
En el país residen 123 millones de personas, lo que refleja la mayor caída desde que hay registros
Tres millones de personas son (más o menos) la población de Armenia, Puerto Rico o Mongolia. También el agujero que acaban de encontrarse las autoridades japonesas al repasar su censo nacional, una tarea que realizan cada cinco años para tener una idea precisa de su demografía. La última vez que habían hecho esa tarea, en 2020, sumaron 126,1 millones de residentes, entre población autóctona y extranjera. Ahora la cifra apenas pasa de 123 millones, lo que representa un descenso del 2,45% en un lustro y (aún peor) retrotrae el censo nipón al tamaño que tenía aproximadamente en 1989.
La pregunta que cada vez más gente se hace es: ¿Tiene suelo ese retroceso o se cumplirán las proyecciones que vaticinan que el censo caerá a 87 millones de habitantes en 2070?
Cada vez más profundo (y oscuro). Esa es la forma más sencilla y gráfica de describir el agujero demográfico con el que Japón lleva décadas lidiando. A pesar de todos sus esfuerzos por revertir la sangría de población (y no han sido pocos), el censo nipón no para de adelgazar. La última señal de alarma la deja el informe quinquenal sobre población y hogares de la Oficina de Estadística de Japón (SBJ), que muestra que en 2025 residían en el país 123.049.524 personas, incluyendo tanto a autóctonos como extranjeros afincados.
¿Es un mal dato? Peor. Es pésimo. Para empezar, son 3.096.575 personas menos que las contabilizadas en el último censo, de 2020. Por si esca caída del 2,45% no fuera suficiente, el repaso a los archivos de la SBJ dejan una lectura aún más funesta: supone la tercera caída consecutiva y agrava el retroceso registrado entre 2015 y 2020, cuando ya se había anotado un 'pinchazo' del 0,7%. Desde que los funcionarios nipones empezaron a elaborar el censo, en 1920, nunca habían documentado un desplome tan pronunciado como el de 2025.
45 de 47. El problema se extiende además a la inmensa mayoría del territorio. El censo de la SBJ muestra que, de las 47 prefecturas de Japón, 45 perdieron población en el último lustro. En algunos casos con desplomes tan pronunciados como los de Hokkaido, que acoge a 239.000 residentes menos que en 2020, Shizuoka (164.000) o Hyogo (141.000). Otros territorios que habían ganado población en 2020 han pasado a sumarse ahora a la lista roja.
En el polo opuesto se encuentran Tokio y Okinawa, que ganaron respectivamente 199.000 y 1.000 habitantes.
Alejándose de 2008. Las cifras de la SBJ dejan pocas lecturas positivas. No solo alejan cada vez más a Japón de los datos e 2008, cuando alcanzó su pico poblacional con 128 millones de habitantes. Los últimos censos (y sobre todo su tendencia) muestran que el país cumple poco a poco con los peores pronósticos del Instituto Nacional de Investigación sobre Población (IPSS), que calcula que en 2070 el número de residentes habrá descendido a 87 millones y la población mayor de 65 años representará casi el 40% del censo.
El problema no es la pérdida de habitantes o el envejecimiento en sí, sino las implicaciones que eso acarrea para la economía, la sanidad, la defensa y (en general) el estado de bienestar nipón. Hay quien advierte que la pérdida de residentes ya está pasando factura a la economía del país, que entre otras cosas se ha encontrado con millones de casas vacías, escuelas sin actividad obligadas a reconvertirse en fábricas o el cierre (y quiebra) de centros sanitarios.
"Está a la vanguardia". Lo más grave no es que Japón pierda población, es que lo hace pese a todos los esfuerzos del Gobierno por atajar el auténtico problema del país: el alarmante desplome de su tasa de natalidad.
Los últimos datos oficiales sobre el tema, de hace solo unos meses, muestran que el número de nacimientos ha descendido hasta alcanzar mínimos que las autoridades no esperaban ver hasta 2042. Con ese telón de fondo, a Japón parece quedarle solo el recurso de la inmigración, que choca con el auge de formaciones política que abogan por lo contrario. A pesar de su aumento en los últimos años, se calcula que los extranjeros representan menos del 3% de la población.
"Japón ha alcanzado un punto en el que este tipo de declive no es reversible a corto ni medio plazo", advierte en The New York Times James Raymo, de la Universidad de Princeton. "Sencillamente, no veremos una inmigración masiva". El caso nipón es interesante porque, recuerda, no refleja una tendencia exclusiva del país. "Cada vez más naciones de Asia y otras partes del mundo experimentarán niveles de declive demográfico similares. Japón simplemente está a la vanguardia y lleva mucho más tiempo en esta situación".
La excepción: Tokio. Lo más curioso (o no) es que mientras la mayor parte del país se despuebla y envejece, en el área de Tokio la tendencia es diametralmente opuesta. El censo de la SBJ muestra también que en el área metropolitana de Tokio la población residente ha aumentado hasta rondar los 37 millones de personas, el 30% de todo el país. De hecho, en la capital la densidad de población multiplica con creces a la media nipona: unas 6.400 personas por kilómetros cuadrado, mientras que en el conjunto de Japón apenas pasan de 300.
Imágenes | Jezael Mendoza (Unsplash) 1 y 2
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