El panorama que se dibuja a diez años vista no es el de una ruptura, sino el de una transformación progresiva en la que Marruecos gana capacidades e influencia
La escena tuvo lugar en la década de 1980, cuando Estados Unidos utilizó discretamente las bases en el sur de España para lanzar ataques aéreos sobre Libia, una operación que mostró hasta qué punto los equilibrios estratégicos en el Mediterráneo podía depender de acuerdos poco visibles para la opinión pública. Décadas después, ese mismo tablero vuelve a moverse, aunque por caminos menos evidentes para España.
Un giro silencioso en el Estrecho. En el entorno del Estrecho de Gibraltar se está produciendo un cambio estratégico de fondo que no responde a un solo movimiento en sí, sino a toda una acumulación de decisiones sostenidas en el tiempo que están reforzando a Marruecos como actor militar clave en el flanco sur europeo.
Ese movimiento, aunque sigue sin ser público, ahora ha adquirido carácter oficial con la firma de una hoja de ruta de defensa entre los gobiernos de Rabat y Washington para la próxima década, un movimiento que no es baladí ni un gesto aislado, sino la formalización de una apuesta más amplia en la que Estados Unidos consolida a Marruecos en los próximos 10 años como su socio preferente en el norte de África, con implicaciones directas para el equilibrio regional y, qué duda cabe, para la posición de España.
De socio regional a plataforma estratégica. Sí, porque la relación entre ambos países ha evolucionado hasta convertir a Marruecos en algo más que un aliado, pasando a desempeñar el papel de plataforma operativa y tecnológica desde la que Estados Unidos proyecta influencia hacia África y el Mediterráneo.
Ejemplos hay varios, por ejemplo, los ejercicios como African Lion, que integran tropas, industria y tecnología, y reflejan esta transformación, al igual que la incorporación de capacidades avanzadas como el sistema Link-16, que acerca a Marruecos a estándares propios de la OTAN. Este salto no solo mejora la interoperabilidad militar, sino que sitúa al país en una posición privilegiada dentro de la arquitectura de seguridad occidental.
Acceso a tecnología avanzada. El refuerzo de esta alianza se traduce en una modernización militar sin precedentes, con un aumento significativo del gasto en defensa y el acceso a sistemas que hasta hace poco estaban fuera de su alcance, desde helicópteros de ataque Apache hasta munición guiada y potencialmente los todopoderosos cazas F-35 Lightning II.
A ello se suma el desarrollo de una industria de defensa propia, con plantas de producción, mantenimiento y formación que permiten a Marruecos no solo adquirir capacidades, sino empezar a consolidarlas de forma autónoma, reduciendo su dependencia externa a largo plazo.
Un rearme para cambiar el equilibrio. Sea como fuere y a pesar de este avance, España mantiene por ahora una superioridad clara en términos estructurales, especialmente en el ámbito naval y en su base tecnológica e industrial, lo que le permite conservar una ventaja significativa frente a Marruecos.
Sin embargo, dicha ventaja ya no es tan amplia como en el pasado, y la tendencia y el acuerdo con Washington apunta a una convergencia progresiva, impulsada por el crecimiento económico marroquí y su inversión sostenida en capacidades militares. Si se quiere, el resultado no es un equilibrio inmediato, pero sí un entorno cada vez más competitivo en el que la distancia entre ambos países se reduce de forma constante.
Tecnología, influencia y proyección. Plus: el objetivo de Marruecos no se limita a mejorar su capacidad militar, sino que muy posiblemente forma parte de una estrategia más amplia para aumentar su peso geopolítico en el Magreb, el Sahel y el conjunto del Mediterráneo occidental.
El respaldo estadounidense, junto con su acercamiento a otros socios como Israel, refuerza esta idea y ambición, permitiendo a Rabat posicionarse como un actor central en la seguridad regional y como interlocutor privilegiado de las grandes potencias en la zona.
Cambio gradual. En definitiva, el panorama que se dibuja a diez años vista no es el de una ruptura abrupta y total, oor supuesto, sino más bien el de una transformación progresiva en la que Marruecos gana capacidades, influencia y margen de maniobra gracias al respaldo de Estados Unidos.
En ese proceso, España seguirá siendo el actor dominante en el plano militar, pero ya no opera en un entorno estático, sino en uno en el que su vecino del sur, muchas veces incómodo según las circunstancias, se está fortaleciendo de forma constante, alterando lentamente los equilibrios en uno de los puntos más sensibles de Europa, y nucleares de España.
Imagen | US Africa Command, NARA
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