España entera es un clamor: Mariano Rajoy, presidente de la Real Federación Española de Fútbol

Desde que abandonara la presidencia del gobierno, Mariano Rajoy ha mantenido un perfil discreto. Primero recuperó su plaza como registrador de la propiedad en Santa Pola, Alicante, y más tarde solicitó el traslado a Madrid. Sus apariciones públicas han sido escasas y discretas, en agudo contraste con sus antecesores. Circunstancia que, quizá y sólo quizá, podría cambiar de concretarse un rumor insoslayable.

Su candidatura al frente de la Real Federación Española de Fútbol.

Quién lo dice. Dos fuentes: por un lado Marca y por otro COPE. La información, como tantas otras surgidas de los mentideros futbolísticos, podría no llegar demasiado lejos. El propio Rajoy se ha mostrado sorprendido ante la idea. Lo cierto es que la Federación celebra elecciones este año. Rubiales desea revalidar su mandato, pero su gestión al frente de la entidad ha sido polémica.

Competencia. Así, cuadros internos de la Federación habrían barajado a dos candidatos: Iker Casillas, aún en activo en las filas del Oporto, y Mariano Rajoy, probablemente sin nada mejor que hacer. Según Marca, el ex-presidente no habría hecho oídos sordos a la proposición. Cuestión distinta es que se presente. Hasta aquí, poco más. Es uno de los muchos rumores que pueblan la prensa deportiva a diario.

Apoyo popular. Lo extraordinario llegó al punto de la noche de ayer, cuando la noticia se difundió en las redes sociales. Rajoy causó furor. Una encuesta de Marca en la que a esta hora han participado más de 21.000 personas lo sitúa como el favorito del aficionado, por delante de Casillas y Rubiales. Los gestos de apoyo, medio en broma medio en serio, se repartieron por las cuatro esquinas de Twitter.

Mariano, en fin, podría ser un candidato de consenso.

¿Por qué? Más allá de su carácter político e ideológico, Rajoy siempre ha mantenido un perfil campechano y mundano. Es un hombre de placeres simples, siempre reconocidos y difundidos. Le gusta fumar. Le gusta el vino. Le gusta echar la partida. Y le gusta mucho el deporte, muy en especial el fútbol. Jamás ha perdido la oportunidad de acudir a los estadios, de leer el Marca o de hacer gala de su madridismo militante.

Tal es su pasión por el asunto que hace dos años un semanario satírico bromeó con la posibilidad de que presidiera la RFEF. Rajoy y España trascienden así, un día más, a su propia parodia.

Del pueblo. De ahí que la figura de Rajoy cause simpatía, cuando no comedia, a un lado y otro, una vez desligada de la vida política. Su estilo tendente a lo discreto contrasta con la algarabía de la nueva hornada de líderes conservadores, desde Abascal hasta Casado. Quizá todo ello se resuma en sus ocho horas de comilona durante la moción de censura que le dejó fuera de la presidencia.

¿Un acto de poca profesionalidad política? Sin duda. Pero también una reacción con la que muchos votantes, suyos o no, empatizaron.

Complicaciones. Mariano Rajoy como meme puede causar furor en la imaginación de España, pero la realidad es distinta. La gestión federativa no está exenta de problemas. Al paragüas de Rubiales ha desfilado tres seleccionadores nacionales, todos ellos entre agrios escándalos, y se han fraguado dos fracasos deportivos. También se ha llevado la Supercopa a Arabia Saudí.

Es en muchos sentidos la antítesis de lo que uno podría esperar de Mariano Rajoy. Complicaciones. Porque la tranquilidad, la tranquilidad es lo que más se busca.

Imagen: G3

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