¿Cómo salvar a Delhi de su distópica contaminación? Con filtros de aire de 100 metros de altura

El pasado mes de noviembre Delhi se convertía oficialmente en la ciudad más contaminada del planeta. Sus índices de calidad del aire superaron entonces barreras hasta entonces impensables en entornos urbanos, duplicando los niveles de la peor situación prevista por las agencias medioambientales. A pie de calle, respirar el aire de Delhi equivalía a fumarse más de de tabaco, una urgencia sanitaria que atestó los hospitales y paralizó parte de la megalópolis.

El pico alcanzado en noviembre no se ha repetido, pero Delhi sigue teniendo un problema gigantesco con la contaminación del aire. Tan grande, tan exagerado en sus efectos para la población, que parece brotar de un futuro distópico en el que los avances tecnológicos hipotecan la viabilidad de la especie urbana. Y dada la escala surreal del problema, hay quien ha optado por ofrecer soluciones igualmente distópicas. En concreto, filtros de 100 metros de altura capaces de generar aire limpio.

La idea surge de un estudio de Dubai, Znera, y ha sido recibida con cierto interés por la comunidad arquitectónica. Incluido en el pre-listado del World Architecture Festival, sección futuro experimental, el proyecto, bautizado The Smog Project, aspira idealmente a succionar las partículas nocivas que los habitantes de Delhi respiran a diario al tiempo que generando aire limpio desde las alturas. En esencia, son filtros descomunales con la forma de un rascacielos. Purificadores megalómanos.

De consumarse (algo harto improbable dado lo peregrino de su marco teórico y lo mastodóntico de sus supuestos), cada torre limpiaría alrededor de dos kilómetros cuadrados de espacio urbano, renovando la atmósfera de Delhi con 3.2 millones de metros cúbicos de aire limpio al día, vital para una población en permanente exposición a agentes contaminantes. Por lógica y por lo bestial de su enfoque, Delhi se viviría a la sombra de una red de torres tremebundas (y muy bonitas) que se repartirían a distancias equitativas a lo largo de su territorio.

La imagen resultante, renderizada por Znera de forma brillante, se asemeja más al futuro imaginado en Blade Runner 2049 que a cualquier ideal cívico planteado por los diseñadores urbanos de nuestro tiempo. Pero como expresa Najmus Chowdhry, indio y principal arquitecto del estudio autor del proyecto, la idea tiene una finalidad más reflexiva, ideológica, que práctica. ¿Si se requieren de ideas tan espectaculares y grandilocuentes para paliar la contaminación de Delhi, no hemos llevado el problema demasiado lejos? En resumen, es una vistosa llamada de atención.

Pese a lo acuciante del problema, las autoridades de Delhi han optado por el habitual abanico de medidas paliativas ya experimentadas en otras ciudades. A saber, la segregación de los vehículos diésel más antiguos o la reducción del parque automovilístico diario a la mitad impidiendo la circulación de las matrículas pares o impares. Para Chowdhry, acertadamente, son parches que no lograrán revertir la bestial magnitud de la contaminación en Delhi.

A grandes males, grandes remedios

Si se requieren de medidas más ambiciosas, desde luego The Smog Project va por el buen camino. El propio estudio reconoce que su proyecto busca abrir una reflexión, y no tanto certificarse como algo real, pese a que sus fundamentos teóricos son solventes. A priori, la sección inferior de los filtros-rascacielos se dedicaría a capturar las partículas responsables del "smog", la neblina fruto de los agentes contaminantes expulsados por los vehículos y las fábricas en la periferia urbana. La sección superior, a cien metros de altura, emitiría aire limpio que caería a la superficie.

Antes y después de los filtros.

¿Cómo? Sirviéndose de diversas tecnologías de reciclado de partículas, ya puestas en práctica por algunos investigadores en la India con objeto de sacar algo de provecho (tinta) de la calamitosa situación atmosférica de sus grandes ciudades. A priori, las torres-filtro utilizarían hidrógeno como combustible para, a través de "complejas reacciones fotoquímicas" en las que jugarían un papel clave compuestos orgánicos volátiles o dióxido de sulfuro, crear aire limpio.

La idea no es nueva. La ha puesto en práctica con notable éxito Daan Roosegarde, diseñador holandés que lanzó hace ya casi tres años sus Smog Free Towers. Roosegarde inventó pequeñas estructuras de siete metros (al menos en comparación a las ideadas por Znera) capaces de captar las partículas contaminantes del aire y liberar otro más puro y libre de agentes nocivos. El proceso no sería muy distinto al de los purificadores de aire de los hospitales.

Roosegarde logró instalar una de sus torres en Rotterdam, y desde entonces ha expandido su particular proyecto a Cracovia y a un puñado de ciudades Chinas. Según explican las autoridades del gigante asiático, las torres de Roosegarde logran mejorar la calidad del aire un 55% en apenas 41 días. Es decir, funcionan, y sirven como espejo para The Smog Project a grandiosa escala. En Delhi, dada la gravedad de las circunstancias, conviene pensar a lo grande.

La torre de Roosegaarde en Rotterdam. (Bic/Commons)

Ante todo, lo que ambos proyectos revelan son los enormes obstáculos que separan al ser humano de reconciliarse con las consecuencias de su propio progreso. El mundo es un lugar tremendamente contaminado a causa de los avances económicos y tecnológicos, y ciudades como Delhi necesitan solventar la cuadratura del círculo: seguir creciendo sin que su propio crecimiento ponga en peligro su continuidad como espacio habitable a medio plazo. Quizá en el corto plazo no veamos rascacielos-filtro en los cielos de Delhi, pero sí soluciones igual de drásticas.

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