
Muchos gatos responden con agresividad a las caricias
No es malicia, es un mecanismo de supervivencia funcional
Tu gato se te acerca pidiendo mimos y tú obedeces. Estás la mar de a gusto acariciándolo cuando, de la nada, te araña o te da un mordisco y se va. Es una situación que quienes tenemos gatos hemos vivido más de una vez (y de doscientas). Siempre hay que descartar que no haya una causa médica subyacente como osteoartritis o algún problema neurológico, pero es un comportamiento muy común. ¿Qué le pasa a tu gato?
No me toques. Es básicamente lo que te está intentando decir. Un estudio de 2022 analizó este fenómeno y concluyó que un mordisco durante las caricias no tiene nada que ver con la malicia, sino que es un mecanismo de supervivencia funcional. Dicho de otro modo: tu gato ha aprendido que para que pares de tocarlo tiene que morderte.
No entendemos las señales. En una investigación de la Universidad de Guelph entrevistaron a más de 2.600 tutores de gatos y descubrieron que, aunque reconocieron signos obvios de miedo, tenían serias dificultades para interpretar señales sutiles de advertencia, como los cambios en la posición de las orejas, relamerse o mover la cola con más intensidad. Antes de morder, tu gato ya te ha avisado.
Las causas. Hay gatos que directamente no quieren que les toquen y rechazan las caricias por completo, en este caso la respuesta suele ser inmediata, pero hay gatos que disfrutan de las caricias y pasado un rato muerden. Puede ser debido a que las caricias les resultan repetitivas o que hemos subido la intensidad sin darnos, haciendo que pasen de ser algo agradable a generar una excitación excesiva que haga que el animal quiera que te detengas.
Otro clásico es que nos llevemos un mordisco al tocar alguna zona "prohibida", como la tripa o las patas. Hay que tener en cuenta que los gatos se acicalan entre ellos casi exclusivamente en la cabeza y el cuello, por eso a la mayoría de gatos no les gusta que les toquen en otras partes del cuerpo.
Lo que no hay que hacer. Castigar a un gato nunca funciona porque no asocian el castigo a su comportamiento, es más, el resultado suele ser que el problema empeora. La investigación de Guelph que mencionábamos concluyó que los tutores que tenían reacciones agresivas, como gritar o apartar al gato bruscamente, consiguieron que aumentara la intensidad y frecuencia de las agresiones por caricias. El colegio de veterinarios de la Universidad de Cornell también recomienda evitar acariciar o manipular al gato sin su consentimiento, sobre todo si está realizando una actividad como comer o acicalarse.
Lo que sí se debe hacer. La clave para evitar la agresión por sobreestimulación es principalmente aprender a respetar los límites de nuestro gato y reeducar la forma en la que interactuamos con él. Estas son algunas estrategias recomendadas:
- Para antes de que te pare: fíjate en las señales de advertencia. Si ves que empieza a mover la cola de forma brusca, se le dilatan las pupilas, echa las orejas hacia atrás o gira la cabeza hacia tu mano, detén las caricias. De esta forma, si somos nosotros quienes nos detenemos, poco a poco el animal aprende que no necesita morder para que las caricias terminen.
- Contracondicionamiento: una estrategia efectiva es dar sesiones de caricias breves, de forma que el animal no llegue a alcanzar el punto de sobreestimulación, y terminarlas con una recompensa como un snack.
- Conoce sus límites: conocer y respetar los límites de tu gato es lo más importante de todo. Por ejemplo, no tocarle la tripa o cogerlo en brazos si sabes que no le gusta. También hay gatos que no disfrutan ningún tipo de caricias (tengo uno de esos) y no queda otra que aceptarlo ya que es la única forma de que confíe en ti y tengáis una buena relación.
Imagen | Esra Afşar, Pexels
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