¿Merece la pena comprar un monitor 4K/UHD?

La palabra de moda en la última edición del CES, que, como sabéis, se celebró en Las Vegas a principios de enero, ha sido 4K. Podía leerse y escucharse en buena parte de los expositores de las empresas que compiten en el mercado de los televisores, las cámaras de vídeo, las cámaras fotográficas, los monitores, etc.

Sí, los monitores también. Asus, Dell, Philips y Lenovo son solo algunas de las marcas que ya han presentado sus primeras pantallas 4K/UHD para ordenador, y no tardarán en sumarse muchas más empresas ansiosas por hacerse con una «porción del pastel». Sin embargo, ¿merece realmente la pena invertir hoy en día en un monitor de estas características? Esta es la pregunta a la que intentaremos dar respuesta en este post.

No te dejes engañar, todavía no son "monitores 4K reales"

Antes de entrar en materia es importante que recordemos que los fabricantes usan el término 4K con demasiada ligereza. Como os explicamos en este otro post durante la celebración del CES, el auténtico estándar es DCI 4K, y dos de sus características más relevantes, que no las únicas, consisten en que su resolución es 4.096 x 2.160 puntos y su relación de aspecto 1.9:1. Los primeros monitores «4K» que han llegado al mercado tienen una resolución de 3.840 x 2.160 puntos y una relación de aspecto de 1.78:1, por lo que no responden al estándar 4K estipulado por DCI (Digital Cinema Initiative).

Los fabricantes utilizan la denominación 4K con demasiada ligereza. Nosotros preferimos UHD o 2.160p

Por esta razón, en el resto del post nos referiremos a ellos como monitores UHD (Ultra High Definition), o, sencillamente, 2.160p. Ambas formas de identificarlos nos parecen más adecuadas que 4K, a pesar de que seguiremos comprobando cómo los fabricantes utilizan las denominaciones 4K y UHD como sinónimos, cuando no lo son.

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Paneles TN vs IPS: ahí está la clave del precio de los nuevos monitores

Los primeros monitores UHD que han desembarcado en el mercado, o están a punto de hacerlo, utilizan tanto paneles TN (Twisted Nematic) como IPS (In-Plane Switching). Las diferencias entre ellos son muy importantes, por lo que es imprescindible tenerlas en cuenta antes de comprar un nuevo monitor. Sin entrar en demasiados detalles nos interesa recordar que los IPS ofrecen una mayor calidad de imagen debido a que son capaces de materializar una gama de color más amplia, su ángulo de visualización es mayor, su velocidad de respuesta es más estable y apenas padecen desenfoque de movimiento.

La calidad de imagen de los monitores que utilizan un panel TN es claramente inferior; al fin y al cabo, es una tecnología más antigua. Tan solo aventajan a los IPS en dos frentes; pero, eso sí, son importantes. El primero de ellos es que son capaces de alcanzar una frecuencia de refresco mayor y un tiempo de respuesta mínimo (aunque más inconsistente que el de los IPS), lo que es importante, por ejemplo, para los jugones, sobre todo para los que compiten en partidas multijugador a través de Internet y necesitan tener la máxima precisión posible. Sin embargo, su menor calidad de imagen los hace poco aconsejables, por ejemplo, para los profesionales del diseño gráfico y la edición fotográfica o de vídeo.

La segunda ventaja de los paneles TN es que son más baratos que los IPS porque es más sencillo fabricarlos, lo que ha provocado que la mayor parte de los monitores UHD que hicieron acto de presencia en el CES utilizase un panel TN. Prácticamente todos ellos tienen un precio inferior a los 800 euros, pero, si queremos hacernos con una pantalla UHD para nuestro ordenador equipada con un panel IPS, deberemos «aflojar» alrededor de 2.000 euros. Como veis, la diferencia, por el momento, es enorme.

HDMI 1.4a no da la talla, pero DisplayPort, sí

Imaginemos ahora que estamos dispuestos a aceptar la inferior calidad de imagen de un monitor con panel TN a cambio de que nos ofrezca un precio más asequible y una frecuencia de refresco mayor. Esta decisión es razonable, pero si nuestra tarjeta gráfica solo tiene una salida HDMI 1.4a será incapaz de enviar a la pantalla una señal con resolución de 3.840 x 2.160 puntos y un refresco de 60 Hz. El ancho de banda necesario para hacerlo excede las posibilidades del estándar 1.4a, por lo que deberemos conformarnos con un refresco de 30 Hz, que es, sobre todo, para jugar, insuficiente.

La especificación HDMI 1.4a no nos ofrece el ancho de banda necesario para transportar señales 2.160p a 60 Hz

Si nuestra tarjeta gráfica incorpora, además, una salida DisplayPort 1.2 (DP) o mini-DP, la situación cambia. La mayor parte de los monitores UHD también la incorpora, y esta interfaz sí es capaz de transportar señales 2.160p con una cadencia de 60 Hz, pero utilizando el modo MST (Multi-Stream Transport). Esta tecnología nos permite «encadenar» varios monitores para conectarlos a una única tarjeta gráfica, por lo que los fabricantes de monitores UHD están recurriendo a un «truco» para poder ofrecer esos 60 Hz: habilitar el modo MST con un único monitor.

Esto provoca que cuando accedemos al controlador desde nuestro sistema operativo no aparezca una sola pantalla, como debería ser, sino dos monitores diferentes con una resolución de 1.920 x 2.160 puntos cada uno. Afortunadamente, los primeros productos con interfaz HDMI 2.0 podrán transportar estas señales y alcanzar frecuencias de refresco elevadas (llegarán a 60 Hz sin problemas) sin necesidad de recurrir a ninguna artimaña. Mientras tanto no nos queda más remedio que conformarnos con utilizar un enlace DisplayPort MST, o bien una opción contemplada en algunos monitores, como el PQ321Q de Asus: usar dos cables HDMI para brindar a nuestra tarjeta la ilusión de que la hemos conectado a dos pantallas diferentes de 1.920 x 2.160 puntos, y resolver así las limitaciones del ancho de banda de un solo enlace HDMI 1.4a.

Cuidado con la tarjeta gráfica

Ahora debemos prestar mucha atención a la tarjeta gráfica de nuestro ordenador. Si queremos nuestro flamante monitor UHD para jugar debemos estar seguros de que nuestra tarjeta gráfica será capaz de mantener una tasa de imágenes por segundo lo más estable posible, y, al menos, de 60 FPS si queremos disfrutar una experiencia satisfactoria con algunos géneros. Si os apetece conocer con más detalle en qué géneros es muy importante contar con esta velocidad de refresco, podéis echar un vistazo a este post de nuestros compañeros de VidaExtra.

Una imagen con resolución UHD tiene exactamente el cuádruple de píxeles que un fotograma Full HD. Generar esa enorme cantidad de puntos, aplicar texturas, procesar la imagen ejecutando los filtros de antialiasing y mejorar el acabado de las texturas usando los modos avanzados de filtrado (trilineal, anisotrópico, etc.) requiere una enorme capacidad de cálculo. Un ordenador equipado con varias tarjetas gráficas de alta gama en configuración SLI, de NVIDIA, o CrossFire, de AMD, sobre el papel debería ser capaz de hacerlo y alcanzar una tasa de imágenes por segundo que nos permita jugar sin problemas. Pero tenemos que pagar un precio considerable. Estos equipos suelen ser ruidosos, se calientan mucho, y, lo que es más importante, comprar varias tarjetas de alta gama sale muy caro.

Otra opción consiste en apostar por alguna de las «bestias gráficas» que se preparan para «avasallar» a la competencia, como la poderosa GTX Titan de NVIDIA, pero, de nuevo, el precio a pagar es muy alto. Esta tarjeta tendrá un coste cercano a los 1.000 dólares, por lo que muy pocos aficionados podrán permitirse una. También tenemos la opción de usar una o dos buenas tarjetas gráficas de precio más asequible, y, por ejemplo, desactivar el antialiasing.

Solo las tarjetas gráficas de última hornada y los sistemas SLI o CrossFire nos garantizan un rendimiento acorde con el que exige un monitor UHD para jugar

Con una resolución tan elevada como es 2.160p los bordes dentados no deberían molestar apenas aunque no se aplique este filtrado, pero entramos en un terreno pantanoso que nos obligaría a hilar muy fino para ver qué calidad de imagen son capaces de ofrecernos estas tarjetas sin que nuestra experiencia se resienta. Y reducir la resolución de salida por debajo de la nativa del monitor introduciría casi con total seguridad un desfase (lag) provocado por el escalador de la pantalla, que se vería obligado a procesar la señal entrante para adaptarla a la resolución del panel.

Aún hay más. Si conseguimos salir airosos de todos estos retos y tenemos una tarjeta gráfica equipada con una salida DisplayPort con certificación 1.2 y soporte MSP, que, por tanto, nos permite alcanzar los ansiados 60 FPS, también deberemos estar seguros de utilizar un controlador que soporte el estándar Display ID 1.3. Como veis, para comernos este «pastel» necesitamos muchos ingredientes.

Entonces, ¿merecen o no la pena estos monitores?

Nuestra respuesta es tajante: actualmente no merece la pena invertir en un monitor UHD. Como hemos visto, los que utilizan un panel IPS, que son los que nos ofrecen la mayor calidad de imagen, están llegando al mercado con un precio prohibitivo. El Dell UP3214Q, por ejemplo, cuesta 2.499 dólares en Amazon, aunque, curiosamente, su precio oficial es 3.500 dólares (2.522,88 euros). En cualquier caso, es una pequeña fortuna.

Los monitores UHD con panel TN están llegando a precios mucho más asequibles, inferiores normalmente a los 800 euros, pero su calidad de imagen no es apta para un uso profesional, como hemos visto, y tampoco convencerá a los usuarios que estén acostumbrados a usar un monitor IPS. A los jugones sí podrían interesarles, pero, en este caso, tropezarán con la necesidad de tener una tarjeta gráfica realmente monstruosa y de ultimísima hornada, o bien varias de alta gama en configuración SLI o CrossFire, con el coste que todo esto representa, además del propio monitor.

En mi opinión, merecerá la pena realmente apostar por los monitores UHD cuando se cumplan varias premisas. Las dos más importantes son la llegada de los primeros productos con interfaz HDMI 2.0, capaces de resolver de un plumazo la conexión entre nuestra tarjeta gráfica y el monitor (aunque deberemos cambiar ambos componentes), y el abaratamiento de los paneles IPS UHD. Cuando cuesten menos de 1.000 euros empezarán a ofrecer una relación calidad/precio interesante. Es difícil prever cuándo sucederá esto, pero, al menos, sí sabemos que los primeros productos HDMI 2.0 (televisores, lectores de BD, monitores, tarjetas gráficas, etc.) deberían llegar al mercado este mismo año.

Por otra parte, también es aconsejable esperar que NVIDIA y AMD lancen sus próximos modelos de gama media/alta, como la «hermana pequeña» de la GTX Titan de NVIDIA, que, como os contamos en este post, llegará a un precio más razonable en julio o agosto. Es probable que estas tarjetas sí puedan renderizar imágenes 2.160p con cadencias estables que oscilen en torno a los 60 FPS.

En nuestra opinión, los monitores UHD empezarán a ser atractivos cuando HDMI 2.0 sea una realidad y se reduzca el precio de los paneles IPS UHD

Y, si no te interesan los juegos, te vendrá de perlas que Intel y AMD se pongan las pilas con la lógica gráfica de sus microprocesadores para que sean capaces de manejar sin problemas señales UHD. En teoría sus últimos chips ya pueden hacerlo, pero hasta que no tengamos ocasión de probarlos con alguno de los primeros monitores 2.160p que están llegando al mercado y les metamos un poco de «caña» con aplicaciones exigentes, no sabremos exactamente si dan la talla. Por el momento, lo más prudente es esperar.

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