El motor PureTech de Stellantis se ha cobrado una última víctima: toda una fábrica cerrará después de 57 años de actividad

Puretech Motores

La decisión llega después de que Stellantis se quisiera desentender de la mala reputación de su motor y el abandono progresivo de la combustión

Alberto de la Torre

Editor - Xataka Movilidad

Después de miles de quejas, Stellantis asumía en enero de 2025 que algo había salido mal con sus motores PureTech. Buscando el máximo ahorro de costes, la compañía había caído en una producción defectuosa que podía provocar roturas en el motor prematuramente. Aunque el coste monetario ha sido alto, lo peor para la compañía ha sido el coste reputacional. 

Tanto que la empresa ha dejado de comercializar este motor y el sustituto se olvida de la palabra PureTech. Cerrado el grifo productivo y sin una adjudicación nueva, el polémico motor también se ha llevado otra cosa por delante. Una fábrica que formaba parte de la automoción francesa. 

Los PureTech. Durante meses, los clientes de Stellantis estuvieron reclamando a la empresa que se hicieran cargo de las averías de sus motores PureTech en 2024. La compañía no tuvo más remedio que aceptar el error y en enero de 2025 confirmó que se ampliaba la garantía de estos motores y pagarían las reparaciones de todos los motores que hubieran quebrado entre 2022 y 2024. 

El problema es que en la búsqueda por el ahorro extremo de costes, el diseño del motor podía provocar que la correa bañada en aceite se contaminara con residuos de combustible hasta el punto de provocar un desgaste prematuro que la rompiera inesperadamente. Si la correa de distribución se rompe, el daño sobre el motor puede ser mortal. 

Un problemón. El problema para Stellantis es que los daños provocados por los motores PureTech van mucho más allá de los económicos. La compañía ha venido reservando decenas de millones de euros para hacer frente a las indemnizaciones por las roturas de los clientes pero lo peor ha sido el impacto reputacional.  

Para poner un dique, Stellantis ha presentado el Turbo 100, el sustituto de los malogrados propulsores. Lo ha hecho después de que las versiones revisadas del anterior motor también fueran llamadas a pasar por el taller por nuevos problemas el año pasado. La solución finalmente ha sido cortar el asunto de raíz.

Y adiós a su fábrica. Con el fin de la producción de estos motores también ha llegado otra noticia: Stellantis cerrará la planta de Douvrin en Francia, explican nuestros compañeros franceses de L'Automobile. La decisión es una consecuencia directa de los malos resultados de los motores y el cambio de estrategia de la compañía. 

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Y es que los motores 1.2 Puretech no se estaban comercializando en Europa pero sí se estaban vendiendo en otros mercados. La compañía, sin embargo, cesará por completo su producción antes de final de año. Una vez también han dejado de fabricar el diésel 1.5 BlueHDI el año pasado, la planta ya estaba herida de muerte.

Adiós a décadas de historia. El cierre de la planta de Douvrin es sensible porque es una fábrica con 57 años a sus espaldas. Llevaba en funcionamiento desde 1969 y su construcción nació de las inversiones de Peugeot y Renault. Sin embargo, en 2013 fue adquirida en su totalidad por PSA (de la que Peugeot formaba parte) y de ahí pasó a manos de Stellantis tras la fusión de FCA y PSA

La compañía, señala el medio francés, ha recolocado a 340 empleados en otra planta para producir baterías y otra cifra muy similar se ha incorporado a diferentes puestos. Queda por saber el destino de 100 trabajadores (la mitad de ellos son temporales) que no han sido reubicados formalmente.

Otra planta europea que cierra. El cierre de dicha planta francesa es solo otro ejemplo más de cómo la industria del motor europea está sufriendo con la reconversión al coche eléctrico. Stellantis ha recalcado en diferentes ocasiones que los costes productivos en Francia son demasiado altos (y por el camino nos hemos beneficiado en España). Volkswagen asegura que tendrá que despedir a 100.000 empleados de sus plantas alemanas por el mismo motivo. 

Pero también es la certificación de que Europa sigue avanzando hacia el coche eléctrico. Pese a que la planta francesa producía motores para países de fuera de nuestras fronteras, no somos competitivos frente a regiones como Marruecos, Turquía o Sudamérica... o Polonia (donde se sigue produciendo el PureTech que Francia abandona). En estos países, producir motores de combustión sigue a la orden del día y a un precio más asequible. 

Foto | Stellantis

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