La guerra de las 40 horas semanales: qué opinan quienes quieren reducirlas y aumentarlas

"Nadie ha cambiado el mundo trabajando 40 horas a la semana". Tan pronto como pulsó "enviar" Elon Musk había provocado, un día más, un terremoto en Twitter y en los medios de comunicación. La frase es a día de hoy contracultural, casi antisistema: las grandes tendencias del futuro laboral indican que trabajaremos menos, no más, fruto de la automatización y del anhelo por una vida repleta de ocio. Y sin embargo, Musk opina lo contrario.

El tiempo óptimo. Según él, "cambiar el mundo" requiere al menos de 80 horas semanales, el doble de la jornada laboral estándar. Las ideas de Musk surgen de su propia experiencia: hizo de los talleres de Tesla su hogar durante el desarrollo de Model 3, una sobreexposición laboral que le pasó factura a nivel físico y psicológico. También casan a la perfección con la mentalidad emprendedora: para triunfar necesitas volcarte al máximo en tu trabajo.

Elon Musk es un hombre brillante que ha logrado crear proyectos revolucionarios dedicándoles la totalidad de su tiempo.

¿Fuciona? En realidad no. Su experiencia no es significativa. Al menos uno de cada cinco trabajadores estadounidenses, por ejemplo, pasa más de 60 horas semanales en la oficina. La mayor parte de la población activa supera con regularidad las 50 horas. En países como México las jornadas laborales son infinitas, un lastre para la productividad. Trabajar demasiado es un lastre físico y mental.

"Cambiar el mundo" no es un baremo óptimo para medir los esfuerzos laborales.

El contraste. Las ideas de Musk chocan con las planteadas por otros emprendedores. Figuras como Timothy Ferriss han planteado jornadas semanales de cuatro horas, radical símbolo del desapego que parte de la élite económica siente hacia el trabajo espantano. A nivel más prosaico, la generación millennial disocia el trabajo de sus objetivos vitales, y reclama más tiempo de ocio y menos horas en la oficina.

La tendencia. A largo plazo, es probable que más países sigan el camino de Alemania. Es allí donde empresas como IG Metall han introducido semanas laborales (temporales y experimentales) de 28 horas, y donde los trabajadores pasan menos horas en su puesto de trabajo (produciendo más). Suecia también ha introducido la jornada de 6 horas, con resultados mixtos. La mayor parte de países aspira a dedicar menos horas al trabajo.

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Dos factores explican la tendencia. Por un lado, la automatización: el trabajo se va a convertir en un bien escaso y habrá que racionalizarlo. Por otro, el peso de la historia: la jornada de 8 horas es probablemente una idea obsoleta. Además, sí se puede cambiar el mundo trabajando 40 horas. Que se lo digan a la NASA: es su máximo estipulado y obligatorio.

Imagen: Heisenberg Media/Flickr

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