Carlos Ghosn, el ex CEO de Nissan que ha burlado el arresto domiciliario y ha ridiculizado a Japón

Como han indicado ya varios usuarios, es cuestión de tiempo que HBO o Netflix compren los derechos de adaptación de los últimos años en la vida del expresidente de Renault-Nissan-Mitsubishi Carlos Ghosn, cuya ficha de personaje acaba de ganar un montón de enteros gracias a su último periplo.

La fuga de Ghosn: el magnate, que cuenta con las nacionalidades libanesa, francesa y brasileña, se encontraba bajo arresto domiciliario en su casa de Tokio a la espera de un juicio por múltiples acusaciones de fraude y por las que podían caerle hasta 15 años. Había pagado el equivalente a 11 millones de euros para poder estar en libertad condicional en su casa y separado de su mujer, al parecer pieza importante de este asunto. Pese a que tenía vigilancia estatal fuera del edificio 24 horas, hace dos días se ha conocido que ahora está en Beirut, en el Líbano.

El hombre orquesta. Según la sucursal libanesa de MTV el empresario trazó un plan de lo más surrealista: un grupo de ex soldados de las fuerzas especiales de algún país del este se hicieron pasar por conjunto musical georgiano entrando en la mansión para, supuestamente, amenizar las fiestas. Después de dejar el tiempo prudente para un concierto habrían salido con Ghosn dentro del estuche de un contrabajo o algún otro instrumento de gran envergadura, sorteando después a los policías japonesas y por último tomando un jet privado con dirección a la capital libanesa.

Una salida limpia y “legal”: sin embargo el periódico Al-Joumhouriya y la cadena pública japonesa NHK cuentan otros hechos, aunque tanto estos como los libaneses dependen de las declaraciones de fuentes cercanas. Los abogados de Ghosn niegan una y otra vez la cooperación, pero de alguna forma el pasaporte del acusado, que estaba cerrado en una caja fuerte cuyo acceso sólo tenían sus juristas, acabó en sus manos. Sin saber cómo salió de la casa, fue a un aeropuerto regional de Japón, voló a Estambul y finalmente a Beirut, ciudad en la que creció y en la que cuenta con su propia residencia. Líbano ha confirmado que el empresario está en el país y no piensan hacer nada, ya que no tienen ningún acuerdo de extradición con Japón.

Su propio Ruiz-Mateos. Los nipónfilos entenderán rápidamente cómo de endiosado estaba este ejecutivo: Ghosn era uno de los pocos consejeros delegados extranjeros que recibía elogios reales por parte de los nativos. A “le cost killer” se le achaca hacer que Nissan pasase de la quiebra técnica en 1999 a ser una de las compañías más punteras de la nación, aunque por el camino hayan tenido que fusionarse y depender del Gobierno francés (vía su participación en Renault), adaptarse a fuertes reestructuraciones (es decir, recortes de personal y ruptura de lazos con empresas locales) y embarcar a la empresa en un culto a la personalidad.

Que coman pasteles: el grado de inmunidad que sentía el CEO debía ser tal que ni se le pasó por la cabeza años atrás que fuese a levantar ampollas la macrofiesta que le dedicó a la fiesta en honor de su segunda esposa en el Palacio de Versalles, cuyo presupuesto ahora se estudia haya sufragado la compañía. Es sólo parte de lo denunciado, como también lo son los más de 80 millones de dólares que habría infraestimado de sus salarios. Renault ha distribuido uno de los vídeos de Ghosn a su llegada al Líbano, en el que afirma "no me he fugado de la justicia, me he escapado de la injusticia y de la persecución política”.

Representantes del Ministerio de economía francesa han anunciado también que "si el señor Ghosn viene a Francia no lo extraditaremos porque Francia nunca extradita a sus nacionales”.

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