El sueño de los "Pirineos Catalanes" se trunca: el departamento francés de los Pirineos Orientales rechaza cambiar de nombre

Diada
  • La consulta reabre una herida de 367 años: la frontera que partió Cataluña en dos desde el Tratado de los Pirineos de 1659

  • Un referéndum con solo el 10,57% de participación decide, por 1.933 votos, no rebautizar el departamento como "Pirineos Catalanes"

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Ganó "Pirineos Orientales", el nombre que lleva desde la Revolución Francesa. Perdió "Pirineos Catalanes", con 16.092 votos frente a 18.025, apenas 1.933 papeletas de diferencia. Y perdió, sobre todo, la participación: solo votó el 10,57% del censo, 38.178 personas de 384.000 electores llamados a las urnas entre el 22 de junio y el 15 de agosto.

Minuto y resultado. La presidenta del Consejo Departamental, Hermeline Malherbe, zanjó la consulta con un "la democracia ha hablado", defendiendo que mantener el nombre "no implica en absoluto una renuncia" a la identidad catalana. Plataforma per la Llengua, que apoyaba el cambio, matizó que el resultado "no se puede interpretar como un voto contra la catalanidad" y acusó al departamento de haber organizado la logística sin hacer campaña pedagógica.

Segundo fracaso. En 2016, cuando Francia fusionó Languedoc-Rosellón con Mediodía-Pirineos, una consulta similar barajó "Occitania-País Català" para la nueva región. Ganó, sin sorpresas, "Occitania" a secas. El departamento 66 repite, 8 años después, el mismo patrón. Y el catalanismo administrativo francés acumula ya dos derrotas. Louis Aliot, alcalde de Perpiñán y vicepresidente del Reagrupamiento Nacional (el partido de Le Pen), pidió el voto por mantener el nombre histórico; su bando ganó por el margen mínimo. Si esto es una victoria de "lepenismo anticatalanista", ha sido la victoria más tibia posible.

Por qué existe esta frontera. El origen se remonta al Tratado de los Pirineos de 1659, firmado en la Isla de los Faisanes tras 24 años de guerra entre las coronas de España y Francia. España cedió el Rosellón, el Conflent, el Vallespir y media Cerdaña, dividiendo administrativamente un territorio que hasta entonces formaba unidad cultural y lingüística continua a ambos lados de la cordillera. Y aquel reparto sigue generando anomalías: Llívia, una villa de la Cerdaña, se salvó de pasar a Francia por un tecnicismo del propio tratado —tenía estatuto de villa, no de "lugar"— y sigue siendo hoy un enclave español rodeado por completo de territorio francés.

El retroceso lingüístico. Junts per Catalunya apoyó "Pirineos Catalanes" desde el Principado, y perdió. El catalán en la Cataluña Norte —nombre según quienes defienden su identidad histórica— convive, pero desde hace siglo y medio sufre un proceso de sustitución progresiva por el francés, acelerado por la escolarización obligatoria republicana desde finales del siglo XIX. Al sur de la frontera, el catalán como lengua habitual ha caído del 36,1% al 32,6% de la población entre 2018 y 2023, según la Encuesta de Usos Lingüísticos del Idescat.

Paralelismo vasco. La propia Isla de los Faisanes, donde se firmó el tratado que originó todo esto, es hoy el único condominio activo del mundo entre dos países: España y Francia intercambian soberanía cada seis meses, desde 1856. Y esa misma frontera vasco-francesa fue durante décadas algo peor que una discusión de topónimos: el "santuario etarra". Francia toleró la presencia del grupo terrorista en Iparralde y concedió estatuto de refugiado político a sus militantes. Empezó a colaborar activamente contra la banda a partir de 1984, con la extradición sistemática, ya en democracia.

Contraste frente a la Alsacia. Alsacia perdió su nombre institucional en 2016, al integrarse en la macrorregión "Gran Este" junto a Lorena y Champaña-Ardenas. A diferencia del caso catalán, la Asamblea Nacional aprobó en 2019 fusionar sus dos departamentos —Alto y Bajo Rin— en una nueva "Colectividad Europea de Alsacia" que recuperó el nombre histórico en 2021, con competencias reforzadas en bilingüismo y cooperación transfronteriza. La diferencia demostró voluntad política, a través de una votación parlamentaria aprobada por amplia mayoría.

Al otro lado de la cordillera. En la vertiente española de los mismos Pirineos, el Valle de Arán ofrece el caso inverso: una identidad lingüística minoritaria, el aranés —variante del occitano—, logró reconocimiento oficial pleno en Cataluña en 1990 y cooficialidad en todo el territorio catalán desde 2010, pese a contar con apenas entre 3.000 y 5.000 hablantes nativos. Y es que la disputa nominativa sin resolver en el Rosellón atiende, ante todo, a una serie de decisiones judiciales un tanto endebles.

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