
La RSPCA calcula que en Inglaterra y Gales las alertas de casos sospechosos se han disparado un 70% desde 2021
Ocurrió en Madrid, a finales de 2024. Las autoridades entraron en el piso de una mujer del distrito de Chamartín que convivía con 74 gatos en condiciones tan insalubres que, tras el rescate y a pesar de los esfuerzos de la protectora, varios de los mininos murieron poco después. Aunque esa cifra (74) resulte chocante, el de Madrid es solo uno de los muchos (muchísimos) casos de 'síndrome de Noé' que la policía registra cada año, tanto en España como en otros países.
El tema acapara titulares solo cuando se destapan sucesos tan sangrantes como el de Chamartín, pero lo cierto es que cada vez hay más estudios que sugieren que el acaparamiento de animales es un problema grave y (la clave) creciente.
¿Qué es el síndrome de Noé? Un trastorno similar al síndrome de Diógenes (en ocasiones ambos se solapan) que consiste en la acumulación compulsiva y desproporcionada de animales, lo que a su vez deriva en situaciones de riesgo tanto para estos últimos como para quien padece el desorden y su entorno más próximo, sobre todo si vive en comunidad. En general, más allá de ese acaparamiento, se considera que el síndrome llega acompañado de otros dos rasgos relacionados entre sí.
El primero es que quien padece el síndrome acaba siendo incapaz de mantener en buenas condiciones a sus animales. No se trata solo de convivir con un número desproporcionado de perros y gatos en espacios más o menos reducidos. Las personas con 'síndrome de Noe' son incapaces de atender sus necesidades más elementales. La segunda característica es que tampoco ven el problema. Aunque en ocasiones ellas mismas piden ayuda (ocurrió en Chamartín) suelen negar su desorden, lo minimizan o recelan de quienes intentan auxiliarlas.
¿Por qué supone un problema? Por muchas razones. Para empezar, porque a menudo detrás de cada caso de síndrome de Noé se esconde un drama. Quienes acaparan animales suelen empezar haciéndolo movidos por "buenas intenciones", como reconoce PETA. Con el tiempo sin embargo su propósito se desvía y su desorden acaba derivando en todo lo contrario: "Conductas delictivas con consecuencias horribles para los animales, sus familiares y comunidades". Los gatos y perros acaban viviendo acinados, entre heces y desnutridos, una situación que se agrava a medida que aumenta la colonia. Y eso no es difícil si su dueño no se encarga de castrarlos.
Un ejemplo claro de esa dinámica se registró hace no mucho en Inglaterra, donde se rescataron 250 caniches que vivían apretujados en una misma vivienda. Cuando informó del caso, la Real Sociedad para la Prevención de la Crueldad contra los Animales (RSPCA) publicó una foto en la que se ve un salón atestado de canes sucios y con greñas. La imagen es tan impactando que la RSPCA empezó a recibir críticas de gente convencida de que la había generado con IA. Sus responsables tuvieron que salir a desmentirlo de forma categórica: "La imagen, impactante, refleja la realidad".
¿A cuánta gente afecta el síndrome? En el comunicado que lanzó para reivindicar la autenticidad de la foto, la RSPCA no solo insiste en el drama de los casos de síndrome de Noé. También deja botando una idea preocupante: su personal se encuentra “cada vez con mayor frecuencia” con casos de maltrato en los que se ven implicados múltiples animales a la vez: 10, 20 o hasta un centenar. ¿Por qué es importante? Porque nos da una pista sobre la incidencia (y evolución) de los episodios que pueden encajar en el síndrome de Noé.
Para ser precisos, desde 2021 RSPCA ha constatado un aumento del 70% en "los incidentes con varios animales" en Inglaterra y Gales. No todos pueden relacionarse con el síndrome, pero aún así el dato resulta elocuente. "Los casos en los que se mantiene a un gran número de animales en una misma casa pueden relacionarse con problemas de salud mental, la crisis del coste de la vida o criadores que operan con prácticas inadecuadas", precisa la organización, que advierte: "Incluso personas que al principio tenían buenas intenciones a menudo ven cómo la situación se les va de las manos".
¿Hay más datos? Sí. La RSPCA asegura que solo el año pasado respondió a 4.200 alertas relacionadas con casos de maltrato que implicaban a (al menos) una decena de animales, siempre en una misma dirección. Y eso solo en Inglaterra y Gales.
La organización advierte del impacto del encarecimiento de la vida, las malas prácticas de cría y el aumento de los abandonos. Más allá del problema de salud pública que representan, casos así afectan directamente a los perros y gatos implicados. Aun en el caso de que sean rescatados, a menudo sufren secuelas que complican que encuentren un nuevo hogar. Por ejemplo, padecen estrés cuando se quedan solos, les cuesta adaptarse u orinan y defecan donde no deben.
¿Y más allá de Inglaterra? No abundan los estudios estadísticos o de incidencia sobre episodios de acumulación de animales, pero sí hay pistas que señalan que Reino Unido no es un caso excepcional. En abril de 2025 The Korea Times señalaba que el problema parece estar aumentando también en Corea del Sur y hace no mucho la NBC apuntaba en la misma dirección hablando de EEUU. La Federación Alemana de Bienestar Animal informaba en septiembre de la notificación de 147 casos en un año con 8.911 animales afectados. Para hacernos una idea, son unos 2.000 más que el año anterior.
¿Qué ocurre en España? En España el síndrome de Noé ha motivado (además de cientos de noticias) informes elaborados por protectoras, abogados o colegios de veterinarios.
Uno de los estudios más interesantes sobre la materia lo publicó en 2014 un grupo de investigadores de Fundación Affinity. Tras analizar 24 informes de casos que afectaron a 1.218 perros y gatos y 27 personas, los expertos concluyeron que la gran mayoría de quienes acaparan animales son personas mayores (tanto hombres como mujeres), socialmente aislados y que acumulaban de media unos 50 animales, sobre todo perros. En el 75% de los casos los canes y gatos estaban mal atendidos, lo que incluía heridas, enfermedades infecciosas o parásitos.
El fenómeno coincide con un cambio en la propia sociedad española, cada vez más envejecida y en la que también están aumentando los hogares unipersonales.
Imágenes | Halogen Condense (Unsplash)
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