El embalse más antiguo de Europa está en un pueblo de Alicante, sigue funcionando y fue encargado por... Felipe II

Embalses

España alberga 374 embalses y casi 1.500 presas que atrapan más del 50% del caudal fluvial del país

Editor

Se lía a llover y alguien dice: "Todo este agua hará falta para después". La relación de España con presas, embalses y pantanos parece complicada, como si atrapar cada gota de una lluvia torrencial fuera un requisito simple. La realidad es que en nuestro país existen 374 embalses con 56.000 hectómetros cúbicos (hm³) de capacidad. Esto implica atrapar aproximadamente el 50% del caudal fluvial del país.

Porque España siempre fue tierra de embalses. Antes de que existiera su nombre oficial, antes de la Ilustración, antes incluso de que Velázquez naciera, ya había una presa de 46 metros conteniendo agua en un pueblo de Alicante. Sigue en pie y, de hecho, sigue funcionando. Y sigue regando huertas todos los veranos.

Encargado por un rey, no por un dictador. El Pantano de Tibi se levanta sobre el río Monnegre, entre los municipios de Tibi y Jijona. Felipe II encargó su construcción en 1580 al ingeniero italiano Juan Bautista Antonelli, tras una propuesta de dos vecinos de Muchamiel, Miguel Alcaraz y Pere Izquierdo, que conocían bien el comportamiento del río.

Tras el primer empujón, las obras se pararon por falta de dinero con solo seis metros de muro levantados. Se retomaron nueve años después y terminaron en 1594. El resultado: una presa de gravedad con planta curva, 46 metros de altura y 65 de coronación, la más alta de Europa en su época, un récord que no se superó hasta la Ilustración. Su diseño en arco, con un radio de 107 metros, anticipó la técnica de las presas de arco modernas, aquellas que transfieren el empuje del agua hacia sus estribos y cimientos.

Rota, reparada, y todavía en uso. El pantano sufrió una rotura importante en 1697 y varias generaciones se quedaron sin poder usarla. En 1601, una riada abrió una grieta y dejó el embalse seco. Lo repararon, pero mal. Y siguieron pasando los años. Hasta 1697, donde una rotura grave dejó a varias generaciones sin poder usar su agua. De hecho, la presa permaneció 40 años inhabilitada. Por aquellos días nace una leyenda que bien se merece su película de folk horror: el Quarantamaula, un bicho mitad gato, mitad gallo, mitad lobo, que se escondía entre los cañizares. Nadie supo dónde se originaron las grietas y hablaron de saboteos. 

Quizá fue la inclinación del terreno, quizá fue un atentado o algo intencional recurriendo a un bidón de pólvora. O simplemente se recurrió a materiales demasiado baratos. En 1736 empieza la reparación y dura dos años. Y hasta hoy. Los sedimentos acumulados durante siglos redujeron su capacidad original, de entre 4 y 5,4 millones de metros cúbicos, hasta los 2 hectómetros cúbicos actuales. Aun así, el Sindicato de Riegos de la Huerta de Alicante lo sigue gestionando para el mismo fin con el que se construyó: regar la huerta alicantina. En 1994, coincidiendo con el cuarto centenario de su finalización, la Generalitat Valenciana lo declaró Bien de Interés Cultural.

Por qué sigue en pie. El secreto no está solo en la piedra, está en la roca de alrededor. Los técnicos eligieron un desfiladero de apenas nueve metros de ancho entre dos paredes calizas casi verticales, Mos del Bou y La Cresta, y trazaron el muro en curva, radio de 107 metros, para que el empuje del agua se transmitiera lateralmente hacia esa roca en vez de caer solo sobre la presa. En la práctica construyeron menos una pared y más una prolongación artificial de la montaña: de suelo a cielo, esto era sillería labrada por fuera, mampostería de relleno por dentro.

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Esa idea curva, tan contraintuitiva en 1580, no salió de ningún ingeniero de la Corona: la propuso Pere Esquerdo, molinero de Mutxamel al que las crónicas locales llaman «el primer inventor del pantano». Los técnicos reales, los Antonelli, Jorge Palearo —y Juan de Herrera, el mismo arquitecto de El Escorial, para la revisión final de 1594—, se limitaron a perfeccionar la idea de un vecino sin título. El resultado aguantó dos siglos como la presa más alta del mundo. En 1941, ya en pleno franquismo, se añadió un túnel de desagüe nuevo. Eso es todo lo que el régimen tocó del Tibi, cuando ya llevaba casi 350 años operando. El muro que hoy se ve sigue siendo, en esencia, el de 1594.

Hay presas todavía más viejas. De hecho, Tibi comparte podio con el embalse de Almansa, en Albacete, terminado en 1584 y considerado la primera construcción moderna de este tipo en Europa. Entre las dos, Tibi es la que lleva más tiempo funcionando sin interrupción y la que más piedra removió (más de 40.000 metros cúbicos).

Y ninguna de las dos es la más antigua del país: el inventario oficial de grandes presas arranca con Cornalvo y Proserpina, cerca de Mérida, construidas por los romanos en el siglo I. Y cualquier historiador sabe que ya construyeron sobre mojado. Sobre el Arroyo de la Albuhera (afluente del Aljucén y, a su vez, del Guadiana), Mérida, capital romana de Lusitania, contó con esta presa de tierra y hormigón recubierto de sillares graníticos más antiguos. Más de cien de las grandes presas que hoy siguen habiendo en España ya existían en 1915, dos décadas antes de la Guerra Civil.

El chiste no cuadra con la historia. La broma recurrente de que, ante cualquier pantano, se diga "lo hizo Franco" es una pantomima. El propio régimen alimentó esa idea a propósito con el NO-DO, mostrando al dictador cortando cintas e inaugurando compuertas. Y es cierto que se construyeron muchísimos embalses entre 1939 y 1975: la WWF calcula 581 grandes presas solo entre 1950 y 1980, con mano de obra de presos políticos en condiciones de trabajo forzado. 

Pero la política hidráulica española no la inventó el franquismo. Nació en 1902 con el Plan Gasset, y se institucionalizó en 1926, bajo Primo de Rivera, con la creación de las Confederaciones Hidrográficas. Su versión Avengers, la más ambiciosa, el Plan Nacional de Obras Hidráulicas de 1933, fue un proyecto de la Segunda República, con Indalecio Prieto al frente. El propio Plan Badajoz, bandera del franquismo, tiene su embrión en aquellos años republicanos. Cuando Franco nació, Tibi y Almansa llevaban tres siglos alimentando a los suyos.

Las cifras de hoy. España tiene actualmente entre 1.200 y 1.300 grandes presas, quinto país del mundo tras China, Estados Unidos, India y Japón, con una capacidad conjunta de 56.043 hectómetros cúbicos, según el último boletín del Ministerio para la Transición Ecológica. Ahora mismo tenemos almacenados más 40.000 hm³, a un 75% de la capacidad total, casi diez puntos por encima de la media de los últimos diez años.

El mayor de todos, el embalse de La Serena, en Badajoz, guarda más agua que ningún otro en España y solo lo superan dos en toda Europa. Dato curioso: apenas 96 embalses, de los más de mil que hay, acumulan el 85% de toda el agua embalsada del país. El resto —Tibi incluido— son mayoría en número, si bien una fracción mínima en volumen. Siguen siendo esenciales para sus regiones, eso sí.

Imágenes | Triplecaña para Wikipedia / Unsplash (Yuliya Matuzava)

En Xataka | España sigue teniendo decenas de embalses que no se pueden usar porque literalmente nadie ha puesto tuberías



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