ellos.

Para ejecutar las pruebas a ciegas necesitaréis la ayuda de otra persona, y para igualar el nivel de presión sonora y evitar que el que suena más alto nos invite a concluir, quizá erróneamente, que suena mejor, tendremos que utilizar un sonómetro.

Somos conscientes de que no siempre es posible contar con la ayuda de otra persona, y también de que la mayor parte de los aficionados a la música no tiene un sonómetro, pero si las circunstancias nos permiten plantear las pruebas de esta forma merece la pena ejecutarlas así para que podamos extraer una conclusión lo más fidedigna posible.

Nuestros dos últimos consejos son mucho más asequibles, pero igualmente importantes: cerrad los ojos durante la audición y anotad todo aquello que percibáis.

Cerrar los ojos nos permite inhibir los estímulos visuales y concentrarnos en los estímulos auditivos, y tomar notas es también una práctica muy recomendable, sobre todo si vamos a probar varios componentes, porque nuestra memoria auditiva es frágil. Si no lo hacemos nos arriesgamos a asignar a un elemento los atributos que hemos identificado en otro diferente.

Sigue la melodía: el método de Ivor Tiefenbrun

Este procedimiento fue ideado por el fundador de Linn, una veterana compañía escocesa especializada en la puesta a punto de componentes de alta fidelidad de muy buena calidad. Lo que nos propone es que intentemos centrar toda nuestra atención en un único instrumento y seguir su melodía, dejando todos los demás en segundo plano.

Un buen equipo de música debe ser capaz de restituir cada instrumento con precisión, separándolo nítidamente de todos los demás, por lo que debería permitirnos lograrlo sin esforzarnos demasiado. Eso sí, este método no es igual de eficaz con todos los géneros musicales. Resulta muy asequible con pequeñas formaciones orquestales, y más complicado con las grandes masas orquestales y con la música moderna que introduce expresamente distorsión.

En cualquier caso, si la toma de sonido de la música que estamos escuchando es de buena calidad, este método funciona muy bien. Si estamos probando unos auriculares o unas cajas acústicas bien ejecutados seremos capaces de focalizar nuestra atención en cualquier instrumento de una forma muy natural.

Pero, si el componente que estamos analizando no está a la altura, los instrumentos aparecerán entremezclados y nos costará mucho identificar uno de ellos con precisión y seguir su melodía durante todo el corte musical.

Cómo identificar los atributos que delatan la calidad de un componente de audio

Además del método que nos propone Ivor Tiefenbrun, cuando probamos un dispositivo de sonido nos esforzamos para identificar los atributos que reflejan con más claridad su calidad. Nuestra intención es que este procedimiento sea lo más asequible posible, por lo que vamos a sugeriros únicamente aquellos parámetros que son fáciles de discernir.

La escena sonora

Si la toma de sonido del tema musical que estamos escuchando es buena las cajas acústicas o los auriculares que estamos probando deberían ser capaces de colocar cada instrumento en el lugar que le corresponde. En la ubicación física que ocupaba en el escenario en el que se llevó a cabo la grabación, recreando así una escena sonora virtual con amplitud horizontal, vertical y profundidad.

Si cerramos los ojos las cajas acústicas, o los auriculares, deberían desaparecer completamente. Deberíamos poder localizar la voz del cantante delante de nosotros, en el centro. También deberíamos percibir los instrumentos que están a su derecha, a su izquierda, y por detrás de él. En ningún caso deberíamos identificar que el sonido emerge de la ubicación física de nuestros altavoces. Cada instrumento debe formar parte de una escena sonora amplia y continua.

Los transitorios

Una forma sencilla e intuitiva de definir los transitorios requiere identificarlos como sonidos intensos y de corta duración que muchos componentes de audio no consiguen reproducir correctamente. De hecho, aunque estén presentes en la grabación cabe la posibilidad de que queden enmascarados y no podamos escucharlos correctamente.

Hay muchos instrumentos ricos en transitorios, pero uno de los más fáciles de identificar son las castañuelas. Un equipo de buena calidad no debería tener ningún problema para reproducirlas de una forma precisa y creíble, pero es probable que unas cajas acústicas o unos auriculares mediocres no logren recrearlas bien, especialmente si conviven con una gran masa orquestal.

El nivel de detalle

Identificar el nivel de detalle que es capaz de recrear el componente de audio que estamos probando es sencillo siempre y cuando, eso sí, la toma de sonido esté a la altura.

Si la grabación ha conseguido recoger un elevado nivel de microdetalle en algunas de ellas podremos escuchar la respiración de los músicos que tocan los instrumentos de viento (especialmente la flauta), o, incluso, el roce de los dedos de los guitarristas al rasguear las cuerdas. Algunas grabaciones de Paco de Lucía nos permiten apreciar esta última característica con mucha claridad si los altavoces son capaces de restituir esta información musical.

Si la distorsión supera cierto umbral nos provocará fatiga acústica

Uno de los desafíos a los que se enfrentan los componentes de audio, especialmente los auriculares, las cajas acústicas y los amplificadores, es la distorsión. Suele presentarse cuando incrementamos el nivel de presión sonora por encima de cierto umbral, y puede arruinar nuestra experiencia debido a que genera fatiga acústica.

Si subimos el volumen hasta alcanzar un nivel de presión sonora realista, y después de unos minutos notamos molestias en los oídos o embotamiento mental, es probable que las prestaciones del componente que estamos probando estén siendo comprometidas por la distorsión.

Aquí tenéis algunos cortes musicales con una toma de sonido impecable

Estos son algunos de los temas musicales que solemos utilizar para poner a prueba la calidad de los equipos de sonido que analizamos. Como podéis ver, además de indicaros el título del corte y su intérprete especificamos el formato en el que solemos reproducirlo:

  • ‘Stir it up’, de Bob Marley (FLAC 24 bits y 96 kHz)
  • ‘You make me feel like a natural woman’, de Susan Wong (FLAC 24 bits y 96 kHz)
  • ‘Redbud tree’, de Mark Knopfler (FLAC 24 bits y 96 kHz)
  • ‘Autumn in Seattle’, de Tsuyoshi Yamamoto Trio (PCM 16 bits y 44,1 kHz)
  • ‘Spanish Harlem’, de Rebecca Pidgeon (PCM 16 bits y 44,1 kHz)
  • ‘You’ve got a friend’, de Susan Wong (FLAC 24 bits y 96 kHz)
  • ‘Wasted time’, de Eagles (PCM 16 bits y 44,1 kHz)
  • ‘Vivaldi - Flute concerto in D’, Chesky Records (PCM 16 bits y 44,1 kHz)
  • ‘Stimela’, de Hugh Masekela (PCM 16 bits y 44,1 kHz)
  • ‘Lush life’, de Billy Strayhorn (FLAC 24 bits y 96 kHz)
  • ‘Afro blue’, de Mongo Santamaria (FLAC 24 bits y 96 kHz)
  • ‘April in Paris’, de Duke/Harburg (FLAC 24 bits y 96 kHz)
  • ‘No sanctuary here’, de Chris Jones (FLAC 24 bits y 44,1 kHz)
  • ‘Under the boardwalk’, de Mighty Echoes (PCM 16 bits y 44,1 kHz)

Imagen | Samuel Ríos

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