EEUU llevó vehículos autónomos a Ucrania. La guerra acaba de enseñarles una amarga lección

Forterra Ucrania
  • Forterra desplegó más de 100 vehículos autónomos en Ucrania

  • La guerra ha revelado sus límites y sus posibilidades reales

  • La próxima batalla será hacerlos útiles y baratos

Javier Marquez

Editor - Tech

La guerra de Ucrania está poniendo a prueba muchas de las tecnologías que durante años se presentaron como el futuro del combate, pero pocas tienen una contradicción tan clara como los vehículos terrestres con capacidades autónomas. Sobre el papel, prometen reducir riesgos para los soldados y asumir tareas peligrosas como transportar suministros o evacuar heridos. Sin embargo, cuando estas máquinas llegan a un campo de batalla donde existen ataques constantes, interferencias y condiciones que ningún ensayo controlado puede reproducir, la pregunta deja de ser si pueden moverse solas y pasa a ser si realmente pueden sobrevivir y aportar valor.

Vehículos en el campo de batalla. Detrás de esta prueba está Forterra, una compañía estadounidense especializada en vehículos autónomos para aplicaciones militares y comerciales. Según explicó la empresa a TechCrunch, más de 100 de sus vehículos Lancer han sido desplegados en Ucrania en zonas afectadas por el conflicto durante los últimos nueve meses, después de llegar al país en octubre. Basados en plataformas Polaris ATV modificadas con sensores y sistemas informáticos propios, estos vehículos han realizado más de 1.100 misiones, recorriendo más de 2.500 millas y transportando más de 350.000 kilos de carga.

Los drones cambiaron el terreno de juego. La llegada de los vehículos terrestres no tripulados responde a una transformación más amplia del conflicto ucraniano: la expansión de los drones ha hecho que muchos movimientos sean mucho más peligrosos para los soldados. Como explicó el sargento mayor Corey Wilkens, que dirige un programa del Ejército estadounidense dedicado al desarrollo de vehículos autónomos y nuevas tácticas, “no hay ningún lugar donde esconderse” cuando la vigilancia aérea puede acabar en ataques con drones, artillería o morteros.

Cómo deben funcionar estos vehículos. La compañía explica que la experiencia en combate le ha permitido aprender sobre guerra electrónica, actualizaciones de software a distancia, movilidad en terrenos complicados y fiabilidad mecánica. Uno de los cambios más relevantes fue adaptar los sistemas a las condiciones del conflicto, incluyendo la incorporación de una antena Starlink como adaptación para mejorar la conectividad en ese entorno. La realidad del frente mostró que una máquina preparada para moverse necesita mucho más que autonomía para ser útil.

Conducir no es combatir. La experiencia en Ucrania muestra una diferencia fundamental entre dos conceptos que a menudo se mezclan: un vehículo autónomo y un vehículo capaz de luchar de manera autónoma. Que una máquina pueda desplazarse por sí misma no significa que sepa qué hacer cuando aparece una amenaza desconocida. Según explicó un soldado ucraniano al mencionado medio, el reto pendiente es que el sistema pueda “responder en tiempo real a las amenazas enemigas cuando aparecen delante de ellos”, algo que la autonomía actual todavía no sabe resolver.

El precio de la autonomía. Pero la guerra también ha dejado una conclusión amarga para Forterra y para toda la industria que trabaja en vehículos autónomos militares: una máquina avanzada pierde parte de su valor si no puede desplegarse en cantidad. Varios Lancer ya se han perdido en combate, y desde Ucrania la petición es clara: hacen falta más unidades, pero también que sean más baratas. En un conflicto donde el material se destruye constantemente, el futuro de estos sistemas no dependerá solo de lo inteligentes que sean, sino de si pueden permitirse perderlos.

El campo de batalla ha cambiado la pregunta. Durante años, el debate sobre los vehículos autónomos militares se ha centrado en si una máquina puede hacer cada vez más tareas sin intervención humana. Ucrania ha añadido una nueva cuestión: si esas máquinas pueden ser suficientemente útiles y asequibles para sobrevivir en una guerra donde muchas acabarán destruidas. La experiencia de Forterra muestra que la autonomía terrestre ya tiene aplicaciones reales, pero su éxito todavía no está garantizado. 

Imágenes | Forterra

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