El vestido no era blanco y dorado y estas piernas no están bañadas en aceite: la culpa es de nuestro cerebro

A principios de 2015 alguien me enseñó una foto de un vestido azul y negro. Cuando me preguntaron que de qué color era el vestido respondí con suficiencia: "azul y negro, ¿es que no lo ves, alma de cántaro?". Por supuesto que no lo veía, porque como la persona que me enseñó la foto, la mitad de internet veía el célebre vestido de color blanco y dorado. El fenómeno ha vuelto con una nueva foto que pone a prueba nuestros sentidos: cuando veas estas piernas, párate un segundo a pensar lo que ves.

Ni las piernas de Adriana Karembeu, ni las de Taylor Swift, ni las de Gisele Bündchen tienen mucho que hacer frente al fenómeno viral del momento. La foto de estas piernas vuelve a provocar tórridos debates. Y no por las piernas en sí, sino por cómo las ves.

Solo es pintura blanca, asúmelo

Seguramente te haya pasado al verlas. No parecen nada especiales. Solo son unas piernas brillantes que probablemente están embadurnadas con algún potingue o aceite. Puede que incluso la protagonista de la foto se haya puesto film transparente o unas medias con un tejido plástico que crea esos brillos y esos reflejos.

Pero es que no hay reflejos, no aceite, ni potingues. Las piernas simplemente tienen manchas de pintura que justo debido a esa disposición crean el efecto visual de esa textura plástica-aceitosa que engañan a nuestra vista y nos hacen dar gritos a la parienta. Porque "¿Cómo es posible que no veas que es pintura?"

Si no lo has visto todavía, prueba a alejarte de la pantalla. Si aún así no lo ves, vuelve a cerrar los ojos, trata de liberar la mente, acércate y aléjate de la pantalla y asúmelo: lo que estás viendo no son unas piernas aceitosas. Si no lo ves quizás tengas que entrenarte un poco, como con las famosas imágenes de Ojo Mágico, aquellos infernales autoestereogramas que nos hacían quedar mal si no veíamos lo que escondían.

Maldita luminosidad

Con estas piernas ocurre lo que ocurría con el célebre traje azul y negro, el blando y dorado, o como quiera que lo viera cada cual: que había un problema de interpretación de la luminosidad.

Jay Netiz ya explicaba el problema en Vice ante aquel puzle sensorial: "Mi cerebro atribuye ese tono azul a la luminosidad. Dice "oh, hay algo de azul que sale de ese vestido". Pero no pienso que el vestido es azul en sí, sino que la iluminación es un poco azul. Otra gente ve esa misma cantidad de azul y la atribuye al color del vestido".

Lo mismo repetía entonces en Wired otro experto en visión y color, Bevil Conway, que explicaba que nuestro sistema visual "está intentando eliminar el sesgo cromático de la luz. Así que la gente o bien lo elimina de la zona azul, en cuyo caso acaban viendo blanco y dorado, o lo eliminan del lado dorado, en cuyo caso lo terminan viendo azul y negro"

Hay una ilusión óptica muy famosa en la que esa manía que tiene nuestro cerebro de separar luminosidad y color tiene un efecto directo sobre nuestra percepción de la imagen. En el tablero que tenéis encima de este párrafo, ¿os parece que los escaques negros y blancos son más negros y blancos por la sombra que proyecta el cilindro? Si es así, habéis caído en la trampa, porque son exactamente los mismos negros y blancos. Y eso mismo es lo que ocurre con las piernas de marras.

Por cierto: el vestido original era azul y negro. Yo tenía razón. Fiu.

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