El tesoro maldito de Forrest Fenn: en busca del cofre millonario escondido en las Rocosas

A Forrest Fenn le diagnosticaron cáncer en 1988. Un cáncer agresivo, de esos que cuando el médico los anuncia en voz alta resuenan entre las paredes de la consulta, te golpean con fuerza en la boca del estómago y te arrojan luego a la calle, noqueado y con la lengua y las rodillas trabadas.

El día en que su médico se sentó ante él y le comunicó el delicado diagnóstico, Fenn rondaba los 60 años y se adentraba en el otoño de una vida rezumante de adrenalina: durante su juventud había sido piloto de las Fuerzas Aéreas de EE UU, había combatido en Vietnam y tras regresar del Sudeste Asiático se había reconvertido en un marchante de arte y antigüedades en Santa Fe (Nuevo México), donde amasó una fortuna.

Con ese periplo vital a sus espaldas, cuando en 1988 Fenn regresó a su casa con el nefasto parte médico bajo el brazo tomó una decisión delirante: metería sus posesiones más valiosas en un cofre y lo arrastraría consigo a algún lugar apartado de las montañas del condado de Santa Fe para morir abrazado a él, en soledad, lejos de miradas impertinentes.

Un final de película para una vida digna del mejor thriller de Hollywood.

El veterano aviador desempolvó un antiguo cofre de cobre y lo llenó de las mejores piezas que había acumulado durante sus años de marchante de arte: monedas de oro, rubíes, dos zafiros de Ceilán y otras tantas tallas chinas de jade, diamantes, pulseras y figuras precolombinas... Un auténtico tesoro de marajá valorado en cerca de dos millones de dólares. Cuando terminó de cebarlo de alhajas, el baúl pesaba unos 20 kilos.

Un mapa elaborado por Benchmark Maps que incluye el poema de Fenn y las posibles localizaciones.

Luego se sentó a esperar a que el cáncer hiciera su trabajo.

Pero la enfermedad no cumplió.

Los meses pasaron.

Y pasaron.

Fenn vive, la lucha sigue

Contra todo pronóstico, Fenn fue tomando consciencia de que el tratamiento le ganaba la batalla al cáncer. Su salud se recuperó y la perspectiva de despedirse de este mundo en una lejana y solitaria cima de Nuevo México, sentado sobre su cajón repleto de joyas, perdió sentido. Aun así, Fenn se resistía a abandonar la romántica idea de que el final de su vida quedara ligado a aquel cofre metálico que acumulaba polvo en su despacho desde los noventa.

Cuando rondaba los 80 años, Fenn tomó la segunda decisión delirante de su vejez: esconder aquel cofre del tesoro preñado de joyas en algún punto recóndito de las montañas de Santa Fe y retar al mundo a que lo encontrara. Para facilitar la búsqueda decidió elaborar incluso un peculiar "mapa del tesoro". En 2010 el veterano aviador de Vietnam y antiguo marchante publicó unas memorias que tituló The Thrill of the Chase ("la emoción de la persecución" en español).

Al final de todo incluyó un poema de 24 versos en el que coló nueve pistas sobre el paradero del botín.

"Tu esfuerzo valdrá la pena si eres valiente", deslizaba en uno de esos enigmáticos párrafos. La sinopsis es mucho más clara y en ella afirma sin tapujos que las páginas de The Thrill of the Chase "contienen pistas sobre la ubicación del tesoro", oculto en algún punto de las Montañas Rocosas, que se extienden desde Nuevo México hasta la Columbia Británica, en Canadá.

Concretar cuántos ejemplares del libro se han vendido desde 2010 es complicado porque lo autoeditó el propio Fenn. Sí se sabe sin embargo que pese a su precio (35 dólares en las tiendas de Santa Fe) se ha convertido en un best seller. Cazatesoros, cabezas de familia desesperadas por ganar dinero rápido o simplemente espíritus curiosos se lanzan a sus páginas desde hace ocho años para desentrañar el misterio y encontrar el cofre del tesoro.

En 2016 la BBC publicaba que (según las estimaciones del propio Fenn) habían emprendido la búsqueda de su botín unas 65.000 personas. Hace tres meses, en declaraciones a la CNBC, el marchante de arte de Santa Fe elevaba el dato a 350.000. La promesa de un cajón repleto de oro y joyas anima cada vez a más gente a echarse la mochila a la espalda, ceñirse la gorra y lanzarse a las escarpadas Montañas Rocosas en pos del cofre oculto por Forrest.

Está por aquí. En algún lugar. (NOAA)

Asegura que llega a recibir hasta un centenar de emails al día de gente deseosa de arrancarle una nueva pista, aun cuando él apenas contesta uno de esos correos por semana. Gracias a la insistencia de los cazatesoros, Fenn ha ido soltando con cuentagotas algunos datos más sobre la ubicación del cofre. Ha detallado que no está bajo el agua, ni cerca de río Grande, el tercero de mayor tamaño de América del Norte. También dejó caer que al baúl se podría llegar en coche y que es tan accesible que lo alcanzaría un octogenario como él.

Las pistas vagas no siempre son suficientes para calmar el ánimo de los busca tesoros obsesionados con el reto. Con el fin de obligarle a revelar las coordenadas de su codiciado cofre, a lo largo de los años Fenn ha padecido amenazas de muerte e intentos de soborno. Incluso ha tenido que echar de su casa a extraños que se dedicaban a cavar en su jardín. En al menos tres ocasiones se vio obligado a alertar al servicio de emergencias de la policía.

Un tesoro que ha cobrado cuatro vidas

La peor parte del revuelo que generó la publicación de The Thrill of the Chase sin embargo no se la lleva Fenn. Entre los cazatesoros más apasionados no faltan quienes están dispuestos a jugarse el tipo para llegar al cofre. Cuando esa inconsciencia se combina con el escarpado paraje de las Rocosas, tan magnífico como plagado de peligros, el cóctel resultante puede ser fatal. Que se sepa, desde 2016 han perdido la vida cuatro intrépidos tras la pista del jugoso botín.

Al primero, Randy Bilyeu, se lo tragó la tierra en enero de 2016. Tras varios meses sin dar señales de vida, los servicios de rescate encontraron su cadáver en las procelosas aguas de Río Grande. Otra víctima fue Jeff Murphy, un hombre de 53 años de Illinois que se despeñó por una pendiente de más de 150 metros. Una suerte similar corrió un pastor de 52 años de Gran Junction (Colorado) a quienes sus fieles llamaban Paris Wallace. Su aventura zozobró en la garganta de Río Grande.

El último intrépido, Eric Ashby, que apenas pasaba de los 30, aparecía flotando en el río Arkansas en julio de 2017.

El responsable de todo.

Para poner freno a ese carrusel de muertes, las autoridades de EEUU decidieron tomar cartas en el asunto. Con la intención de no dar más protagonismo al tesoro en 2017 decidieron silenciar qué le había ocurrido a Jeff Murphy. El desdichado cazatesoros de Illinois murió en el Parque Nacional de Yellowstone en junio de 2017.

Los detalles sobre qué estaba haciendo cuando se descolló por una pronunciada garganta de riscos y rocas de 150 metros de altura en Tirkey Pen Peak no trascendieron hasta varios meses después, cuando gracias a la Ley de Libertad de Información las autoridades de Yellowstone confirmaron a la televisión KULR, de Montana, que Murphy era uno de los muchos busca tesoros que acudían a la zona tras el legado de Forrest Fenn.

"Siempre es trágico que alguien muera y esta última pérdida me golpeó muy fuerte. La vida es demasiado corta para usar un cinturón y tirantes. Si alguien se ahoga en la piscina, no debemos drenar la piscina, debemos enseñar a la gente a nadar", comentaría Fenn en una entrevista a The New York Times. Según se supo más tarde, el viejo marchante habría ofrecido incluso un helicóptero para contribuir a la búsqueda de Murphy.

¿Y si todo fuera un chiste?

Eso: ¿y si todo fuera una broma, una bufonada pesada de Fenn? En los últimos años no han faltado voces que apuestan por esa hipótesis como la más probable. Quienes así piensan se apoyan en algunos datos biográficos del exaviador. Entre ellos destacada que en 2009 el FBI registró su casa en busca de vestigios saqueados en Four Corners. A pesar del revuelo que generó aquella operación, los federales no llegaron a presentar cargos contra él.

Otros escépticos optan por cuestionar la literalidad del poema de Fenn y sus anuncios rimbombantes. Para ellos el pretendido cofre ni oculta onzas de oro, ni plata, ni jades, ni rubíes, ni ninguna otra piedra de valor incalculable. El tesoro se trataría (en su opinión) de una metáfora que anima a la gente a valorar la naturaleza y sus recursos. El propio Forrest llegaría a confesar que su principal objetivo era conseguir "que la gente se levantase de sus sofás".

Un nuevo El Dorado para la humanidad.

En otras ocasiones Fenn alude de forma clara al dinero contante y sonante que en teoría oculta su baúl. Según recoge Vox, el expiloto de Vietnam ha confesado que le gustaría que la persona que se lleve a casa su tesoro sea "un campesino sureño de Texas que ha perdido su trabajo, con una camioneta pickup, 12 hijos y una esposa que apoyar". En resumen: un estadounidense de cepa, chapado a la antigua y que necesite los dos millones de dólares con urgencia.

A ABC News le relataría incluso que en 2010, cuando decidió publicar su peculiar mapa del tesoro, aspiraba a "dar esperanza" a las familias que más sufrían con la crisis. "Mucha gente estaba perdiendo su trabajo y la desesperación estaba escrita en los titulares", abundaba Fenn al recordar aquellos años, en plena recesión y con la economía tiritando todavía.

No falta quien afirma que en las Rocosas ya no hay ni rastro del tesoro, que el cofre se lo habría llevado ya alguno de los modernos Indiana Jones que desde 2010 recorren la zona con arneses. Más de uno se ha dirigido a Fenn para anunciarle su supuesta victoria, aunque el marchante reconoce que hasta la fecha ninguno ha podido aportar ni la más mínima prueba.

En busca del tesoro.

De lo que no cabe duda es del sentido de la teatralidad del viejo Forrest. Quizás para dar más credibilidad a su relato o para alentar a los buscadores de tesoros, el delirante exaviador del ejército de los EEUU y vendedor de arte de Santa Fe ha llegado a afirmar que él mismo acudirá a desenterrar su cofre si nadie lo ha hecho antes. ¿Cuándo? En el momento en el que el contenido del viejo baúl se eleve hasta los 10 millones.

Han pasado ya tres décadas desde el día en que el médico le espetó a Fenn que padecía un cáncer y, de regreso a su casa, aún en shock por la noticia y con las rodillas temblando, el expiloto empezó a dar forma a sus planes de morir por todo lo alto, pegado a un cofre y fraguando un mito a la altura de un libreto de Steven Spielberg. Si hay o no tesoro es algo que solo Forrest sabe. De momento lo que sí ha creado es una especie de remedo trágico de la popular película  Rat Race (Ratas a la carrera). Un millonario excéntrico, una carrera a contrarreloj, una jugosa suma en juego.

El parecido sería cómico si la propuesta de Fenn no hubiese dejado ya cuatro cadáveres por el camino.

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