
Bajo la idea de acelerar el metabolismo matutino, muchas personas han creído en el mito del agua
Internet y las redes sociales están llenos de supuestos trucos fáciles que prometen resultados casi milagrosos con un esfuerzo mínimo para nuestro cuerpo. Uno de estos trucos es un hábito que mucha gente hace como si fuera un ritual: beber un gran vaso de agua, "sí o sí", nada más levantarnos de la cama por la mañana. Con este simple gesto se promete 'despertar' a los intestinos, activar el metabolismo y fomentar la pérdida de peso.
Es un mito. Lo que escuchamos en redes sociales no siempre es cierto, puesto que nos debemos enfrentar a una gran cantidad de mitos que no tienen ningún sustento científico a sus espaldas. Y ahora mismo la mejor evidencia científica no respalda esta idea, pese a que sí es verdad que beber agua incrementa nuestra producción de energía.
La termogénesis. Para entender de dónde surge este extendido mito, debemos analizar el término "termogénesis inducida por el agua", es decir, la capacidad que tiene nuestro organismo de comenzar a producir energía tras tomar un vaso de agua.
Aquí un estudio clásico en la literatura médica observó que el consumo de 500 ml de agua lograba aumentar la tasa metabólica alrededor de un 30% durante un periodo de 30 a 40 minutos. Pero aunque este porcentaje parezca increíble, la realidad es que la aceleración del metabolismo se traducía en un gasto total de 24 kilocalorías. Es decir, su efecto era tan pequeño que difícilmente se iba a notar una pérdida de peso a corto plazo por esto.
Se ha comprobado. Investigaciones posteriores en los campos de la endocrinología y la nutrición han intentado replicar estos datos en diferentes contextos. Uno de los ejemplos lo tenemos en un ensayo clínico que evaluó los efectos fisiológicos en personas con sobrepeso u obesidad, donde se encontró un aumento del gasto energético del 24% durante 60 minutos tras ingerir 500 ml de agua.
Pero nuevamente se vio que este ligero repunte metabólico de manera temporal no supone una pérdida de grasa que resulte relevante por sí misma.
Sobre la báscula. Si ahora, en lugar de quedarnos en el laboratorio, nos vamos al efecto real que tiene este hábito sobre los pacientes, encontramos que la narrativa del agua en ayunas como remedio adelgazante pierde gran parte de su sustento, puesto que la evidencia científica sobre la pérdida de peso atribuible al consumo de agua es, en términos generales, limitada y de calidad baja a moderada.
Y es que los estudios que se han hecho, pese a apuntar a una bajada de peso, cuentan con un seguimiento demasiado corto y una metodología que impide dar una conclusión firme sobre aplicar esta recomendación.
El poder del agua. Que desmontar el mito del vaso de agua en ayunas resulte anticlimático no significa que la hidratación carezca de valor en una estrategia de control de peso. Y es que la evidencia apunta a que beber agua ayuda a bajar peso de manera indirecta, puesto que el mero hecho de modificar la dieta para pasar de un consumo alto de refrescos azucarados o zumos industriales a tomar agua elimina cientos de calorías diarias sin apenas esfuerzo.
Además, diversos ensayos apuntan a que beber agua antes de las comidas hace que nos sintamos llenos mucho antes, por lo que se reducirá la cantidad de calorías que se acaben comiendo y, por tanto, avanzando un poco más en la dieta.
Imágenes | engin akyurt
En Xataka | Creíamos que con el Ozempic la gente que adelgazaba hacía más ejercicio. Creíamos mal
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