Hay una "ciudad" que se quedó en España por una palabra y hoy es un trozo de territorio español rodeado por Francia

Banderas
  • El Tratado de los Pirineos de 1659 dividió la Cerdaña entre las dos coronas, pero una distinción jurídica permitió que Llívia siguiese bajo soberanía española

  • Más de tres siglos después, aquella negociación sigue condicionando la vida de sus habitantes

Editor

En España hay unas cuantas anomalías fronterizas, como la de Ventorros de Balerma o la eterna pugna entre Teruel y Cuenca por un buen puñado de hectáreas. Pero, de todas ellas, la más alucinante es la que aísla a una villa española en Francia. Parece diseñada para poner a prueba los nervios de un cartógrafo. Llívia es un municipio español en plena Cerdaña francesa, rodeado por completo por Francia y conectado con el resto de España por una carretera que atraviesa suelo francés. No es ningún error del mapa, sino la pura consecuencia de una negociación diplomática del siglo XVII.

La historia suele resumirse así: cuando España tuvo que entregar 33 pueblos de la Cerdaña a Francia, sus negociadores defendieron que Llívia no era un pueblo, sino una villa. Pero lo que aquí interesa es su historia, porque va mucho más allá de una mera negociación.

Una guerra de 24 años. Para entenderlo hay que volver a 1659. España y Francia llevaban desde 1635 enfrentadas en una guerra por la hegemonía europea, que terminó con el Tratado de los Pirineos, firmado en la Isla de los Faisanes, en el Bidasoa. España cedió a Francia el Rosellón y el Conflent, entre otros territorios, pero el trazado en la Cerdaña quedó pendiente porque fronteras históricas, jurisdicciones locales y geografía no encajaban. El tratado encargó a comisarios de ambas coronas decidir qué localidades pasaban a Francia.

El Archivo Histórico Nacional, a través de PARES, distingue entre la paz de 1659 y el acuerdo posterior que concretó la división de la Cerdaña, un proceso que estudió Alice Marcet en Annales du Midi en 1981. La frontera hubo que negociarla sobre el terreno.

La palabra mágica. Llívia tenía una larga historia como centro estratégico de la Cerdaña y había recibido el título de villa en 1528, con Carlos I (te recomiendo leer más, en la propia historia del municipio). Eso dio a los negociadores españoles un argumento: el acuerdo hablaba de pueblos y Llívia no lo era. La distinción era una categoría jurídica de la época. Era legítimo.

Y funcionó, vaya que sí. Según el historiador Agustí Alcoberro, la comisión de expertos concluyó el 31 de mayo de 1660 que 33 pueblos pasarían a Francia, y Francia admitió la excepción de Llívia el 12 de noviembre de 1660, un año después del tratado principal. Ese día se firmó el Tratado de Llívia, cuyo texto enumera los pueblos cedidos. Eso no significa que todo se redujera a una palabra, porque hubo discusiones sobre jurisdicciones y derechos históricos, pero el título de villa fue la pieza decisiva.

En mitad de Francia. El resultado es un municipio de unos 13 kilómetros cuadrados rodeado por territorio francés. No es una isla física, pero sí un enclave: por carretera, para ir al resto de España hay que atravesar Francia. Esa vía tiene un régimen especial, aunque no nace de 1660: el tercer Tratado de Bayona, de 1866, la declaró de libre circulación para facilitar el acceso a pastos de Llívia en suelo francés, según recoge la Wikipedia.

La guerra de los stop. A principios de los setenta, Francia instaló señales de stop en esa carretera, obligando a ceder el paso a las vías francesas, y los vecinos las arrancaron una y otra vez alegando que vulneraban la libre circulación. El documental 'Fronteras locas' lo documenta bien: puede parecer una pelea ridícula, pero los franceses no tenían razón.

La llamada “guerra de los stop” se prolongó hasta los ochenta: España financió un puente sobre una de las carreteras francesas y Francia cambió las prioridades de otro cruce. Una señal de tráfico acabó convertida en asunto de soberanía.

La farmacia histórica. Llívia guarda otra singularidad: la Farmacia Esteva, cuya colección se conserva en el Museo Municipal. Se ha presentado como una de las más antiguas de Europa, con orígenes a principios del siglo XV y una misma familia al frente desde el principio. Pero conviene separar tradición y documentación. El Museo Municipal recoge que la primera noticia de una farmacia en la localidad es de 1594.

Un estudio publicado en 2025 sostiene que ambos tópicos, el del origen medieval y el de la propiedad familiar continuada, fueron refutados en el último tercio del siglo XX. La leyenda no necesita ser exacta para que el patrimonio sea extraordinario: muebles, recipientes, instrumentos y libros siguen siendo un testimonio excepcional de la historia de la farmacia.

En cualquier caso, la historia de Llívia suele contarse como una victoria diplomática gracias a una palabra, y hay algo de verdad en ello. Pero también recuerda que las fronteras europeas no siempre siguen accidentes naturales: son resultado de guerras, tratados y categorías jurídicas que en su momento parecían razonables. Llívia sobrevivió al reparto porque su condición de villa permitió defender su excepción. Así bien, hoy sigue siendo, a mucha honra, española.

Imágenes | Google Maps, Kasia Lech, Flickr

En Xataka | La OTAN ha diseñado una pesadilla para el día que Rusia cruce la frontera: convertirlo en el atasco más caro del planeta


Ver todos los comentarios en https://www.xataka.com

VER 0 Comentario
↑