Las salas de control soviéticas eran auténticas obras de arte. Estas 17 imágenes lo demuestran

Una versión anterior de este artículo se publicó en enero de 2018.

Corría 1961 y los dirigentes de la Unión Soviética habían caído locamente enamorados de la "cibernética". Al término de la Segunda Guerra Mundial, los trabajos de Gregory Bateson había alcanzado su pico de popularidad máximo, y sus naturales preocupaciones en torno al control, la gestión, la recursividad y la información encajaban como anillo al dedo en la economía planificada comunista.

No es de extrañar, pues, que aquel año el Partido Comunista debatiera con fervor las potenciales ramificaciones y beneficios de la cibernética en el glorioso futuro de la Unión Soviética. Khrushchev incluyó el término en su catálogo de estrategias clave para "aplastar a Occidente", y la potencial modernización, computerización y digitalización gestora del gigante comunista causó honda preocupación en la administración Kennedy.

¿Pero en qué consistía la cacareada cibernética soviética? Grosso modo, fue un conjunto de principios que contribuirían a mejorar la información proveniente de la economía planificada a través de centros de control de datos regionales interconectados entre sí. En todo este proceso, en el estudio exhaustivo de la gestión de los procesos y del país, jugaría un papel clave una novísima red de proto-ordenadores y alta tecnología soviética.

En última instancia, el proyecto cibernético (tan similar al actual Internet) resultó en fracaso, en tanto que la URSS jamás fue capaz de levantar una red nacional de ordenadores y computadoras que permitieran gestionar de forma inteligente y centralizada los variados resortes de la economía planificada. La visión cibernética permeó muchos proyectos posteriores, y se plasmó de artística forma en las salas de control de muchas centrales energéticas.

Al fin y al cabo, ¿qué mejor lugar que la sala de control de una central nuclear para experimentar con modelos de gestión y control de un organismo complejísimo? A pequeña escala, las centrales y las fábricas soviéticas eran proyecciones del grandioso organismo económico planificado (y en última instancia, fallido). Preñados por estas fantasiosas ideas, los diseñadores soviéticos crearon salas de control (lugares asociados a nuestra memoria con el aburrimiento) de inmensa belleza racionalista y futurista.

En Present & Correct han recopilado muchas de ellas, todas provenientes de los años sesenta y setenta. Aquellos diseños racionales se implementaron en las salas de control de las centrales térmicas, torres de control o centrales nucleares al mismo tiempo en otras partes del mundo, y permitieron gestionar de forma más eficaz los complejos mecanismos para la creación de energía. En el caso soviético, como siempre, con un punto de bello magnetismo y de exotismo fascinante.

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