Así es el filo de un papel bajo el microscopio electrónico: la razón por la que los cortes con las hojas y los folios duelen tanto

Ayer me rebané un dedo con un cuchillo de pan. Sin querer, debo añadir. Y no, no fue un análisis de cuchillos que se me fue de las manos: fue un accidente. Aunque debo decir que, pese a que las 'primeras impresiones' no fueron buenas, el cuchillo cortaba bien: no sé si le daría diez estrellas, pero sí sé que a mí me dieron cuatro puntos.

Por eso, cuando esta mañana, he visto gente hablando sobre por qué dolía tanto un cortecillo con una hoja de papel, lo he visto como una señal. Os mentiría si os dijera que no se me ha pasado por la cabeza la idea de hacerme un corte con un folio para comparar con conocimiento de causa, pero al final ha imperado la cordura y me he puesto a bucear por internet. ¿Por qué duele tanto el corte de un papel?

Una pregunta poco estudiada

Basta que vosotros mismos hagáis la búsqueda en la red para que comprobéis que sobre el tema se ha escrito mucho, pero se ha investigado muy poco. Fundamentalmente porque no hay comité de ética que apruebe eso de torturar sujetos de investigación sólo para satisfacer una curiosidad tan turbia como inútil (por muy recurrente que sea). Por lo que respecta a la ciencia contemporánea, el sadismo solo tiene espacio en los laboratorios de sexología.

Y claro, a falta de buenas investigaciones, lo que nos quedan son las hipótesis. Y hay muchas, pero las relacionadas con la anatomía son las más populares. ¿Duele igual un corte en la yema de los dedos que un corte igual (idéntico, clónico) en el brazo o la pantorrilla? Sé, que el dolor es una de las cosas más personales, intransferibles y subjetivas que existen, pero concedamos el experimento mental.

E independientemente del resultado, la lógica anatómica nos dice que no. Las zonas donde nos solemos contar con el papel no solo están fuertemente enervadas, sino que están llenas de nociceptores, los receptores de los estímulos negativos. Es decir, los encargados de traducir el daño o la irritación de los tejidos en dolor.

Tiene sentido, aunque como víctima de un ataque autoinfligido con un cuchillo en la mano, no acabo de ver esto como la diferencia esencial. Sí puedo admitir la idea de que, como los cortes con papel no suelen sangrar, el proceso de curación (mediante la coagulación) sea más aparatoso y complejo. Pero eso es, en todo caso, una explicación al motivo de que tarde más en curarse, no de que duela más.

Papel... de lija

Hmmm... La explicación que más me convence es que, aunque no lo parezca con sus líneas rectas, blancas y nítidas, el papel es muy rugoso a nivel microscópico. A diferencia del afilado cuchillo de metal el papel actúa en la herida como si de una lija se tratase y eso, claro está, es mucho más abrasivo para las células y las terminaciones nerviosas.

La imagen de ahí arriba es habla por sí sola: el filo de un papel bajo el microscopio electrónico. Con esa imagen en la mente, el corte del papel parece, de repente, una cosa realmente terrible. Además, según parece, el papel también deja pequeñas fibras y residuos químicos que favorecen una irritación de la herida mucho mayor. No lo llames 'papel', llámalo 'ser una maldita fiesta para los nociceptores'. Una fiesta que, por lo visto, sí que es muy dolorosa.

Imagen | PSU

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