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En el siglo XIII unos monjes destrozaron un valioso manuscrito de la Biblia. Acabamos de recuperar 42 de sus páginas

Con ayuda de la ciencia, un grupo de investigadores han rescatado contenido perdido del 'Códice H' 

Carlos Prego

Editor - Magnet

La del 'Códice H' es una historia irónica. Pese a su enorme valor, en el siglo XIII los monjes del Monasterio de la Gran Laura (Grecia) decidieron desarmarlo para reutilizar sus materiales en otras obras. El pergamino escaseaba y tocaba reciclar, aunque fuese a costa de desbaratar un manuscrito que ya por entonces tenía más de 400 años de antigüedad. Los historiadores siempre han dado su contenido por perdido. Ahora, con ayuda de la ciencia, han rescatado más de 40 páginas.

Y son un auténtico tesoro.

¿Qué es el 'Codice H'? Un manuscrito del siglo VI especialmente valioso por su contenido. Más allá de su antigüedad, de su valor patrimonial o como curiosidad, la obra es interesante porque nos ofrece una copia de las Cartas de San Pablo realizada solo unos siglos después de que el propio apóstol las escribiera. 

Es decir, el códice se escribió en griego unos siglos después (VI) de que Pablo de Tarso redactase sus epístolas en el I d.C. Quizás parezca mucho tiempo, pero a los eruditos que estudian el Nuevo Testamento les ofrece un valioso tesoro: una pista de cómo se organizaban esas epístolas en la Alta Edad Media. El 'Códice H' tiene además otra peculiaridad: es la muestra más antigua del conocido como "Aparato Euthaliano", un sistema de divisiones y anotaciones del Nuevo Testamento.

¿Y qué pasó con él? Que la obra acabó desmantelada. Literalmente. En el siglo XIII el pergamino era un bien escaso, así que en el Monasterio de la Gran Laura, en el Monte Athos (Grecia), decidieron sacrificar el manuscrito para aprovechar sus materiales. Su idea era emplear el pergamino para encuadernar y crear guardas para otras obras, por lo que entintaron de nuevo sus páginas.

Eso explica que los investigadores hayan encontrado fragmentos de la obra dispersos por bibliotecas de Italia, Grecia, Rusia, Ucrania o Francia. Otras páginas nunca aparecieron y se daban por perdidas para siempre.

¿Y no fue así? No exactamente. Los monjes del XIII quizás reciclasen el pergamino para elaborar guardas y encuadernar otros manuscritos, pero eso no significa que las páginas originales (y su contenido) se hubiese perdido. No al menos cuando se examinan con ayuda de la ciencia del siglo XXI.

"Sabíamos que, en algún momento, el manuscrito fue entintado de nuevo. Los productos químicos de la nueva tinta causaron daños por 'desplazamiento' en las páginas enfrentadas, creando una imagen especular del texto en la hoja opuesta, dejando a veces rastros de varias páginas, apenas visibles, pero muy claros con ayuda de las últimas técnicas de imagen", explica Garrick Allen, profesor de la Universidad de Glasgow y uno de los expertos que han estudiado el códice.

¿Qué han hecho exactamente? Con la colaboración de la Biblioteca Electrónica de Manuscritos Antiguos (EMEL), los investigadores usaron imágenes multiespectrales y procesaron las páginas que se conservan a la caza de "textos 'fantasma'". El término quizás suene extraño, pero básicamente permite a los expertos sacar el máximo partido de un folio, buscando rastros  que les permitan reconstruir otras páginas que ya no se conservan físicamente. 

Para garantizar la precisión histórica el equipo dirigido por el profesor Allen colaboró con expertos de París que, gracias a la datación por radiocarbono, confirmaron que el material con el que trabajan era pergamino del VI.

¿Qué encontraron? Ni más ni menos que 42 páginas perdidas (hasta ahora) del 'Códice H'. Y eso es mucho más importante de lo que pueda parecer a simple vista. Los textos recuperados son fragmentos de Cartas de San Pablo, escritos que ya se conocían y no suponen ninguna novedad histórica en sí. Lo realmente interesante no son tanto sus frases como todo lo que las rodea. 

¿Qué sígnica eso? Que esas 42 páginas aportan una enorme cantidad de información a los investigadores sobre cuestiones como la forma de trabajar de los escribas, cómo se relacionaban con la obra de Pablo, cómo las organizaban y (por supuesto) cómo reutilizaban los materiales cuando los códices envejecían.

¿Tanta información les da? La Universidad de Glasgow destaca sobre todo cómo las 42 páginas del códice nos ayudan a comprender mejor los cambios que ha experimentado el Nuevo Testamento. "Ofrecen una perspectiva única sobre cómo ha evolucionado y se ha interpretado a lo largo de los siglos", señala la institución antes de detenerse en concreto en la "lista de capítulos"

"Estas páginas contienen los ejemplos más antiguos que se conocen de listas de capítulos de las Cartas de Pablo, que difieren drásticamente de cómo dividimos estas cartas hoy en día", precisan en Glasgow. El códice griego también aporta información sobre cómo los escribas del siglo VI corregían, anotaban en interactuaban con las epístolas de San Pablo con los que trabajaban.

Imágenes | University of Glasgow

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