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Llevamos toda la vida culpando a la primavera de nuestro cansancio. La ciencia acaba de demostrar que hemos vivido engañados

La 'astenia primaveral' es casi un autodiagnóstico, y los únicos que se benefician son los que venden complejos multivitamínicos

José A. Lizana

Colaborador

Llega marzo, los días se alargan, suben las temperaturas y de repente nuestro cuerpo comienza a llenarse de una sensación de cansancio, apatía y somnolencia que se apodera de nosotros. Tradicionalmente, esto es considerado como 'astenia primaveral', y las personas, como es lógico, no paran de buscar sus síntomas en internet y de comprar caros complejos vitamínicos para poder compensar la mala sensación que deja el cambio de estación. Pero... ¿Qué hay de cierto en todo esto? 

Un cambio de paradigma. Hasta hace poco, la evidencia sobre este fenómeno era escasa y contradictoria; sin embargo, una investigación clave publicada en el Journal of Sleep Research de manera reciente ha venido a arrojar luz sobre el asunto.

La investigación, liderada por la Dra. Christine Blume del Centro de Cronobiología del Hospital Universitario Psiquiátrico de Basilea, siguió a 418 adultos de Alemania, Suiza y Austria durante más de un año, desde abril de 2024 hasta septiembre de 2025. Cada seis semanas, los participantes respondían cuestionarios sobre fatiga, somnolencia, insomnio y calidad del sueño, y al terminar la investigación solo había que cruzar información para determinar si de verdad existía algún patrón que interfería con nuestra salud. 

Los resultados. Aquí lo que se vio es que un contundente 47% de los participantes afirmaba sufrir "astenia primaveral", pero la realidad es que al cruzar la información no hubo absolutamente ninguna variación estacional ni mensual en los niveles de fatiga, somnolencia diurna o calidad del sueño. Y es que estadísticamente el cansancio que la gente siente en primavera es estadísticamente idéntico al que siente en otoño o en invierno.

De hecho, la fatiga en las actividades diarias tendía a disminuir ligeramente conforme los días tenían más horas de luz, sin que se registrara ningún "pico" de cansancio específico durante la primavera. De esta manera, la conclusión que se saca es que la discrepancia entre lo que la gente cree sentir y lo que los datos objetivos muestran sugiere que estamos ante un fenómeno cultural y no ante un síndrome estacional genuino. 

¿Por qué lo creemos? Aquí es donde el estudio se pone genuinamente interesante, ya que las autoras no se limitan a negar el fenómeno, sino que proponen una explicación psicológica de por qué lo experimentamos de manera tan convincente. 

  • Efecto nocebo: si esperamos estar cansados en primavera, interpretamos cualquier señal de fatiga como la confirmación a lo que creíamos que iba pasar. 
  • Disonancia cognitiva: el buen tiempo genera una presión social elevada para poder disfrutarlo con actividades al aire libre. El problema es que cuando la energía no aparece, el hecho de decir que se tiene 'astenia primaveral' es uan buena excusa para no sentirse culpable de no seguir al grupo.
  • Efecto de etiquetado: como cuando el vino sabe mejor cuando nos dicen que es caro, saber que "en primavera uno se cansa" cambia activamente cómo interpretamos nuestras propias sensaciones físicas.

Qué dice la cronobiología. Es una realidad que no somos robots y que nuestro cuerpo reacciona al entorno, y es aquí donde la cronobiología nos confirma que existen variaciones estacionales del sueño ligadas a la cantidad de horas de luz de las que disfrutamos. 

Estudios en poblaciones preindustriales de Tanzania, Namibia o Bolivia demuestran que en invierno se duerme aproximadamente una hora más que en verano. Asimismo, investigaciones recientes en estudiantes universitarios de Seattle ratifican que la exposición a la luz diurna es vital para nuestro ritmo circadiano, sin embargo, ninguno de estos cambios fisiológicos se traduce en un "cuadro clínico" o en un pico de fatiga en primavera.

En medicina. A día de hoy cuando se va al médico de atención primaria es imposible recibir el tratamiento de 'astenia primaveral' porque no está recogido en ninguna clasificación oficial. No obstante, los médicos advierten que no se debe despachar a un paciente que llega con una gran fatiga a consulta, pese a que lo relacione con la llegada de la primavera. 

Hay que recordar que son muchas las enfermedades que pueden causar este cuadro, como por ejemplo una anemia, una alergia severa, una infección o incluso trastornos tiroideos, entre otros.

Un lucrativo negocio. Mientras que la ciencia desestima que la 'astenia primaveral' exista, la realidad es que la sensación que se tiene por parte de las personas es el caldo de cultivo perfecto para clínicas privadas y marcas de suplementos alimenticios. Cuando nos sentimos mal, queremos una solución rápida con una pastilla, y esto hace que la venta de complejos multivitamínicos, pastillas de cafeína y un sinfín de productos relacionados con la disminución de la fatiga aumente sus ventas.  

Imágenes |  Vitaly Gariev Arno Smit

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