"Hay que superar de una vez los localismos": España acumula más de 1.500 museos y la pregunta es si merece la pena

Museo
  • España acumula más de 1.500 museos y colecciones museográficas, casi la mitad de titularidad municipal, muchos nacidos de la idea de que cada pueblo tenga su "kit museístico"

  • El robo del Tesoro de Villena expuso lo que ese modelo deja atrás: patrimonio de primer nivel europeo custodiado con los medios de un museo local

Editor

Villena, una localidad alicantina de apenas 35.000 habitantes, guardó desde 1963 el segundo mayor tesoro de orfebrería prehistórica de Europa, solo por detrás de las tumbas reales de Micenas. El arqueólogo José María Soler encontró las piezas ese año en el yacimiento del Cabezo Redondo, y el conjunto recibió la declaración de Bien de Interés Cultural en 2003.

En la madrugada del 27 al 28 de agosto, un grupo de encapuchados desvalijó en apenas ocho minutos la vitrina blindada del museo municipal y se llevó cerca de diez kilos de oro, plata, hierro y ámbar en medio centenar de piezas. La investigación avanza, pero no hay conclusiones. El sistema de seguridad, certificado por dos auditorías, sumaba cinco anillos de alarma, cámaras nocturnas y sensores sísmicos. Ninguno bastó y ya hay más museos en alerta. ¿Y si el tesoro se hubiese alojado en el corazón de una gran urbe?

Expolio. En menos de cuatro meses, otras piezas de oro desaparecieron de museos locales de Badajoz y Albacete. El Ministerio de Cultura reclamó entonces inventarios actualizados y reforzó la coordinación con la Guardia Civil y la Policía Nacional. Europol detectó al menos cuatro asaltos similares contra instituciones culturales europeas entre octubre de 2025 y agosto de 2026, un patrón que apuntó a una red criminal organizada y transnacional. Ya lo contamos: ni siquiera el Louvre, el museo más visitado del planeta, escapa a este problema.

Mucho museo. el Directorio de Museos y Colecciones de España registró más de 1.500 instituciones museísticas repartidas por el país. De los cerca de 1.060 museos de titularidad pública, 649 dependieron directamente de un ayuntamiento. La categoría más numerosa no fue ni bellas artes ni arqueología: fue etnografía y antropología, con 275 colecciones, casi siempre alojadas en el edificio más bonito del pueblo. En la misma comarca convivieron a veces dos o tres museos del vino, del aceite o del esparto, cada uno con sus ordenanzas de horario reducido y su propio guarda a media jornada.

Un patrimonio troceado entre 8.100 municipios. España suma más municipios que ningún otro país de la Unión Europea y buena parte de su patrimonio arqueológico y etnográfico aparece fragmentado en pequeños hallazgos locales: aquí una carretera, allí una necrópolis ibérica, allí un molino o un pecio, allá más tumbas.

La tentación de cada consistorio pasa por montar su propia vitrina en lugar de ceder la pieza a un museo comarcal o provincial con más medios. El resultado, décadas después, son colecciones dispersas y presupuestos igual de repartidos: pocas instituciones poseen el suficiente músculo para conservar, catalogar y vigilar en condiciones. Muchos de esos museos municipales funcionan sin personal fijo, con horarios adaptados que varían según las fiestas locales y una partida anual que no llega ni para renovar vitrinas.

El "kit completo". La tradición municipal por replicar servicios va más allá de las salas de exposiciones. En Valencia, la Diputación fijó un mínimo del 10% de las ayudas del Pla Obert para instalaciones deportivas, zonas verdes y ciclo del agua. Los ayuntamientos duplicaron y hasta triplicaron ese porcentaje, hasta el 23% en algunos casos, con piscinas y polideportivos como protagonistas, con inversiones de 150 millones.

El Plan de Recuperación europeo financió piscinas cubiertas, pabellones deportivos y casas de cultura en municipios de apenas unos cientos de vecinos. El problema: esas instalaciones arrastran después gastos de mantenimiento difíciles de cubrir con presupuestos mínimos. Y no sucede solo en pueblos, también en ciudades.

Inventariar. Este es el verdadero talón de Aquiles. O el primero de varios. En Murillo de Río Leza (La Rioja), unos ladrones vaciaron una ermita en octubre de 2025: un cáliz de plata, un cuadro del siglo XVIII, un misal, ropa litúrgica. Sin cámaras, sin vigilancia. Ocho meses después, casi todo reapareció mezclado entre enseres en una vivienda okupada de Navarra, a 90 kilómetros. Lo mismo pasó con un cáliz sustraído en una iglesia de Écija que resurgió 22 años después en un compro-oro de Logroño.

La puerta del sagrario de San Torcuato volvió tras 45 años, localizada en una subasta madrileña. Los relieves sustraídos en Briones fueron rastreados por la Guardia Civil en Holanda y Estados Unidos. Y, en un convento de Granada, las monjas ni siquiera notaron que su talla barroca de Santa Margarita había sido sustituida por una copia, hasta que Patrimonio la localizó en un anticuario de Nueva York. 

Ninguna de esas piezas figuró en un inventario que permitiera detectar su ausencia a tiempo: solo el azar, una denuncia o alguna venta furtiva las devolvió al radar. Multipliquemos ahora por miles de ermitas, museítos y sacristías rurales. "El principal cometido de un museo es proteger, custodiar y conservar el legado de nuestras culturas", escribía Isaac Sastre de Diego, doctor en Prehistoria y Arqueología, para Ars Magazine.

Un largo recorrido. Cuando tú te encuentras una vasija antigua, comienza un proceso: primero la inmovilización (el contexto, como la capa de tierra u objetos adyacentes, aporta hasta el 80% del valor informativo), la geolocalización (coordenadas, fotos, etc) y el aviso a las autoridades. Después llega el proceso de documentación y extracción legal: inspección técnica, levantamiento (se documenta la posición mediante planimetría y fotogrametría) y se concluye con el acta de entrega. Luego llega la fase de estabilización y laboratorio (microclima controlado, limpieza preventiva, etc), el fichado catalográfico y sigilado.

Pero la fiesta apenas ha empezado. Ahora llega lo caro: horas de análisis tipológico y estilístico, datación científica, estudio contextual. Habrá gente escribiendo ensayos y, todavía, ni se ha expuesto. Tras la memoria final, llegará la museografía: se hará un diseño de peana y soporte, se elegirá una vitrina ambiental con control continuo de humedad relativa, temperatura y filtros UV en la iluminación. Por fin, se redactará e imprimirá la cartela explicativa; a ser posible, bien iluminada.

Superar los localismos. Cada pueblo desea un espacio para su memoria local, pero los expertos inciden en que esa memoria debe tasarse. ¿Repartir entre decenas de vitrinas sin presupuesto para vigilancia o concentrarlo en museos comarcales con personal profesional y seguridad real? Arqueólogos como José Luis Ona González y otros profesionales del sector museístico insisten en que "hay que superar de una vez los localismos".

El propio arqueólogo cita de ejemplo la Cueva de las Güixas, en Huesca, que recibe entre 20.000 o 25.000 visitantes tras una serie de campañas turísticas, pero que, si no se invierte, no se consolida, porque todo depende de la voluntad política. Y este tipo de ejercicios requieren paciencia: tiempo y dinero para asentar un patrimonio que es algo más que una bandera para ondear en días señalados.

Imágenes | Flickr (1 y 2)

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