Yo vivo con el sistema de crédito social chino y creo que los medios occidentales lo han contado mal

Pantallas que te observan, programas que registran todos tus movimientos, teléfonos que espían tus conversaciones y aplicaciones que aprovechan tu ocio para hacer un perfil completo de ti. Un complejo sistema de seguimiento para saber qué haces, qué te gusta, cómo mantenerte felizmente narcotizado bajo la apariencia de una sociedad casi perfecta. Big Brother is watching you (and it wants to make your day).

Hace algunas décadas todo esto sonaría a ficción, a un extracto de 1984 de Orwell o de Un mundo feliz de Huxley. Sin embargo, en 2019 esa compleja red de seguimiento de nuestros movimientos parece haberse tendido de forma velada y paulatina hasta atraparnos sin remedio en nuestras sociedades libres y democráticas. A pesar de ello, en Occidente nos empeñamos en ver la paja en el ojo ajeno.

Desde hace varios años han corrido ríos de tinta acerca del sistema de crédito social chino, un supuesto mecanismo ideado por el Gobierno del gigante asiático para seguir cada movimiento de sus ciudadanos, recompensarles si siguen las conductas que la Administración considera adecuadas y sancionarles si no lo hacen.

Entre esos comportamientos inadecuados se han mencionado desde antecedentes penales hasta fumar en lugares públicos o difusión de noticias falsas en redes sociales. Un auténtico Estado policial del que los habitantes de China no tienen el más mínimo conocimiento.

El sistema de crédito social chino, tal y como se ha contado en Occidente, está muy lejos de ser una realidad

“El sistema de crédito social no existe. Yo vivo en China, mi pareja es de aquí, y no conozco a nadie que lo tenga”, señala Martín Puñal, arquitecto español residente en Shanghái. Una percepción que secunda Raúl Cano, estudiante radicado en Shenzhen: “Yo me he enterado por medios occidentales, pero aquí nadie sabe nada de esto. Ni la gente joven, que suele estar muy enterada de todo”.

Sería lícito pensar que, en un Estado como el chino, la desinformación de sus ciudadanos y residentes puede ser normal. Sin embargo, ¿cómo no podrían tener constancia de un sistema represor que, supuestamente, abarca cada aspecto de su vida pública?

Lo cierto es que China, como otros muchos Estados, tiene diversos mecanismos de control de sus ciudadanos. Y que en marzo de 2018 entró en vigor una ley que preveía la imposición de un sistema de crédito social que sancionaría y recompensaría determinadas conductas públicas, aunque el texto de esta norma es ambiguo y su aplicación incierta y desigual. Pero el sistema de crédito social chino tal y como se ha contado en Occidente, según distintas fuentes consultadas por Xataka, está muy lejos de ser una realidad.

Un sistema a prueba

La norma que entró en vigor en marzo de 2018 no preveía la instauración de un solo sistema de crédito social, sino de muchos. Pues establecía que cada gobierno local debería diseñarlo y llevarlo a cabo según sus propios criterios. Al menos en teoría.

A día de hoy sólo se tiene constancia de que una gran ciudad china esté llevando a cabo algo parecido al sistema de crédito social. Se trata de Rongcheng, a unos 800 kilómetros de Pekín. Esta urbe ha establecido un mecanismo piloto de puntuación para sus ciudadanos en los que las buenas conductas públicas sumas puntos y las acciones contra la comunidad, por lo general infracciones de la ley, restan.

“Cualquier cosa que influya en los puntos debe estar respaldada por hechos oficiales con documentos oficiales”, explicaba He Junning, subdirector de la Oficina de Gestión del Crédito Social de Rongcheng, a Foreign Policy. Así pues, no se trata de un sistema que controla cada movimiento de los ciudadanos, sino más bien un registro de antecedentes que influye en algunos aspectos de la vida futura de los infractores.

“Después de observar sus características detenidamente, deducimos que el sistema de Rongcheng se parece más a una hoja de antecedentes, ya que no evalúa una gran cantidad de datos para imponer sanciones, sino que crea un registro de los castigos que ha recibido la persona”, explican desde China Law Translate, web especializada en traducciones legislativas de China.

El dinero manda

Así pues, el sistema de control social está lejos de materializarse en todo el país y no se sabe si otras ciudades seguirán el ejemplo de Rongcheng u optarán por otros mecanismos distintos. Lo que sí se viene aplicando desde hace varios años en todo el territorio chino es otro sistema de puntuación, el de aplicaciones de pagos electrónicos como Alipay, que pertenece a Alibaba, el consorcio privado que está detrás de empresas como el ecommerce AliExpress.

“Las historias del sistema de crédito social salieron de Alipay y lo que decían los documentos del Gobierno, y se fue creando la idea errónea del sistema de crédito social chino”, explica Puñal.

A muchos ciudadanos chinos se les ha bloqueado el acceso a billetes de avión o tren porque Alibaba no confía en su solvencia

“Lo que todos tenemos en el Zhima Credit de Alipay, una cifra que te califica dentro de la aplicación en relación con tu historial de compras. Si no has pagado algún servicio, el sistema te califica como moroso y pierdes puntos, y llega un momento en el que no te deja hacer más compras hasta que no saldes tus deudas. Mi Zhima Credit lleva tres años en 646 puntos -el máximo es 950 y el mínimo 350-, y todos los chinos a los que les he preguntado tienen más créditos que yo”, continúa el arquitecto radicado en Shanghái.

De esta forma, el Zhima Credit funcionaría de forma parecida a los programas de fidelidad de empresas occidentales, que valoran el comportamiento de compra del usuario y premian su consumo y solvencia.

Aspecto del sistema de puntos Zhima Credit de Alipay.

“Pero Alipay no sólo es una plataforma de pagos online, también funciona como una especie de tarjeta de crédito. Si un mes no tienes suficiente dinero para comprar cualquier cosa, puedes pedírselo y devolvérselo al mes siguiente. Pero si el siguiente mes no lo pagas, baja tu Zhima Credit”, detalla Junlong Wen, ciudadano chino natural de Shenzhen que vive en España desde hace un año.

Hasta aquí el sistema es parecido a cualquier tarjeta de crédito, pero este mecanismo de financiación tiene un reverso oscuro. Alipay está conectada a los bancos chinos y maneja una gran cantidad de información financiera de sus usuarios, por lo que si estos tienen deudas sus puntos en la aplicación bajan y no pueden comprar determinados productos o servicios de alto valor. Es por ello que a muchos ciudadanos chinos se les ha bloqueado el acceso a billetes de avión o tren, porque Alibaba no confía en su solvencia.

“Este sistema se percibe como justo por la población china, porque antes muchas personas contraían deudas y no las pagaban, y los bancos han tenido que buscar esta solución para controlar a los morosos”, explica Wen. Y añade que, pese a que no se puede estar fuera de este sistema -porque algunos pagos en China ya sólo se hacen a través de Alipay-, son muchos los chinos que prefieren no comprar a crédito para no contraer deudas que quizás no puedan afrontar en el futuro.

Fotograma del capítulo de Black Mirror 'Caída en picado'.

Zhima Credit: el verdadero sistema de control

De esta forma, tener un Zhima Credit bajo sí puede restringir ciertas libertades de los chinos, aunque una vez se salden las deudas pendientes se recuperan los puntos perdidos por el impago, según señalan varios de sus usuarios.

Por otra parte, tener una puntuación alta en Alipay tiene innumerables ventajas. Desde descuentos en el seguro médico hasta uso de bicicletas públicas gratis, pasando por facilidades para obtener visados para viajar y residir en el extranjero.

Para vivir en España el Gobierno chino me pidió un documento con mi Zhima Credit. Y para viajar a otros países, como Japón, si tu puntuación es alta no necesitas pagar el visado”, explica Wen.

De esta forma, el sistema de crédito lanzado por Alibaba en 2015, que se basa en los modelos FICO, de Estados Unidos, y Schufa, de Alemania, de comprobación de solvencia económica, se ajusta mucho más al mecanismo de control descrito hasta ahora por los medios occidentales. Con la diferencia de que su puntuación obedece a datos puramente económicos, sin tener en cuenta aspectos legales o de comportamiento cívico.

Por lo tanto, a pesar de que a veces se hayan confundido y entremezclado, el sistema de crédito social y el Zhima credit son dos mecanismos distintos. El primero, impulsado por el Gobierno, se encuentra aún en una fase de prueba y sus implicaciones no están del todo claras, aunque parece que tendrá más que ver con una hoja de antecedentes que privará a su propietario de ciertas ventajas antes que con un Gran Hermano que todo lo ve y juzga. Mientras que el segundo se ha configurado como un sistema antifraude económico de carácter privado, aunque con un fuerte apoyo de la Administración.

¿Hemos exagerado en Occidente?

“Las historias sobre China en Occidente se exageran, la realidad aquí es mucho más prosaica”, asegura Puñal. Wen va más allá: “En otros países se publican muchas cosas falsas sobre China, Hong-Kong y Taiwán”.

"No creo que el Gobierno chino vaya a controlar cada aspecto de la vida de sus 1.400 millones de ciudadanos. En ese sentido, le tengo más miedo a Google o Facebook”

Entre China y otros países, en especial los occidentales, existen multitud de diferencias políticas, económicas, sociales y culturales que, en ocasiones, hacen que se malinterpreten algunas de las acciones que lleva a cabo el Gobierno del gigante asiático. Malentendidos que un idioma tan complejo como el chino contribuye a enrevesar y que la Administración del país no se preocupa demasiado en corregir.

“Muchas veces la opacidad del Gobierno chino desborda nuestra imaginación y nos ponemos en el peor de los escenarios, sin que Pekín lo desmienta”, explica Antonio Broto, periodista de la Agencia EFE que trabajó en la capital china durante más de 15 años y autor del blog Chinochano.
Para el periodista, desde 2018 radicado en Ginebra, China está lejos de convertirse en una distopía futurista: “No creo que vaya a ser un Black Mirror, más bien será algo similar a las listas negras de turistas maleducados que se comenzaron a elaborar hace unos años, o a la lista de morosos que hay en España. No creo que el Gobierno chino vaya a controlar cada aspecto de la vida de sus 1.400 millones de ciudadanos. Es cierto que con el big data es más fácil hacerlo, pero en ese sentido le tengo más miedo a Google o Facebook”.

Sin embargo, la falta de evidencias del sistema de crédito social en el día a día de las personas que viven en China no quiere decir que no se vaya a implantar en el futuro, o que no se endurezcan las medidas de los programas piloto ya en marcha.

China hace muchas cosas sin informar, y nadie se entera de que se ha hecho el cambio hasta que te toca lidiar con él. Eso me pasaba mucho con el tema de los visados y el registro para poder vivir aquí. Muchas leyes cambiaban y te enterabas cuando ibas a resolver el papeleo. Ni siquiera los chinos saben muchas cosas porque no se hacen públicas”, señala Raúl Cano.

En cualquier caso, la realidad a día de hoy en China es que el único sistema que premia o castiga es el de Alipay, y lo hace en función de la solvencia económica de los usuarios. Todo lo demás son teorías y proyectos pilotos que, al menos de momento, no están influyendo en la vida de las personas que residen en el gigante asiático.

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