Creíamos que lo peor de la peste negra fueron los millones de muertos de la Edad Media. Hubo algo peor: cuatro siglos de oleadas

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Un estudio de la Universidad de Tartu arroja ha revelado cómo de "compleja" es la crónica de la peste

Carlos Prego

Editor - Magnet

La historia de Europa es prolija en guerras, crisis y hambrunas, pero pocos episodios hay tan devastadores como la peste negra, la funesta epidemia que acabó con la vida de millones de personas en la Edad Media. Hay quien calcula que en algunas regiones del continente la mortalidad escaló a niveles aterradores, de casi el 60%. Aunque los historiadores saben desde hace tiempo que la Yersinia pestis causó estragaos entre los siglos XIV y XVIII, el foco suele centrarse en el brote a gran escala registrado entre 1347 y 1353, la 'muerte negra'. Ahora un estudio nos ha revelado nuevos detalles sobre su historia más allá del XIV.

Y la crónica es más compleja de lo que creíamos.

¿Qué ha pasado? Cuando hablamos de la peste negra solemos referirnos a la epidemia que asoló el Viejo Mundo entre 1347 y 1353, un brote no especialmente largo pero que se cobró millones de vidas. Eso puede llevarnos a pensar en que el patógeno ocasionó un único episodio. La realidad, como acaba de recordarnos un estudio liderado por la Universidad de Tartu (Estonia), es mucho más complicada y nos obliga a mirar más allá del XIV, a un amplio período de varios siglos.

¿Cómo de "compleja" fue? Lo que han constatado Marcell Keller y sus compañeros es que los europeos no pasaron página en 1353. Al contrario. La enfermedad no desapareció tras aquel primer brote devastador, sino que siguió reapareciendo en "oleadas recurrentes" durante más de cuatro siglos, impactando en la sociedad y economía de Europa e incluso más allá, fuera del Viejo Mundo.

"En lugar de persistir en un único lugar tras la peste negra, la peste reapareció repetidamente en diferentes partes de Europa a lo largo de varios siglos, creando múltiples focos nuevos", explican desde la Universidad de Tartu. Por ejemplo, los investigadores han comprobado que la enfermedad llegó en "múltiples ocasiones" a Estonia durante buena parte de la conocida como Segunda Pandemia de Peste, lo que demuestra las "estrechas conexiones" entre regiones del continente.

¿Y cómo se propagó la peste? Con la ayuda de dos grandes aliados. Uno, clave, fueron los conflictos armados. Los investigadores obtuvieron muestras de brotes asociados a la Guerra de los Treinta Años (1618-1648) y la Gran Guerra del Norte (1700-1721). Nada sorprendente si tenemos en cuenta que el patógeno se propagaba aprovechando las rutas utilizadas por los comerciantes, pero también los ejércitos y refugiados. La otra palanca que pudo favorecer su difusión fue el clima, en concreto la Gran Sequía del Renacimiento, registrada hacia 1540.

UN VISTAZO A...

¿Averiguaron algo más? Sí. No se trata solo de que la crónica de la peste se extienda más allá de 1353, es que con el paso del tiempo la historia de la bacteria causante de la enfermedad fue volviéndose más y compleja. Keller y sus colegas han detectado una "importante expansión" de los linajes de la peste hacia el 1450 o 1500, cuando la Yersinia pestis se diversificó en tres ramas principales que pudieron establecer reservorios entre los roedores silvestres.

"Encontramos pruebas de repetidas introducciones de la peste en Estonia que comenzaron ya a finales del siglo XIV e identificamos varios linajes genéticos previamente desconocidos, tanto en entornos urbanos como rurales", explica la profesora Kristiina Tambets. Quizás parezca un simple ejercicio de investigación histórica, pero la realidad es que el estudio tiene aplicaciones valiosas en 2026.

¿Y cuáles son? Para empezar la Yersinia pestis no ha desaparecido. Aunque solemos asociar la peste a la Edad Media, lo cierto es que no es una enfermedad erradicada y aún se cobra vidas a día de hoy. Según el Instituto Robert Koch, cada año se notifican hasta 3.000 casos, sobre todo en R.D. del Congo, Uganda y Madagascar, aunque también se notifican casos esporádicos en EEUU.

En Europa ya no representa una amenaza para la salud pública, pero aun así la Universidad de Tartu recuerda que comprender cómo la dolencia evolucionó tras el brote fatídico de 1347-1353 puede ayudar a los científicos a comprender mejor la dinámica de las enfermedades infecciosas a largo plazo. Dicho de otro modo, les da nuevas claves para entender cómo surgen, se propagan y persisten las enfermedades causantes de pandemias a lo largo de los siglos.

¿Qué han analizado exactamente? Muestras de 11 yacimientos arqueológicos de Estonia, Rusia, Inglaterra, Países Bajos y Suiza. Es una colección interesante tanto por el territorio que aglutina como por que abarcan varios siglos, del XIV al XVIII, lo que cubre gran parte de la Segunda Pandemia de Peste. Gracias a ese material reconstruyeron 26 genomas de la bacteria.

La tarea no fue fácil porque, como recuerdan los científicos, no es lo mismo analizar muestras de enfermedades recientes que otras con siglos de antigüedad que presentan un reto: ¿Cómo relacionar los genomas con brotes históricos?

"Con la Covid-19 los científicos pudieron reconstruir la propagación de cepas individuales con gran precisión porque los genomas venían con marca de tiempo exactas. En pandemias históricas, esas marcas de tiempo suelen faltar o pueden abarcar más de 100 años, lo que limita nuestra capacidad para interpretar los datos genéticos", comenta Keller. Para salir del paso, el equipo desarrolló un método que permite mejorar los intervalos de datación de las muestras.

Imágenes | Wikipedia, Universidad de Tartu

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