Un edificio del tamaño de un campo de fútbol llevaba 2.600 años oculto en el delta del Nilo. Lo ha encontrado un satélite

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Sin embargo, lo más sorprendente no eran los muros, sino la arena que había debajo

Eva R. de Luis

Editor Senior

Pocas civilizaciones antiguas han sido tan estudiadas como Egipto y sin embargo, esta sigue sorprendiéndonos con hallazgos en forma de edificios enormes que, curiosamente, no son pirámides. Y ojo, no es porque haya pasado desapercibido a los ojos de quienes viven allí o de investigadores que han visitado el país del norte de África a lo largo de los siglos, la culpa la tuvo una enorme tormenta de arena que literalmente, lo enterró.

El hallazgo. Estamos hablando de una gran estructura de adobe de hace unos 2.600 años enterrada en Buto, la actual Tell el-Fara’in, en el noroeste del delta del Nilo. Posteriormente, se ha revelado la presencia de ushebtis (pequeñas estatuas funerarias), un altar de caliza con restos que probablemente sean sangre de animal y una figurilla de babuino de fayenza y que asocia con Thot, el dios egipcio de la sabiduría, la escritura, la magia y la luna.

El subsuelo está dividido en capas: hasta los 3 metros de profundidad había escombros ptolemaicos (griegos) y romanos. Entre 3 y 6 metros apareció una gran estructura de adobe de la dinastía XXVI, también conocida como Saíta. Entre los 6 y 7 metros, una capa de arena que, según el equipo de investigación detrás del estudio, los constructores pusieron a propósito para estabilizar los cimientos, ya que está situada sobre un terreno arcilloso. 

Correlación de una de las imágenes ERT con un gran muro de adobe parcialmente expuesto

Cómo lo han descubierto. La pregunta del millón es cómo saben todo eso sin excavar nada: todo empezó desde el espacio, con el satélite Sentinel-1 de la Agencia Espacial Europea, que emite pulsos de microondas y mide cómo rebotan, así es como detectaron una anomalía ovalada de unos 128 por 62 metros en un montículo llamado Kom C. 

Después, hicieron mediciones eléctricas (ERT) del suelo para "ver" lo que había debajo en un área de 5.400 metros cuadrados. La datación se apoya en el nivel estratigráfico, la forma de los adobes y la cerámica y se complementa con carbono - 14 sobre material orgánico asociado. De hecho, la idea es volver con un ERT más potente que permita alcanzar capas más profundas.

Vuelta a los orígenes. Después de la hegemonía asiria y libia, la dinastía XXVI marcó un renacimiento cultural en la cultura del Delta del Nilo y Buto era un punto estratégico en la identidad del Antiguo Egipto. Hussein Bassir, director del Museo de Antigüedades de la Biblioteca de Alejandría, escribe para Live Science que la construcción de un edificio de esta escala refleja el empeño de esos faraones por glorificar el Delta del Nilo y su religión oriunda, invirtiendo en una infraestructura de esta envergadura tras siglos de dominio foráneo.

Por qué importa. Buto era uno de los centros religiosos más importantes del Bajo Egipto y estaba vinculado a la diosa cobra protectora Wadjet. Sin embargo y pese a conocer su relevancia, el nivel freático de la zona ha impedido históricamente la excavación de sus capas más profundas. De hecho, hasta la fecha solo se había alcanzado los restos griegos y romanos. Curiosamente, el equipo de investigación ha descubierto qué hay debajo del yacimiento sin excavarlo, algo esencial en zonas donde hacerlo es peligroso, destructivo o sencillamente, no renta. 

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