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La niña que abraza a una fuente creyendo que es un robot es, quizá, el último rayo de esperanza de la humanidad

Andrés P. Mohorte

Subdirector de Xataka

La humanidad se encamina de forma inexorable hacia la robotización del trabajo: un proceso lento, brumoso y certero en el que miles de puestos laborales se verán sustituidos para siempre por máquinas. En el camino, como ya sucediera hace dos siglos, surgirán los conflictos, y para muchos el robot quizá pase a representar el nuevo enemigo del ser humano, en una espiral de caos, violencia y perenne hostilidad mutua.

O no necesariamente. A tan oscuros augurios, alimentados durante décadas por nuestra imaginación gracias a supuestos teóricos como Skynet, podemos contraponer vídeos como el de esta pequeña llamada Rayna, cuyo prístino corazón ajeno a la maldad y los horrores del planeta le empuja de forma irremediable a abrazar a un falso robot. Y decimos falso, porque es una fuente estropeada. Cosa que a la niña le da igual.

Ella es el ejemplo de la conciliación del robot y del humano: de un futuro donde caminaremos en paz y de la mano.

La escena es tan tierna ("Hi, wobot", pronuncia en su primitivo inglés) que acumula casi medio millón de visionados en YouTube en apenas un puñado de horas, y ha flotado como un magma efervescente en todas las redes sociales. Tal es el breve fenómeno o el hype depositado en ella que Know Your Meme ha abierto de forma obligatoria una página para ella. Tanto por sus implicaciones tiernas como por su esperanzador mensaje.

Al fin y al cabo los humanos tendemos a preocuparnos por los robots. El de Rayna es el ejemplo último y adorable de la antropormofización de las cosas, o más concretamente de las máquinas: dado que esos trastos en el futuro van a fabricarnos las casas y a tendernos la colada, qué mejor que dotarles de aspecto humano y qué idea más brillante que establecer vínculos emocionales (adiós, Philae) por ellos sólo porque se parecen a nosotros.

Detrás de esto, por cierto, se esconde el no-tan-cómico movimiento contra el maltrato de los robots, un grupo humorístico que surgió después de las imágenes de agresiones físicas por parte de humanos a robots experimentales (Boston Dynamics tuvo la culpa). Aquellos perretes de acero y aquellos humanos con ruedas en forma de máquina nos resultaban cercanos y amigables, y nos daban pena. Empatizábamos con ellos.

A Rayna le sucede tres cuartas partes de lo mismo: ve una fuente con dos robots gigantes y la ama como si se tratara de Cortocircuito, cerrando su cariño en un maravilloso abrazo antes de pasar a otros menesteres más importantes como, err, jugar con una alcantarilla que tiene al lado.

BASTA.

Pero más allá de todo ello, Rayna esconde una valiosa lección: en un futuro de posible enfrentamiento y de conflicto por culpa de los robots que nosotros mismos hemos creado, la convivencia aún puede ser pacífica. Terminator no es una opción determinista. La convivencia en paz, adorable y positiva entre los "wobots" y nosotros, los humanos, es posible. Un rayo de luz, otro más, en tiempos de eterna zozobra.

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