
Vigo cobrará la tasa turística más barata de España. El verdadero dato es que ya no queda casi nadie sin cobrarla
En 2003, España tumbó su primer impuesto turístico en un año. Veintitrés años después, ya nadie se atreve a quitarlo
Ya no hay vuelta atrás: Vigo aprobó el lunes 9 de septiembre su tasa turística. Entra en vigor el 1 de octubre, justo un mes antes del arranque de la campaña navideña (aunque en Vigo, la Navidad es un estado mental y la iluminación un constructo indestructible). La oposición y parte del sector hotelero ya protestan: PP y BNG votaron en contra, y el propio alcalde, Abel Caballero, rechazó esta misma medida en 2023. El gobierno local defiende que el dinero recaudado reforzará la promoción turística de la ciudad; la oposición exige que se concrete el destino real de los fondos. El dato importante está debajo: Galicia completa así su mapa turístico.
Cuánto paga cada turista, y quién no paga. La tasa viguesa va de 0,80 a 2 euros por persona y noche, según el alojamiento: 2 euros en hoteles de cinco estrellas, 1,60 en los de tres y cuatro, 1,20 en pensiones y categorías bajas, 0,80 en albergues, campings y turismo rural.
El concejal de Hacienda, Jaime Aneiros, puso como referencia los 2 euros de Lisboa y los 6 de Bilbao para defender que la tarifa viguesa queda muy por debajo: un 27% inferior a Santiago y A Coruña, donde el recargo llega a 2,50 euros. La implantación, además, será gradual. Hasta julio de 2027 habrá recargo cero en la tercera, cuarta y quinta noche, y los cruceros tampoco pagarán hasta esa fecha. A partir de entonces, el cómputo se limitará a un máximo de cinco pernoctas por estancia.
La letra pequeña. Vigo no se suma a Santiago: la ordenanza compostelana grava incluso las reservas de una fracción de día sin pernoctación, algo pensado para los grupos que hacen noche en un hotel unas pocas horas. Vigo y A Coruña no entran ahí: solo cobran si hay pernocta real. Ninguna de las tres, eso sí, toca al excursionista que llega en autobús, recorre el casco histórico en una mañana y se marcha sin reservar nada. Ese matiz decide buena parte del debate sobre masificación en cada ciudad.
El mapa general. Cataluña tiene hoy la tasa más cara de España, con recargo municipal en Barcelona incluido. Baleares es la que lleva más años seguidos aplicándola, desde 2016, con su ecotasa estacional: entre 1 y 4 euros la mayor parte del año, con un recargo extra de 2 euros en hoteles de cuatro y cinco estrellas durante junio, julio y agosto, que este verano llevó el total hasta los 6-8 euros por noche.
Galicia optó por un modelo voluntario en 2025: cada ayuntamiento decide si cobra o no, y ya son tres los que han dicho que sí: Santiago, A Coruña y Vigo. El País Vasco ya tiene fecha fija: las tres diputaciones forales lanzarán su impuesto de forma simultánea el 1 de enero de 2027. La Comunidad Valenciana llegó a aprobar el suyo en 2022, pero el Gobierno de PP y Vox lo derogó en 2023, antes de que entrase en vigor. Madrid y toda Andalucía no cobran ni un euro. Pero los vientos de cambio suenan y tienen nombre propio: Sevilla, Málaga, Granada. La CEA la rechaza pero el presidente de la comunidad, Juanma Moreno, lleva un año coqueteando con la idea.
Lo que cuesta dormir en el resto de Europa. Ámsterdam encabeza el ranking continental con un 12,5% sobre el precio de la reserva, unos 18 euros de media por noche. Atenas cobra hasta 15 euros en hoteles de cinco estrellas. Barcelona ya supera a Roma y a París: un hotel de cinco estrellas paga 12 euros por noche desde abril de 2026, y la cifra subirá hasta 15 euros en 2029, con parte de lo recaudado destinado a climatizar colegios públicos.
En Alemania, Berlín aplica un 7,5% sobre la reserva; Viena, un 3,2%. Venecia cobra alrededor de un euro por estrella y noche, más una tasa de acceso de 5 a 10 euros en fines de semana de primavera para quien visita la ciudad sin dormir en ella. Frente a todo esto, los 2 euros de tope en Vigo resultan casi simbólicos.
25 años de intentos. El primer impuesto turístico español no nació en 2012, sino en 2001. Baleares lo estrenó bajo el primer Govern de izquierdas de Francesc Antich, cobrando alrededor de un euro por turista y noche desde 2002. Duró poco: el PP de Jaume Matas ganó las elecciones de 2003 prometiendo derogarlo, y lo cumplió a los pocos meses entre aplausos del sector hotelero. Durante casi una década ni había ni se le esperaba a ninguna ciudad algo así.
Cataluña lo resucitó en 2012, esta vez para quedarse. Baleares volvió en 2016. Desde entonces la lista solo ha crecido: Vigo este octubre y País Vasco en enero de 2027 conforman una tendencia en la franja norte. Cada nueva incorporación reduce el margen para que la siguiente diga que no: cuantos más destinos cobran, menos raro resulta cobrar y más caro sale quedarse fuera. Ese es el verdadero punto de no retorno.
Imagen | Ismael Owen Sullivan
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