Conciertos y fiestas desde el coche: Alemania ya está ensayando el futuro del ocio nocturno

Europa ha iniciado su largo, lento, paulatino proceso de desconfinamiento. Algunas tiendas abren; algunos colegios retoman su actividad; algunas actividades sociales recuperan su lugar en la vía pública. Otras muchas siguen vetadas. Pocos países permiten a día de hoy las grandes aglomeraciones, barrera que posterga la celebración de conciertos o fiestas. Excepto si se realizan desde el coche.

Discocoche. Más de 500 personas se dieron cita la semana pasada en una discoteca de Schüttorf, al norte de Alemania, para disfrutar de una sesión de música electrónica a lo largo de toda la noche. Todos los asistentes lo hicieron desde sus coches. 250 vehículos se agolparon frente al escenario para mantener la distancia de seguridad y evitar el contacto social. Una solución imaginativa a las restricciones del gobierno.

Dos por vehículo. Las autoridades permiten salir a la calle, pero aún no han abierto el grifo de las algomeraciones públicas. La discoteca en cuestión, Club Index, planteó algo intrínsecamente alemán: celebrar la fiesta desde el coche. La policía local verificó que todos los vehículos transportaban a dos personas como máximo, lo estipulado por ley, y vigilaron el desarrollo del evento. Transcurrió sin mayores incidentes.

Lo común. La imagen es poderosa: centenares de coches amontonados en un espacio cerrado, medio millar de personas cantando y bailando desde sus habitáculos. Y también común. La ciudad de Hanover tiene programados varios eventos similares, siempre en torno a la música electrónica, durante las próximas semanas. Alemania vive un boom de auto-espectáculos, ya sean conciertos, cines o incluso liturgias religiosas.

Index, por cierto, tiene previsto repetir el evento (el de la pasada semana fue el segundo, a 24€ el vehículo) el 9 de mayo. Aunque orientado a familias.

Expansión. No sólo se trata de Alemania. Hace algunos días, un cantante danés, Mads Langer, ofreció un concierto para 500 personas a las afueras de Aarhus, la segunda ciudad de Dinamarca. Todas ellas asistieron desde sus coches, en una enorme explanada habilitada para la ocasión. Las autoridades locales quedaron muy satisfechas con la experiencia, al reavivar la vida cultural sin contacto masivo.

¿Más coche? El coche ofrece una ventaja innegable en tiempos de distancia social: es un habitáculo cerrado que cercena todo contacto personal si es necesario. De ahí que los drive-in puedan disfrutar de un revival, al uso de los célebres cines de los años cincuenta y sesenta (de capa caída durante las últimas décadas). En países como Alemania, donde disfrutan de una posición cultural preferente, son una solución natural a las restricciones.

En las ciudades la batalla es muy distinta. Numerosos ayuntamientos están ampliando el espacio dedicado a peatones y bicicletas, en detrimento de las calzadas. Para fiestas y conciertos, sin embargo, parecen gozar de un repunte de popularidad.

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