La estrategia Lesbos: cómo el gobierno ha convertido a Canarias en un muro para migrantes

2015 supuso un punto de no retorno para la política migratoria europea. La crisis de refugiados exacerbó los conflictos internos que habían atravesado al continente durante años, y motivó una nueva estrategia basada en los "puntos calientes". Mucho más restrictiva, los migrantes se toparían con centros de control en determinados lugares de la frontera exterior europea, como Lesbos o Lampedusa. La mayoría languidecerían allí. Los "puntos calientes" funcionarían como un muro.

Una política aplicada ahora a Canarias.

Arguineguín. Más de 2.300 migrantes han llegado durante la última semana al puerto de Arguineguín, en la isla de Gran Canaria. La mayoría sigue allí, tras pasar retenidos un periodo superior a las 72 horas establecidas por ley. El gobierno ultima ahora la construcción de nuevas instalaciones para gestionar el flujo de migrantes, superior a la población del municipio. El Ejército de Tierra ya ha construido un campamento en Barranco Seco con capacidad para 800 personas.

Tendencia. Se trata de una situación que difícilmente podría sorprender a las autoridades de las islas. A lo largo de 2020 han arribado al archipiélago alrededor de 18.000 migrantes, un 1.000% más que en 2019, cuando apenas lo hicieron 2.700. Es el número más alto de 2006, prueba de una nueva ruta migratoria apagada durante la última década. Según Cruz Roja, sólo 1.800 han sido trasladados a la península, su objetivo principal; alrededor de 2.000 habrían abandonado las islas por su cuenta.

El bloqueo. El gobierno ha fijado así las líneas maestras de su nueva política migratoria. Como se explica en este completo reportaje de El Confidencial, la escasez de los traslados obedece a una estrategia de bloqueo consciente, no a la falta de medios. Gran Canaria se habría convertido en un nuevo "punto caliente" de la frontera exterior europea. Absorbe migrantes y refugiados pero no los distribuye ni por España ni por Europa. Quedan allí. Hacinados en campos que no dan abasto.

Una situación bien conocida en la isla de Lesbos.

La referencia. En septiembre, más de 12.000 personas eran desalojadas del campamento de Moria, Grecia, tras un incendio. Las llamas consumieron el símbolo de la política migratoria europea tras aquel traumático 2015 en el que millones de refugiados llegaron al continente, generando una de las mayores crisis de la historia de la Unión. Los gobiernos, temerosos de la hostilidad popular y la ascendencia de la extrema derecha, sentaron las bases de su estrategia con el acuerdo con Turquía.

Como vimos en su momento, el pacto externalizaba la gestión de los refugiados a los márgenes de la Unión Europea. En la práctica, el continente acordaba una generosa suma de ayudas y subvenciones económicas a Turquía a cambio de un paulatino cierre del flujo migratorio, acuerdo que extendió a otros países. En paralelo, los 27 fijaban la estrategia de "hotspots", destinados a ralentizar y estrechar los criterios de asilo, frenando los corredores migratorios y facilitando los "retornos".

Las críticas. Lesbos, como Lampedusa, era y es uno de ellos. El más célebre por las indignas condiciones de sus residentes, denunciadas por organizaciones humanitarias y políticas de diversa condición. La estrategia europea sacrificó un puñado de "puntos calientes" a cambio de mantener la tranquilidad en el interior del continente. Un parche. O mejor dicho: un muro. El problema sigue allí, sólo que taponado y en campos hacinados (Moria tenía una capacidad teórica para 3.000 personas).

El riesgo. Precisamente en septiembre la Comisión Europea actualizaba su política migratoria... Sobre las líneas de los últimos cinco años. Un lustro en el que España había pasado de puntillas por el flujo migratorio, concentrado en otros puntos del Mediterráneo. Hasta que se intensificó el tráfico de cayucos en el Atlántico. El ejecutivo es consciente de las implicaciones de su política de bloqueo y del riesgo que supone. "No vamos a convertir Canarias en la nueva Lesbos", defendía Marlaska el lunes.

Para España, en especial para Canarias, es un riesgo. Moria o Lampedusa se convirtieron en un centro de conflicto político interno para Grecia o Italia, fruto del descontento de las poblaciones locales.

¿Alternativas? El gobierno ha pedido con timidez una "articulación" comunitaria de los flujos de refugiados, incidiendo en los países de origen. Pero si algo evidencian los episodios del Aquarius y otras crisis puntuales es el escaso apetito político para un sistema de cuotas funcional y operativo. Ningún estado europeo lo anhela. El sistema de "puntos calientes", de muros insulares, tiene su origen en la escasa receptividad del norte de Europa a repartir refugiados y solicitantes de asilo.

En el camino, otros países, como Italia o Grecia, directamente golpeados por el problema, han perdido cualquier interés en abrir sus fronteras. España afronta ahora su mismo dilema. Y su solución, a tenor de lo sucedido durante el último lustro y de las decisiones adoptadas por el ejecutivo este año en Canarias, parece clara.

Imagen: Borja Suárez/GTRES

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