El mejor modo de calcular cuánta gente hay en una manifestación (y pasar de las cifras oficiales)

La multitudinaria manifestación de ayer en Barcelona con motivo de la Diada ha vuelto a poner sobre la mesa el eterno debate de cifras entre organizadores, gobierno central y Guardia Urbana. ¿Fueron un millón de personas las que formaron una X gigantesca sobre la capital catalana o fueron apenas 300.000? Dado que entran en juegos otros factores no es un debate numérico, sino político.

Ahora bien, ¿y si quisiéramos ceñirnos a la exactitud de las cifras, de qué modo podríamos calcular cuánta gente exactamente salió ayer a Barcelona? Durante años, la respuesta a esta pregunta ha sido un auténtico quebradero de cabeza para los lectores de todo el mundo. Calcular multitudes es a menudo una ciencia inexacta que se traslada a los medios de comunicación en forma de intereses y relatos políticos.

Lo vimos de forma reciente en Estados Unidos: cuando la Administración Trump quiso zanjar el asunto de la audiencia en su toma de posesión su jefe de prensa sentenció que se trataba de la "más multitudinaria" de la historia ("y punto"). A priori, las imágenes invitaban a pensar lo contrario, pero la carencia de mediciones fiables (como la venta de entradas) siempre permiten que quienes están a favor de las movilizaciones inflen las cifras (y viceversa).

Sin embargo, hay métodos que permiten hacerse una idea más o menos fiable del número de gente que acude a una manifestación pública. Métodos que no requieren salir de casa.

Dos variables esenciales: área y densidad

Hay dos variables fundamentales que definen el caudal de gente portado por una marcha cualquiera: el espacio ocupado por la hilera interminable de protestantes y la densidad de personas por metro cuadrado. Al cruzar ambas, obtenemos un número de asistentes realistas. La primera es sencilla de obtener: tirando de imágenes por satélite y de las herramientas cartográficas modernas es fácil calcular cuántos metros cuadrados ocupa manifestación.

Matthew Bennet, periodista británico que sigue la actualidad política española en The Spain Report, ha sacado el área de la manifestación de la Diada. El acto de protesta se repartía a lo largo de cuatro ramas (que cruzadas formaban una gran X sobre Barcelona) más la Playa de Catalunya. En total, 143.500 metros cuadrados (las cifras siempre tienen cierto margen de error, pero son precisas).

(Emilio Morenatti/AP)

Sobre esa base podemos trabajar en torno a la densidad. Si cada metro cuadrado hubiera sido ocupado por tan sólo una persona, la marcha hubiera contado a unos 143.000 manifestantes. La multiplicación es sencilla: en el supuesto de cuatro personas por metro cuadrado, la cifra se habría disparado a los 574.000; en el de seis, 860.000 marchantes; y en el de 7, el ansiado millón, la cifra emitida por los organizadores y publicada en muchos medios.

Si nos fijamos en las fotografías y vídeos tomados desde los edificios de las calles de la manifestación, es evidente que había mucha gente, en muchos casos muy junta. La densidad era alta, quizá entre las cuatro y las seis personas por metro cuadrado. ¿Es posible que llegaran a las siete? Digamos que es complejo.

Según los estudios de comportamiento de masas en espacios públicos, superar densidades superiores a las seis personas por metro cuadrado entra en el terreno de lo alarmante. Para hacernos una idea, implicaría meter a 700 personas en un piso de 100 metros cuadrados (o a 350 en un piso de 50 metros cuadrados, por comparar con una residencia individual). El espacio quedaría muy limitado, el flujo circulatorio se atascaría y podrían originarse colapsos y avalanchas.

En situaciones así, el riesgo de tragedia se dispara. Casos como los de Hillsborough o Khodynka ilustran qué sucede cuando la densidad de una audiencia o de una marcha popular es tan alta que limita el movimiento de las personas allí metidas, derivando en avalanchas humanas o asfixias de escalas horripilantes. En Hillsborough, de hecho, la densidad osciló entre las 6 y las 11 personas por metro cuadrado.

(GJV/GTres)

Pese al trazo grueso de los cálculos (no todas las zonas de la manifestación contaban con la misma densidad y el espacio es aproximado porque no se descuenta el mobiliario urbano) es razonable pensar que ayer en Barcelona no había tanta gente, y que por tanto la cifra del millón de personas es altamente improbable. En el peor de los casos, no obstante, la Diada habría reunido a unas 500.000 personas. En el más optimista, unas 700.000. Cifras en absoluto desdeñables.

El Manifestómetro y Lynce, contadores pioneros

Aunque todos estos cálculos son fácilmente trazables desde el sofá (con Google Maps y varias imágenes por satélite de la marcha de turno que queramos estudiar), siguen siendo estimaciones que no solventan de inmediato la medición de manifestaciones. Lo ideal es contar con apoyo sobre el terreno. Durante años, es lo que un cuarteto de blogueros realizaron desde el Manifestómetro, una de las publicaciones más populares años atrás en la blogosguera hispanohablante.

El Manifestómetro peinaba los límites de las manifestaciones (no siempre tan exactos como el acto de la Diada) para calcular primero cuánto espacio ocupaba la marcha y, segundo, cómo de densa podía llegar a ser. La presencia sobre el terreno les aseguraba mayor precisión que una fotografía aérea. En una época en la que el tamaño de las manifestaciones era objeto constante de controversia política en España, El Manifestómetro allanó el camino para contar mejor.

Quizá todas las herramientas técnicas de las que carecía El Manifestómetro las tenía Lynce, una empresa nacida en 2009 con el expreso propósito de medir multitudes de forma precisa. ¿Su secreto? Combinar diversas fotografías aéreas, filtrar los datos por un software y obtener un dato fiable. Es decir, tecnificar el proceso aplicado por El Manifestómetro y establecer un criterio claro en la medición.

Casualmente, Lynce saltó a la fama en 2010 cuando trató de medir la manifestación por el Estatut de Catalunya en Barcelona. Al igual que en esta ocasión, la Guardia Urbana contabilizó alrededor de un millón de manifestantes. Cuando Lynce arrojó la escueta cifra de 56.000 se oranizó una gigantesca polémica que derivó en la empresa reconociendo que había realizado la medición a una hora tardía, con la marcha en retirada.

Sin embargo, logró contar con éxito otras muchas manifestaciones, casi siempre reduciendo el entusiasmo de la organización. En 2012 cerró por problemas económicos. Al parecer, no había demasiada gente interesada en tener datos fiables del número de manifestantes. Posiblemente nunca los haya: la guerra de cifras siempre es política y nunca numérica.

Lo que no significa que la medición no sea posible. Siempre que contemos con el área y con imágenes de la marcha que nos permitan intuir la densidad por metro cuadrado de la misma lograremos saber si las cifras oficiales son o una temeridad o una boutade. Medir masas es complejo, es más efectivo si se hace con procedimientos técnicos y software y tiene toda una ciencia detrás. Pero averiguar si un número es o no una exageración no es tan complejo.

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