Hemos vivido 450 años con una imagen equivocada del tamaño de África. Un mapa a escala revela su verdadera y descomunal dimensión

Equal

Porque el mapa con el que llevamos siglos imaginando el tamaño del mundo no se parece tanto al mundo como creíamos

Miguel Jorge

Editor

Durante más de cuatro siglos hemos aprendido a reconocer el planeta mediante un mapa diseñado en 1569 que consigue que Groenlandia parezca comparable a África, pese a que el continente africano es unas 14 veces mayor. La Asamblea General de Naciones Unidas acaba de respaldar por 164 votos contra uno una iniciativa liderada por Togo y apoyada por la Unión Africana para fomentar el uso de Equal Earth y otras proyecciones que respeten mejor el tamaño relativo de los territorios. 

Contexto. La resolución no prohíbe Mercator ni establece obligatoriamente un nuevo mapa mundial, pero pretende cambiar la representación utilizada en escuelas, instituciones y tecnologías: después de más de 450 años contemplando una África encogida, una abrumadora mayoría de países considera que ha llegado el momento de verla a su verdadera escala.

África es aún más grande. Gerardus Mercator creó en 1569 una representación del mundo que terminaría convirtiéndose en una de las imágenes más reconocibles del planeta, pero pagó su extraordinaria utilidad con una distorsión igualmente extraordinaria. Los territorios próximos al ecuador aparecen relativamente reducidos mientras las superficies se agrandan progresivamente cuanto más se acercan a los polos, hasta producir comparaciones tan engañosas como la de Groenlandia y África.

¿La razón? En el mapa parecen tener dimensiones similares, cuando África es en realidad unas 14 veces mayor. La campaña #CorrectTheMap utiliza otra comparación todavía más gráfica: dentro de África podrían colocarse Estados Unidos, China, India, Japón, México y buena parte de Europa y aún quedaría territorio disponible.

Era para ayudar a los marineros. La paradoja es que la enorme deformación de Mercator procede precisamente de aquello que convirtió su mapa en una revolución. Su proyección permitía representar los rumbos de navegación como líneas rectas, de manera que un marinero podía mantener un rumbo constante con la brújula y trasladarlo fácilmente a la carta, una ventaja formidable para atravesar los océanos en el siglo XVI. 

Mercator, por tanto, no pretendía crear una representación fiel de las superficies terrestres, sino resolver un problema de navegación, y para conseguirlo sacrificó deliberadamente las proporciones. El problema llegó cuando una herramienta extraordinariamente buena para navegar terminó convertida durante siglos en una representación general del planeta utilizada en escuelas, instituciones y todo tipo de mapas.

Sí, menos Estados Unidos. La campaña impulsada por Togo en nombre de la Unión Africana ha conseguido trasladar ese viejo problema cartográfico hasta la Asamblea General de Naciones Unidas, donde la resolución obtuvo 164 votos favorables. De hecho, solo Estados Unidos votó en contra, mientras Estonia, Georgia, Lituania, Moldavia, Serbia y Ucrania se abstuvieron.

El objetivo es animar a gobiernos, centros educativos, organismos internacionales y compañías tecnológicas a favorecer Equal Earth u otras proyecciones que representen correctamente las superficies relativas, algo que podría trasladar una discusión aparentemente académica a los mapas con los que millones de personas estudian, trabajan y construyen su imagen del mundo.

Equal Earth Projection. La imagen es una derivación de la composición mensual de verano de Blue Marble de la NASA, con los océanos aclarados para mejorar la legibilidad y el contraste. Imagen creada con el software de proyección cartográfica Geocart

Arreglar el tamaño de África. La alternativa promovida por la campaña es Equal Earth, una proyección presentada en 2018 por un equipo internacional de cartógrafos y diseñada para conservar las proporciones relativas de las superficies. Eso significa que África recupera visualmente su gigantesca dimensión y las regiones septentrionales dejan de aparecer desproporcionadamente grandes, aunque no significa que se haya descubierto una representación sin deformaciones. 

Trasladar la superficie curva de la Tierra a un plano obliga inevitablemente a sacrificar alguna propiedad: un mapa puede preservar mejor las áreas, las formas, las distancias o las direcciones, pero no puede mantenerlas todas simultáneamente. La discusión no consiste, por tanto, en sustituir un mapa falso por otro perfecto, sino en utilizar una proyección adecuada para cada finalidad y dejar de emplear como retrato general del mundo una herramienta concebida originalmente para navegar.

Qué dice África. Para Togo y la Unión Africana, el debate trasciende la geometría porque un mapa repetido durante generaciones acaba convirtiéndose en una representación intuitiva del peso de cada región. La campaña sostiene que empequeñecer visualmente África mientras se magnifican Europa, Norteamérica y las regiones septentrionales ha tenido consecuencias cognitivas, educativas, culturales y geopolíticas, y sus críticos hablan incluso de “colonialismo cartográfico”. 

El ministro de Exteriores togolés, Robert Dussey, ha presentado por ello la votación como una cuestión de justicia, dignidad e igualdad: corregir el tamaño con el que aparece África significaría también corregir la manera en que millones de personas han aprendido a situarla dentro del mundo.

La negativa de Washington. Como decíamos, Estados Unidos convirtió una discusión cartográfica en una votación políticamente llamativa al quedarse completamente solo en el rechazo. Su representante Yaryna Ferencevych calificó la iniciativa como parte de un “proyecto ideológico radical” y sostuvo que Naciones Unidas debería concentrarse en problemas relacionados con la paz, la prosperidad y las relaciones internacionales, en lugar de dedicar esfuerzos a este tipo de resoluciones. 

Togo defendió exactamente la interpretación contraria: después de cuatro siglos y medio utilizando una representación que reduce drásticamente la presencia visual de África, cambiarla significa actualizar una convención heredada utilizando conocimientos cartográficos actuales. 

El resultado, 164 votos frente a uno, no obliga a retirar mañana los mapas de Mercator, por supuesto, pero sí supone un respaldo internacional extraordinariamente amplio a una idea sencilla: el mapa con el que llevamos siglos imaginando el tamaño del mundo no se parece tanto al mundo como creíamos.

Imagen | Mercator, Equal Earth

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