La situación del koala no es tan dramática, pero los incendios de Australia sí son una catástrofe ambiental

Coches que se acaban convirtiendo en un río de metal líquido. Miles de aldeanos que tienen que huir a toda prisa de sus casas y refugiarse en barcos a la orilla del mar a la espera de la asistencia de las autoridades. Cacatúas que caen muertas de los árboles por el asfixiante calor. Koalas que detienen a pelotones de ciclistas para pedirles agua. Un trozo del tamaño de Bélgica del territorio australiano está en llamas. Han muerto ya 17 personas y la catástrofe ambiental es crítica, con algunas cifras verdaderamente devastadoras.

500 millones de animales muertos: en realidad las cifras oficiales no se conocen, pero el dato sale de la investigación de un equipo de la Universidad de Sidney. Otros expertos apuntan a que la cifra puede ser más alta de la prevista, pero que dado que los fuegos no han aminorado hasta ayer no se ha podido cuantificar con precisión el nivel de daños. Tracy Burgess, la voluntaria de una asociación medioambiental, contó a Reuters que están preocupados por el bajo nivel de ingresos de animales que han registrado, señal de que el fuego puede haber sido letal para amplios porcentajes de especies.

Loc canguros, wombats y demonios de Tasmania están entre los afectados, así como otras especies en peligro de extinción, pero también les ha llamado la atención la situación del gran símbolo nacional, los koalas: se cree que el 30% de una colonia de la costa noreste (entre 4.500 y 8.400 ejemplares) haya sido arrasada. El koala, un marsupial lento, no es capaz de huir del medio a la suficiente velocidad, y suele vivir en eucaliptos, árboles altamente inflamables.

Aunque hay que ser cauto a la hora de certificar el fin de los koalas. Un informe de 2016 estimaba que había 329.000 especímenes sueltos por el territorio australiano. Sí que es cierto que antes de los últimos incendios se había anunciado que su población había disminuido hasta en un 80% en zonas como el norte de Nueva Gales del Sur. Además, se contaba con su preservación en la región de Victoria, que justo ahora es pasto de las llamas. Pero todo indica que el nivel de alarma por el estado de la población de los koalas se ha exagerado.

No se conocerá el nivel de la catástrofe hasta que acabe la temporada de fuegos.

Normalidad climática: si el país oceánico está viviendo una de las mayores sequías de su historia es, como ya nos imaginamos, culpa del cambio climático. Las temporadas de fuegos serán cada vez más duras y largas. Ahora mismo no se prevén lluvias a corto plazo. Un estudio de 2007 ya calculaba que la voracidad de las temporadas de fuegos (más rápidos, más intensos, con menos tiempo de aminoramiento entre ellos) aumentarían entre un 5 y un 20% para 2020.

Es un tipo de situación de emergencia para la que los australianos no estaban preparados pero con la que tendrán que empezar a contar a partir de ahora. Por todo esto es lógico que el primer ministro, el liberal Scott Morrison que defendía el uso de combustibles fósiles y nunca tuvo una gran preocupación medioambiental, se esté convirtiendo en el centro de todas las críticas, con ciudadanos insultándole en cada aparición pública.

¿Cómo puedo ayudar? Si te preocupa la situación del continente puedes ayudar a combatir el fuego donando a Vinnies, Cruz Roja o el Servicio de bomberos rurales de Nueva Gales del Sur. Wires Wildlife Rescue y Koalas In Care ponen el foco específico en el rescate de animales.

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