Durante años Rusia acostumbró a sus ciudadanos a una guerra lejana. Miles de gasolineras acaban de romper esa ilusión

Rusia
  • Desde que Ucrania ha intensificado sus ataques a las refinerías rusas, miles de gasolineras del país llevan semanas abarrotadas

  • Rusia ha prohibido las exportaciones de gasolina, gasóleo y queroseno

Antonio Vallejo

Editor

Desde que iniciara el conflicto bélico entre Rusia y Ucrania, la mayoría de los rusos ha podido vivir la guerra casi como una noticia de fondo, sin demasiada repercusión en sus vidas cotidianas. Sin embargo, esa distancia se ha roto. Y es que colas de coches que se alargan durante horas, e incluso días, en miles de gasolineras del país están obligando a millones de personas a sentir, por primera vez de forma tan directa, el coste real del conflicto.

Qué está pasando. Ucrania ha intensificado desde mayo sus ataques con drones contra refinerías rusas, y el resultado es una crisis de combustible que no se veía desde los últimos años de la Unión Soviética. Según cálculos del Financial Times, la escasez afecta ya directamente a unos 50 millones de rusos, en torno al 35% de la población. Casi 50 regiones habían impuesto para finales de junio algún tipo de restricción en la venta de gasolina, y varias de ellas han racionado el suministro según la matrícula del vehículo, alternando entre días pares e impares.

Tensión. Las imágenes que circulan por redes sociales muestran esperas de hasta 36 horas en algunas zonas, como Chita, en la región de Transbaikalia, según recoge Deutsche Welle. Según detalla el medio, hay quien pasa la noche dentro del coche para no perder su turno, y algunos incluso han empezado a vender su puesto en la fila por sumas de hasta 35.000 rublos (unos 400 euros), de acuerdo con testimonios citados por el mismo medio.

La tensión ha derivado en peleas entre conductores, y algunas autoridades regionales han tenido que improvisar medidas desesperadas, como la de un gobernador siberiano que ordenó repartir comida caliente a quienes hacían cola, mientras que en el sur del país se ha recurrido a cosacos con sus tradicionales gorros de piel para mantener el orden en las gasolineras, según afirman desde FT.

Ataques. El origen del problema está en el ritmo y la precisión de los ataques de Ucrania. El pasado 6 de julio, un dron alcanzó la refinería de Omsk, la mayor del país, situada a 2.500 kilómetros de la frontera, lo que da una idea del alcance que ha ganado Kiev. Según el Estado Mayor ucraniano, citado por Kyiv Post, los ataques han inutilizado ya el 42,7% de la capacidad de refino proyectada de Rusia, y un análisis de Bloomberg sitúa en 24 de las 34 grandes refinerías del país las que han sido golpeadas en unos cien días. La consultora Energy Aspects calcula que el procesamiento de crudo ruso ha caído a su nivel más bajo en 21 años.

Desesperación. Moscú ha optado por minimizar la crisis en público. El propio Putin, reconocía el domingo que existen "algunas carencias", aunque insistía en que no son "críticas". El viceprimer ministro Alexander Novak atribuía las colas a la compra por pánico y a la especulación, no a un problema estructural de suministro, según recoge DW.

Sin embargo, el propio Kremlin ha tenido que tomar medidas que contradicen ese discurso, pues ha prohibido las exportaciones de gasolina, gasóleo y queroseno, y ha disparado sus importaciones de combustible desde Bielorrusia, que en junio fueron 141 veces superiores a las de un año antes, según comparte el Financial Times.

El frente también lo nota. La escasez ha llegado incluso a las tropas rusas desplegadas en Ucrania. Y es que según comparte Kyiv Post, algunos soldados han visto reducido su suministro de combustible a apenas 20 litros diarios por vehículo, cuando antes recibían lo que necesitaban para cumplir sus misiones. De hecho, un militar destinado en el sector de Zaporiyia aseguraba que su unidad ha pasado de 20 litros a entre 10 y 15, lo que les obliga a recorrer a pie hasta 11 kilómetros para conseguir agua y provisiones. Otros soldados dicen comprar gasolina a vecinos de la zona a precios de entre 200 y 300 rublos por litro, muy por encima del precio oficial, según comparte el medio.

El impacto también se nota más allá de las gasolineras, desde taxistas que suben tarifas, aerolíneas regionales que avisan de subidas de precios, a incluso rusos que, en zonas rurales, están comprando caballos de tiro o bicicletas como alternativa al coche, según recoge DW.

Imagen de portada | Reuters y Alexander Melekhov

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